Puedes tener fibrilación auricular, la enfermedad cardiaca más común
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Puedes tener fibrilación auricular, la enfermedad cardiaca más común

Se trata de un latido caótico de las cavidades más pequeñas de nuestro corazón. Sus síntomas son muy desagradables y aumenta mucho el riesgo de ictus. Además, de ser ese el caso, sus secuelas son mucho mayores

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El corazón es una máquina asombrosa. Si nos hablasen de un aparato que no ha parado de funcionar ni un solo momento desde 1940, con un mantenimiento mínimo y que no ha necesitado en ningún momento una reparación, estaríamos asombrados. Pues eso es lo que hace el corazón de los españoles más mayores. De todos modos, también es el ingenio corporal que más se avería de forma peligrosa. Dicho de otro modo: las enfermedades del sistema cardiovascular son la principal causa de muerte en el mundo. Sí, el órgano perfecto también acaba notando el paso del tiempo, y de qué manera.

Mantener nuestra salud cardiaca lleva siendo desde hace ya unas cuantas décadas uno de los primeros objetivos de la ciencia médica. Es por esto que el control del colesterol es una de las pruebas diagnósticas más comunes hoy en día, y no son escasas las recomendaciones (por contradictorias que puedan llegar a ser) sobre qué debemos comer y qué no para mantenerlo en perfectas condiciones la mayor cantidad de tiempo posible.

"Uno de cada cuatro ictus ocurre en pacientes con fibrilación auricular, y las secuelas son mayores en estos casos"

Desde hace ya unos cuantos años, la medicina se ha centrado, sobre todo, en detectar los pequeños problemas lo antes posible. De este modo lo que conseguimos es remediar o empezar a tratar precozmente esas complicaciones de salud que, en un periodo de tiempo no demasiado extenso, pueden poner en riesgo nuestro bienestar e incluso nuestra vida. Ejemplo de esto son las mamografías periódicas, las colonoscopias o los anteriormente mencionados análisis de sangre para detectar el colesterol elevado.

Pero una de las primeras señales que nos da nuestro corazón de que no está tan contento como a todos nos gustaría es la llamada fibrilación auricular. Se trata de la arritmia cardiaca más común. Según explican desde la estadounidense Clínica Mayo, es la "frecuencia cardiaca acelerada e irregular que puede aumentar el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular, insuficiencia cardiaca y otras complicaciones relacionadas con el corazón". Puede presentarse tanto de forma esporádica como continua. Esta última es la que más riesgo conlleva para nuestra salud y necesita atención médica.

Qué es

Nuestro corazón, a grandes rasgos, se compone de cuatro cavidades; las superiores y de menor tamaño son llamadas aurículas, y las inferiores y más grandes son los conocidos como ventrículos. Las aurículas (también llamados atrios) reciben sangre a baja presión. La derecha almacena y manda al ventrículo derecho sangre sin oxigenar procedente de la vena cava (que es mandada por el ventrículo en dirección a los pulmones) y la izquierda recibe sangre a baja presión del sistema respiratorio y la manda al ventrículo izquierdo para que la envíe a todo el organismo. Ese (a muy grandes rasgos) es el funcionamiento de nuestro corazón.

Foto: iStock.
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El principal problema es que con una media de 70 ciclos completos por minuto es un proceso que se debe llevar a cabo con perfecta sincronización. Si los ventrículos laten sin que las aurículas hayan cumplido con su cometido (y por tanto estén vacíos o solo a 'medio llenar'), tenemos un problema serio. Esto es conocido como arritmia. La más común, como decíamos, es la fibrilación auricular, en la que estas cavidades laten de forma caótica y sus síntomas principales son "palpitaciones, dificultad para respirar y debilidad", describen desde la Clínica Mayo.

Como señala a Alimente el doctor Pablo Ramos, cardiólogo de la Clínica Universidad de Navarra, existen arritmias auriculares de diferentes tipos: las que son continuas y las que aparecen y desaparecen en el tiempo. Las segundas, aunque parezcan más inofensivas, pueden ser peligrosísimas porque "son más difíciles de detectar, pues pueden no aparecer en las pruebas rutinarias". Además, la fibrilación auricular puede ser asintomática, lo que la hace peligrosa: "Este es uno de los principales problemas. Se suele diagnosticar a raíz de que el paciente haya experimentado una de las consecuencias de la arritmia, como un ictus", afirma el doctor.

Para identificar en un primer momento (y poder ser así conscientes de que deberíamos acudir al médico) la aparición de la enfermedad, deberemos saber a qué prestar atención. El doctor Pablo Ramos aclara que "el síntoma más común son las palpitaciones, aunque también se puede dar cansancio, falta de aire y mareos".

Relevancia europea (y española)

Ha llegado, por desgracia, el momento de asustarnos: la fibrilación auricular es una de las enfermedades cardiacas más comunes. Se calcula que en toda la Unión Europea, en el año 2030, habrá entre 14 y 17 millones de personas que la padezcan. Por poner esa cifra en contexto, sería como si el total de la población de los Países Bajos la padeciera. Y no solo eso, sino que además entre 120.000 y 215.000 personas serán diagnosticadas cada año. Una auténtica barbaridad.

En un artículo científico elaborado por los investigadores Juan José Gómez Doblas, Miguel Antonio López Garrido, Iris Esteve Ruiz y Gonzalo Barón Esquivias, del Hospital Universitario Virgen de la Victoria de Málaga y del Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla y publicado en la 'Revista Española de Cardiología', se calcula que en España hay una prevalencia de más del 4% del total de la población de 40 años de edad o más. Además, aseguran los investigadores, "se ha incrementado con el tiempo. Probablemente por el envejecimiento de la población, el aumento de los factores de riesgo cardiovascular y la mejora de la supervivencia a enfermedades cardiovasculares". Aunque también (y esto es una buena noticia) apuntan a que se puede deber, en parte a "la disponibilidad de mejores herramientas diagnósticas para su detección".

Estos números, aunque puedan parecer comedidos, representan aproximadamente a 1.877.000 españoles enfermos del corazón en este preciso momento, una auténtica barbaridad. De hecho, se calcula que en algún momento de sus vidas uno de cada cuatro ciudadanos europeos o estadounidenses desarrollará la enfermedad.

El futuro del diagnóstico

"Una evaluación de riesgos detallada nos permitirá establecer diagnósticos precoces e intervenciones (como cambios en el estilo de vida del paciente o el uso de medicación), que cumpla una función preventiva, antes de que el problema sea demasiado serio", anticipa el profesor del Aarhus University Hospital de Dinamarca Jens Cosedis Nielsen, que acaba de publicar un trabajo científico sobre los riesgos y el diagnóstico de esta terrible enfermedad. Y continúa: "Para obtener las respuestas correctas, debemos usar todas las herramientas que han probado ser precisas a la hora de predecir la condición cardiaca".

A lo que se refiere el profesor es que la estadística (de la que el escritor estadounidense Mark Twain no era un gran fan, pues popularizó la cita: "Hay tres tipos de mentiras: mentiras, malditas mentiras y estadística") nos dice que la probabilidad de desarrollar fibrilación auricular aumenta con la edad, la presión sanguínea, la obesidad, la diabetes y los antecedentes de ataques al corazón. Detectando estos factores de riesgo y promoviendo el cambio del estilo de vida de quienes los presenten (como motivar la pérdida de peso o la reducción del consumo alcohólico), se podría prevenir la aparición de la fibrilación auricular o, al menos, retrasar su aparición.

Todo esto puede parecer una simple yuxtaposición de datos estadísticos, pero como recuerda el investigador: "Los accidentes cerebrovasculares son una de las peores cosas que pueden pasar, y alrededor de uno de cada cuatro ocurren en personas que sufren de fibrilación auricular. Además, los ictus debidos a esta condición cardiaca tienen más repercusiones que los que son producidos por otras causas. Con una buena evaluación de riesgos podemos evitar accidentes cerebrovasculares completamente innecesarios".

La aparición de estos coágulos en los vasos sanguíneos de nuestro cerebro pueden ser, según señala el doctor Pablo Ramos, "consecuencia directa de la taquicardia irregular que afecta a las aurículas, pues produce que la sangre reduzca su velocidad al pasar por estas cavidades, lo que puede formar trombos que acaben en el cerebro".

Es por esto que el grupo de 52 investigadores que firman el estudio han hecho un gran hincapié en las nuevas tecnologías que pueden ayudarnos a detectar la fibrilaciones auriculares antes de que estas se conviertan en un problema muy serio. En concreto recalcan el incalculable valor que podrían tener las tecnologías 'wearables' (como los relojes inteligentes). Como ellos mismos aclaran, hay evidencias de que estos productos pueden ayudar a detectar la fibrilación auricular, aunque la precisión varía. En palabras del profesor Jens Cosedis Nielsen: "Todavía tenemos un problema con los falsos positivos, en los que los dispositivos afirman que el paciente tiene fibrilación arterial cuando eso no es cierto". Por esta razón, el autor principal del estudio se cura en salud y concluye que "aunque los 'wearables' pueden ser de gran utilidad en el futuro, a día de hoy no tienen una utilidad definitiva en la valoración de riesgos".

Estamos en un punto en el que 'el futuro' llega a nuestro día a día, pero es ahora cuando debemos ser críticos y aprender a diferenciar la paja de los que tienen utilidad de verdad. De todos modos, como expone el doctor Pablo Ramos, la investigación actual para ponerle freno a la fibrilación auricular se está centrando en 3 frentes: "El primero es el diagnóstico precoz para identificar los casos asintomáticos (en lo que los relojes inteligentes podrían tener un papel destacado en el futuro); los nuevos tratamientos farmacológicos con antiarrítmicos que pudieran reducir la necesidad de otros medicamentos como el Sintrom para evitar algunos casos de accidente cardiovascular y, sobre todo, el desarrollo de tratamientos directos como la ablación con catéter".

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