Los peligros (presentes y futuros) que tiene la leche cruda
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un riesgo severo

Los peligros (presentes y futuros) que tiene la leche cruda

Científicos de la Universidad de California en Davis han descubierto que este producto favorece la proliferación de las bacterias resistentes a los antibióticos, el mayor desafío al que se enfrenta la ciencia médica hoy en día

Foto: Foto: Unsplash/@meguminachev.
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Para todo avance que ha realizado el ser humano en nuestros milenios de cultura y civilización, ha habido alguien a quien le ha parecido completamente horrible y ha pensado que cualquier tiempo anterior fue mejor. Tal vez, en algunos ámbitos, esto pueda ser verdad, pero quienes lo hacen tienden a obviar determinados 'inconvenientes' del pasado, como la viruela, el hambre, la mortalidad infantil o tardar semanas en hacer llegar un mensaje a otro punto de España. Ahora, entre aquellos que abogan por la regresión a tiempos y costumbres anteriores, destacan los defensores de la leche cruda.

"Lo natural siempre es mejor", es uno de sus reclamos. Parecen ignorar, una vez más, que también son 'naturales' las infecciones del tracto digestivo, el ébola o los terremotos. La verdad es que la leche, según sale de la ubre de una vaca, oveja o cabra puede contener microorganismos patógenos. De hecho, eso no es solo una posibilidad, sino una seguridad. Es por esto que, desde hace siglos, aquellos que consumen el lácteo primordial han utilizado técnicas que le arrebataban la capacidad de ser dañino para nuestra salud. Uno de estos procesos, el más habitual hasta mediados del siglo XIX, era hervir la leche. Esta aplicación severa de calor la convertía, en un santiamén, en 'segura'.

"Al beber leche cruda, podrías estar inundando tu tracto gastrointestinal con genes de resistencia antibiótica"

Pero entonces (aunque está discutido si el descubrimiento fue en realidad alemán y anterior) llegó el químico francés Louis Pasteur, que junto a su colega de laboratorio Claude Bernard descubrieron el 20 de abril de 1864 que los tratamientos térmicos con temperaturas menores a los 100 grados (80ºC por lo general) también son capaces de reducir sobremanera la presencia y peligro de los organismos microscópicos que contienen. A raíz del nombre del científico, este proceso se conoce como pasteurización y ha conseguido que, en los últimos 154 años, podamos comprar leche en cualquier tienda y nos la bebamos sin temor a que nos ocurra nada malo (a no ser que seamos intolerantes o alérgicos). Por si eso fuera poco, el proceso de pasteurización alarga la cantidad de tiempo que el alimento puede durar en los lineales de los supermercados (o siendo transportado o en nuestra nevera). Esto supone un gran beneficio, tanto para el productor como para el consumidor.

Además, el proceso de pasteurización no mata todas y cada una de las bacterias de la leche, con lo que sigue pudiendo utilizarse para elaborar alimentos probióticos como el yogur o el kéfir.

Foto: Unsplash/@mehrshadr.
Foto: Unsplash/@mehrshadr.

Pero la leche cruda es una historia completamente diferente. Es el producto, como decíamos, que sale directamente de la ubre del mamífero. La presencia de microorganismos es elevada y muchos de ellos son patógenos. Cuantos más hay, más rápido se reproducen. Esto no solo provoca que la leche se ponga mala mucho más rápido, sino que pueda representar un potencial peligro para nuestra salud. Pero ahora, un grupo de investigadores de la Universidad de California en Davis ha elaborado un trabajo científico en el que se detalla cómo la leche cruda no representa solo un riesgo para nuestro bienestar, sino también para el de las generaciones futuras, dado que aumenta la resistencia bacteriana.

Esta es la capacidad que tienen las bacterias para adaptarse a los antibióticos. Dicho de otro modo, su principal mecanismo de defensa. Las bacterias son capaces de transmitirse información genética entre ellas, con lo que si una tiene un 'código' de ADN beneficioso, como la resistencia a la penicilina, es capaz de 'enseñar' a aquellas con las que entra en contacto a adoptar esta resistencia también. Hoy en día, a pesar de que nos encontremos todavía con la epidemia de covid-19, la resistencia microbiana es el mayor problema al que se enfrenta la ciencia médica.

Foto: Unsplash/@jagodakondratiuk
Foto: Unsplash/@jagodakondratiuk

Cada día más bacterias son capaces de sobrevivir a los antibióticos de los que disponemos, y la progresión de esa resistencia se va acelerando mientras que la invención de modernos y efectivos antibióticos es cada vez más lenta. Esto supone un gran problema dado que enfermedades que a día de hoy son completamente curables, tal vez en 5 años vuelvan a ser mortales como a finales del siglo XIX. Cualquier proceso que aumente la velocidad a la que este fenómeno tiene lugar es negativo y después del descubrimiento de los investigadores de la Universidad de California, más. "No pretendemos asustar a la gente, queremos enseñarles. Si quieres seguir bebiendo leche cruda, mantenla siempre en la nevera y consúmela rápido para minimizar el riesgo de que desarrolle bacterias con genes que le confieran la propiedad de resistencia a los antibióticos", explica el profesor Jinxin Liu, el autor principal del estudio.

Hay que tener en cuenta que, en Estados Unidos, alrededor del 3% de la población consume leche cruda. Una de las principales razones de que esto ocurre es que, supuestamente, este producto contiene una gran cantidad de bacterias beneficiosas, mientras que la que ha sido pasteurizada no. Pero el profesor Liu desmiente esto: "Dos cosas nos sorprendieron. La primera es que no encontramos una gran abundancia de bacterias beneficiosas. La segunda es que si se deja durante cortos periodos de tiempo a temperatura ambiente, el número de patógenos resistentes a los antibióticos aumenta dramáticamente". Esto tiene una relevancia enorme, dado que cada año, según datos del Center for Disease Control and Prevention (CDC) de Estados Unidos, 3 millones de estadounidenses contraen infecciones resistentes a los antibióticos y 35.000 mueren por los efectos de esos patógenos.

Foto: ¿Te la beberías? (iStock)

Para realizar su investigación, los científicos experimentaron con 2.000 cartones de leche provenientes de cinco estados. Descubrieron que cualquier pequeño cambio (hacia arriba) en la temperatura de los productos lácteos aumentaba drásticamente la cantidad de patógenos resistentes a los antibióticos". "El problema no es que se vaya a pudrir, sino que supone un gran riesgo si no se tiene cuidado", subraya Michele Jay-Russell, una coautora del estudio. A su vez, su compañero David Mills comenta que "al beberla, podrías estar inundando tu tracto gastrointestinal con genes de resistencia antibiótica. Por desgracia ya no vivimos en un mundo en el que los antibióticos son siempre efectivos. Debemos hacer todo lo posible para evitar que esos genes entren en contacto con nosotros".

Como decíamos, la resistencia a los antibióticos de algunos microorganismos, conocidos como 'superbacterias', es uno de los mayores retos a los que nos enfrentamos como especie, y facilitar su expansión a cambio de absolutamente nada no parece la opción más sabia.

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