La cerveza fresca puede deshidratarnos. ¿Verdad o mentira?
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La cerveza fresca puede deshidratarnos. ¿Verdad o mentira?

Es un obligado en la época estival. Una caña bien tirada y fresquita es capaz de reducir nuestra temperatura corporal. Pero aunque no lo parezca, al rato de bebérnosla acabaremos con menos líquido que antes. ¿Cómo puede ser?

Foto: Foto: iStock.
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Ha llegado ese momento del año en el que la mayor noticia que podemos ver en el telediario es que hace calor: "En Sevilla hoy alcanzarán los 42 grados. Es la mayor ola de calor que se recuerda desde la semana pasada". Bueno, tal vez esto último no lo dicen, pero siempre es notable. Sí, en España, sobre todo en el sur, en verano hace calor. Es una de las cosas que tiene. Al menos, las televisiones se encargan de proporcionar consejos a la población, que, aunque parezcan de sentido común, mucha gente luego no los pone en práctica y llegan a urgencias con una insolación de tres pares de narices. Beber muchos líquidos, refrescarnos con agua, estar a la sombra, llevar ropa que nos proteja del sol como sombreros y gorras... Otro de los consejos que dan, y que a primera vista parece ser una contradicción en sí mismo, es que se desaconseja encarecidamente el consumo de bebidas alcohólicas, incluso si se trata de una cerveza fresquita. La pregunta es inevitable: ¿la cerveza deshidrata?

Termómetro en Ciudad Real este verano. (EFE)
Termómetro en Ciudad Real este verano. (EFE)

La respuesta es , y mucho. Para empezar, todo depende de con qué la acompañemos y de lo que ya hayamos ingerido antes. Nuestro organismo es una máquina prácticamente perfecta, capaz de hacer frente a auténticos venenos (y el alcohol es uno). Pero vamos por partes.

Si bebes con el estómago vacío

La única diferencia que esto supone es la velocidad a la que el alcohol traspasa la barrera intestinal. Cuanto más diluido y más mezclado esté, pues mejor. Si no hemos ingerido absolutamente nada, el 100% del trabajo que hace la barrera intestinal estará dedicado a absorber alcohol, proceso que solo le costará escasos minutos llevar a cabo.

A continuación, todo ese etanol entra en nuestro torrente sanguíneo, lo que produce una amplia serie de reacciones químicas que pueden poner patas arriba nuestro organismo. Para empezar, actúa sobre nuestro cerebro, produciendo los más que conocidos síntomas de la embriaguez. Después, entra en nuestros pulmones, por donde eliminamos una gran cantidad debido a la evaporación (el punto de ebullición es menor que el del agua, con lo que a la misma temperatura se evapora más). Es esto lo que detecta la Guardia Civil en los controles de alcoholemia cuando nos hacen 'soplar'.

La metabolización

Por supuesto, nuestro cuerpo quiere procesar cuanto antes ese veneno que se está apoderando de nosotros. Para ello recurre al hígado, que segrega moléculas llamadas enzimas, para romper el alcohol y eliminarlo. Este proceso produce una sustancia llamada acetaldehído, la verdadera culpable de la resaca, que se elimina a través de la orina (lo que aumenta el trabajo y el flujo de líquido que pasa por los riñones). Además, este proceso aumenta la cantidad de vasopresina, una hormona antidiurética. Dicho de otro modo, es una molécula que hace que nuestro cuerpo se resista más de lo normal a dejar escapar el agua. En el momento en el que la reducimos, la cantidad de líquido que pasa principalmente a nuestros riñones para ser convertido en orina aumenta, y mucho.

Foto: iStock.
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Toda esta pérdida de agua, provocada por la necesidad de nuestro organismo de 'limpiarse', es lo que provoca la deshidratación. Si bien es cierto que sus síntomas se ven reducidos si, a la vez que bebemos cerveza, comemos y bebemos agua, su efecto sigue siendo notable en cualquier caso.

Los síntomas

Aparte de empezar a sentir una sed tremenda, nuestro organismo puede verse en un serio compromiso, dado que el aumento de alcohol puede provocar daños en diversos tejidos:

  • Piel. Puede desarrollar acné dado que el alcohol produce estrés oxidativo. Así lo explicaban en un estudio los investigadores Hani A. Al-Shobali, Abdullateed A. Alzolibani, Ahmad A. Al Robaee, Abdel-Rahmeim M. A. Meki y Zafar Sasheed, de la Universidad de Qassim, en Arabia Saudí.
  • Músculos. El alcohol promueve la rigidez musculoesquelética y pueden, incluso, llegar a perder masa. Esta es una condición que, como señalan en un estudio las investigadoras Liz Simon, Sarah E. Jolley y Patricia E. Molina, de la Louisiana State University, en Estados Unidos, se llama miopatía alcohólica.
  • Hígado. Bien es sabido que uno de los mayores peligros del alcohol es el efecto que puede tener sobre este órgano, al hacer que grasas y proteínas se acumulen en su interior, lo que puede llegar a producir cirrosis.
  • Riñones. La carga extra de trabajo aumenta la presión sanguínea dentro de los diminutos capilares que se encuentran en el interior de este órgano, lo que puede dañarlos.
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