¿Sabes por qué se produce el hipo? Su relación con la alimentación
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CONTRACCIÓN DEL DIAFRAGMA

¿Sabes por qué se produce el hipo? Su relación con la alimentación

Es una reacción imprevista e incontrolada de nuestro cuerpo que, en general, carece de gravedad alguna, pero que es muy molesta. Y la sufren cada día millones de personas

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¿Quién no ha tenido nunca un ataque de hipo? A pesar de su incomodidad y lo brusco e inesperado de su llegada, lo cierto es que el hipo es una de las reacciones del cuerpo humano a las que estamos más acostumbrados. Como muchos de vosotros ya sabréis, se trata de una contracción sincrónica e involuntaria de los músculos intercostales y el diafragma, situado entre las cavidades pectoral y abdominal y con un papel fundamental en nuestro sistema respiratorio. Estos espasmos provocan una repentina inspiración de aire, que va seguida del cierre de la glotis, que es la abertura entre las cuerdas vocales que se encarga de detener el flujo de aire a los pulmones, motivo por el cual el hipo suele ir acompañado de un sonido muy característico y peculiar.

Normalmente, solemos enfrentarnos a un trastorno pasajero y benigno que apenas dura unos minutos y que, a veces, desaparece por sí solo. Y es que el hipo no puede ser considerado una dolencia médica, sino más bien un síntoma que también puede provocar tensión en el abdomen, el pecho o la garganta.

De hecho, según su duración, la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) clasifica el hipo en tres tipos. El primero, el hipo agudo, es el más común y dura menos de 48 horas. El hipo persistente, como su propio nombre indica, puede prolongarse hasta un mes. Mientras que el hipo intratable puede superar los dos meses sin solución aparente. Bajo esta premisa, ¿qué causas hay detrás de este trastorno?

El hipo y la alimentación

Foto: iStock.
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Si hay un aspecto de nuestra vida que tiene un vínculo especial con este problema es la alimentación, pues es uno de los detonantes más frecuentes. Aunque el hipo puede comenzar sin causa aparente, lo normal es que exista algún factor que irrite o altere el funcionamiento normal del diafragma como, por ejemplo, comer alimentos demasiado calientes o picantes, abusar de las bebidas con gas, el alcohol o los refrescos, comer muy rápido o en exceso, o la presencia continuada en la dieta de alimentos o sustancias que pueden perjudicar el estómago y el tracto respiratorio. Por lo tanto, si tenéis una tendencia especial a sufrir ataques de hipo, lo mejor es controlar los elementos que acabamos de enumerar, aunque son muchas las causas que también pueden detonarlos.

La alimentación es uno de los detonantes del hipo, como el estrés o el nerviosismo

Así, las situaciones de estrés, miedo, nerviosismo o excitación pueden igualmente actuar como desencadenantes de este trastorno. Al igual que los cambios bruscos de temperatura y el consumo de algunos medicamentos -sobre todo antidepresivos, antiinflamatorios no esteroideos y algunos sedantes y antibióticos-. Además, al tratarse de una respuesta de nuestro cuerpo ante un estímulo, es posible que detrás se encuentre alguna enfermedad o síntoma de mayor importancia. Es el caso de la laringitis, el reflujo gastroesofágico, la meningitis, la hernia de hiato, la neumonía, la diabetes o el asma, entre otras afecciones metabólicas, del sistema nervioso central o irritaciones del estómago y la garganta.

Tal y como hemos dicho anteriormente, lo natural es que el hipo desaparezca en cuestión de minutos, pero si persiste en el tiempo y con una virulencia fuera de lo normal, lo mejor es acudir a un profesional de la salud para que identifique la causa y pueda poner remedio al problema. ¿Cómo podemos actuar nosotros para que el hipo desaparezca?

Remedios para detener los ataques de hipo

Seguramente, la mayoría de personas recurren a los métodos tradicionales para eliminar el hipo, entre los que destacan aguantar la respiración, beber agua lentamente y a pequeños tragos, respirar profundamente en una bolsa de papel, tirar de la lengua hacia fuera, intentar ponerse bizco o estimular las náuseas. Estos remedios caseros se han convertido con el paso de los años en el recurso más frecuente pues, al parecer, fomentan el nervio vago o elevan el nivel de dióxido de carbono en la sangre, que cortan de raíz el hipo. Sin embargo, ninguno de ellos ha sido demostrado científicamente, aunque funcionen en la mayoría de ocasiones.

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En términos más 'profesionales', el Colegio Oficial de Farmacéuticos aconseja desde su portal oficial tres niveles de actuación distintos:

  • Diafragma. Al ser el foco del problema, centrarse directamente en el diafragma puede ser de gran ayuda. Este organismo nos aconseja tumbarnos en el suelo y llevar las rodillas hasta el pecho, manteniendo esta posición durante unos minutos. Otra opción es agacharnos hacia delante e intentar tocar los pies con las manos. De esta forma, se comprime el pecho y podemos aliviar las contracciones.
  • Respiración. “En algunas fuentes se habla de una bajada del dióxido de carbono en sangre como posible causa del hipo, algo que se puede solucionar con diversos ejercicios de respiración”, explica el Colegio Oficial de Farmacéuticos. Además de aguantar la respiración unos segundos, un truco para que el hipo desaparezca es respirar hondo y presionar el espacio situado debajo de las costillas.
  • Distracción. Por otro lado, “si nos olvidamos del hipo, probablemente desaparezca solo”, añade. De esta premisa nace el truco del susto, que dirige nuestra atención a otro estímulo, entrando en un estado de alerta y relajando después el diafragma.
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