El superfármaco adelgazante que cura la diabetes y el hígado graso
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El superfármaco adelgazante que cura la diabetes y el hígado graso

La obesidad es una de las mayores pandemias del siglo XXI y las alteraciones metabólicas que acarrea matan a millones de personas cada año. Los investigadores trabajan en el desarrollo de un medicamento para revertir varios problemas

Foto: Foto: Unsplash/@b_g.
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La pandemia por covid-19 no ha decaído pero sí ha dejado de ser 'la única', devolviendo así la visibilidad a otras que ya estaban antes de que irrumpiera en tromba el Sars-CoV-2, como son obesidad, diabetes, hipertensión o hígado graso.

No es una novedad insistir en que la obesidad es, en buena medida, el origen de los otros grandes problemas metabólicos, cuyo control pasa, inevitablemente, por reducir el excedente de kilos. Lo deseable es mantener un peso adecuado a través de una dieta saludable y evitando el sedentarismo, una combinación con la que se previenen enfermedades que cuando aparecen ya se quedan para siempre.

La enfermedad hepática está alcanzando cifras alarmantes y se prevé un fuerte impacto en personas jóvenes

La diabetes es uno de esos problemas que van en aumento. En el mundo ya hay más de 422 millones de personas que la padecen, y en España, el 13,8% de la población adulta tiene diabetes -aunque la mitad no lo sabe- y otro 12% tiene prediabetes, según recoge el estudio Di@bet.es, impulsado por el Centro de Investigación Biomédica en Red de Diabetes y Enfermedades Metabólicas (Ciberdem). El saldo es preocupante y justifica todos los esfuerzos destinados a desentrañar cómo se desarrolla esta alteración metabólica para poder tratarla mejor.

Enemigo silencioso

Una de las consecuencias de la diabetes es el hígado graso no alcohólico (esteatosis hepática), que sufre el 20% de la población adulta. Normalmente no produce síntomas, por lo que se detecta en fases 1 o 2, y aunque no reviste complicaciones, en algunas personas se hace necesario trasplantar el órgano. La prioridad es frenar su avance, sobre todo por “las alarmantes cifras que está alcanzado esta enfermedad que, en sus estadios más avanzados, causa fibrosis, cirrosis y, en algunos casos, carcinoma hepatocelular”, describe Ángela Martínez Valverde, del Instituto de Investigaciones Biomédicas Alberto Sols (CSIC-UAM) con el agravante añadido de “su previsible impacto creciente en población cada vez más joven”.

Foto: iStock.
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La estrategia se basa en “avanzar en el conocimiento de los mecanismos moleculares de la enfermedad e identificar dianas y/o procesos biológicos que puedan servir para el diseño de fármacos”, añade la investigadora. Y esto es lo que hace su equipo; concretamente, está centrado en la inflamación como el proceso que favorece el tránsito de esteatosis hepática (benigna y reversible) a esteatohepatitis, una enfermedad más avanzada.

Pero no está todo perdido. El grupo de Martínez ha comprobado que un medicamento experimental logra revertir la forma grave de la enfermedad de hígado graso, el estado de obesidad y la resistencia a la insulina, “lo que abre buenas perspectivas en el tratamiento de esta patología”, subraya la científica, que ha presentado esta línea de trabajo en el congreso virtual que ha celebrado esta misma semana la Sociedad Española de Diabetes (SED).

“Este fármaco ejerce un efecto directo sobre el páncreas aumentando la secreción de insulina, por lo que en principio sería también adecuado para personas con diabetes”, explica Martínez a Alimente. Sin embargo, “lo más prometedor es su capacidad de reducir la adiposidad y el peso corporal y desencadenar una comunicación intertisular que lleva a la reversión de la obesidad y la resistencia a la insulina”, resalta. Un beneficio más: el fármaco tiene “unos efectos extraordinariamente beneficiosos en esteatohepatitis no alcohólica” en ausencia de obesidad.

Los peores alimentos

Las bondades del nuevo medicamento se han encontrado, de momento, en animales de experimentación (ratones), pero es incuestionable que se trata de un gran paso. En lo que las promesas farmacológicas se materialicen, la medicina más eficaz es la prevención, sobre todo de la obesidad. “Es cierto que hay personas delgadas con hígado graso -admite la científica-, pero en líneas generales es una enfermedad de sujetos obesos”.

El papel de la dieta en este trastorno es fundamental, ya que “el exceso de hidratos de carbono -como son los alimentos y bebidas ricos en fructosa- se metabolizan en el hígado generando grasa. Igualmente, las dietas altas en grasa incrementan el flujo de ácidos grasos al hígado y agravan problema”.

Así pues, y teniendo en cuenta que los especialistas en nutrición no hablan de alimentos aislados sino de la dieta en conjunto, la investigadora señala como especialmente dañinos para el hígado graso no alcohólico “los alimentos de alto contenido en fructosa y grasas saturadas”.

Buenos para el hígado

Foto: Unsplash/@ikredenets.
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Además de estas recomendaciones dietéticas, también ayudan a perder grasa del hígado:

  • Grasas monoinsaturadas: aceite de oliva, aguacates y nueces.
  • Té verde: las catequinas (antioxidantes) del té verde disminuyen la grasa hepática y la inflamación en personas con hígado graso no alcohólico.
  • Fibra soluble: consumir de 10 a 14 gramos de fibra soluble al día puede ayudar a reducir la grasa en el hígado, disminuir los niveles de enzimas hepáticas y aumentar la sensibilidad a la insulina.

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