Colitis ulcerosa, un sumidero por el que se escapan los nutrientes
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Colitis ulcerosa, un sumidero por el que se escapan los nutrientes

Las enfermedades inflamatorias intestinales merman la calidad de vida de los afectados, sobre todo jóvenes en pleno desarrollo físico y laboral. La dieta debe compensar el desgaste de la inflamación y la pérdida de proteínas

Foto: Foto: Unsplash/@kateboss5000.
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No son enfermedades que comprometan la supervivencia de los afectados pero sí complican, y mucho, su calidad de vida. Los que las sufren tienen que aprender a lidiar con los síntomas y a prevenir las consecuencias que acarrea la inflamación crónica del intestino. Hablamos de la colitis ulcerosa y de la enfermedad de Crohn, englobadas bajo el nombre de enfermedad inflamatoria intestinal (EII) y que sufren, por ahora, más de 100.000 personas en España.

Pero el problema va a más. El doctor Xavier Aldeguer, jefe del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Josep Trueta, en Girona, confirma que “la incidencia aumenta en los países desarrollados”, sin que se conozca bien por qué, pero “está claro que se debe a un estilo de vida más occidentalizado, con dietas pobres en vegetales y con más higiene (con la que hemos limitado mucho nuestro sistema inmunológico), unos factores que llevan a que en individuos con una predisposición genética, y en un determinado momento, su sistema inmunitario intestinal se desequilibre y cause esa inflamación”.

Los fármacos biológicos han reducido al 12% los enfermos que necesitan cirugía, una cifra impensable hace pocos años

El lado bueno es que el tratamiento farmacológico de estas enfermedades ha mejorado mucho, especialmente desde la llegada de los medicamentos biológicos -anticuerpos monoclonales que bloquean proteínas o sustancias inflamatorias específicas-, que han logrado “reducir al 12% la cifra de afectados que necesita cirugía para reparar el daño intestinal, un dato que era impensable hace dos décadas”, dice el digestólogo. Estos fármacos, junto con los antiinflamatorios para los momentos agudos (corticoides) y los inmunomoduladores, “han mejorado la clínica y la calidad de vida de los enfermos”.

La dieta como dique de contención

Otra pata del control de las EII es la alimentación, que debe asegurar el aporte nutritivo necesario. Aldeguer advierte de que cuando el Crohn y la colitis ulcerosa están en plena actividad “convierten al organismo en un colador por que el que pasan y se pierden los nutrientes -sobre todo proteínas por las heces- a consecuencia de una mayor permeabilidad intestinal”. Además, mantener la inflamación continuada también supone un desgaste para el organismo. Por tanto, insiste el especialista, “hay que asegurar un aporte nutritivo en todo momento, porque los pacientes pierden peso y masa muscular”.

Doctor Xavier Aldeguer.
Doctor Xavier Aldeguer.

No hay una dieta concreta para la enfermedad inflamatoria intestinal, y en las épocas normales debe prevalecer “la dieta variada y de tipo mediterráneo”. Ahora bien, durante los brotes “hay que ir a una alimentación astrigente y pobre en fibra para reducir las deposiciones”.

La importancia de la alimentación en la EII y la implicación de la microbiota en el mantenimiento de la inmunidad llevan a conjeturar sobre la posibilidad de influir en su curso a través de la dieta. “De momento, los conocimientos no nos permiten dar directrices firmes en este sentido”, confirma el experto, aunque añade: “Sí puedo pensar en un horizonte en el que, quizá, pueda haber una intervención dietética más específica. Hay datos que apuntan, en algunos casos específicos, hacia la modulación de la microbiota”, pero aún es prematuro hacer este planteamiento. “Lo que tiene que estar claro es asegurar el aporte nutritivo y una dieta de tipo mediterráneo variada, con carne y pescado y con verduras”, insiste.

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En la colitis ulcerosa, los medicamentos y la dieta pueden llevar a largos periodos de calma, libres de brotes, hasta el punto de que “pensamos en una remisión profunda”, pero “nunca podemos dar el diagnóstico de curación, ya que hay pacientes que después de 15 o 20 años sin recordar que tenían la enfermedad han vuelto a tenerla”. Las épocas más críticas coinciden con la aparición de la enfermedad -en edades comprendidas entre 15 y 30 años, en plena etapa de crecimiento intelectual y laboral- y después en pacientes mayores, pero cuando se estabiliza, los controles se espacian.

¿Protegidos frente a covid-19?

La pandemia de covid-19 está desvelando aspectos ‘positivos’ de la EII, como que puede tener un efecto ‘atenuante’ de la enfermedad por coronavirus. El doctor Aldeguer explica: “Los receptores a los que se une el SARS-CoV-2 para entrar en el organismo tienen su concentración más alta en el intestino, no en el pulmón, pero la barrera gástrica y los jugos intestinales juegan un papel importantísimo para inactivar el virus”. Que el coronavirus llega al intestino lo demuestra que un tercio de los enfermos de covid-19 tiene diarreas y que se encuentra material vírico en las heces hasta 10 días después de desaparecer los síntomas respiratorios.

Foto: Unsplash/@enginakyurt.
Foto: Unsplash/@enginakyurt.

“En las personas con colitis ulcerosa o enfermedad de Crohn que tienen covid-19, los medicamentos biológicos parece que reducen el número de receptores para el virus, y esto explicaría por qué tienen una tendencia más baja a desarrollar cuadros pulmonares graves”, un dato que, al menos, es tranquilizador.

El doctor Aldeguer se manifiesta abiertamente satisfecho con los grandes progresos que han ocurrido en la enfermedades inflamatorias intestinales -hace poco más de dos meses, Alimente informaba del hallazgo del mecanismos genéticos implicados en la colitis ulcerosa y el Crohn-, pero subraya que no es suficiente y hay que seguir avanzando, sobre todo "en visibilizar la enfermedad, y promover conductas laborales y sociales que faciliten el acceso al baño las veces que lo necesiten", porque como dice la campaña en la que él ha participado activamente: ¡No puedo esperar!

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