Si haces ejercicio físico intenso, tu corazón se hará más esponjoso
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Cambio fisiológico

Si haces ejercicio físico intenso, tu corazón se hará más esponjoso

El deporte tiene la capacidad de transformar el corazón, pero la nueva morfología puede adoptar la forma de una enfermedad maligna que en realidad no existe. Lo importante es interpretar bien todos los datos

Foto: Foto: Unsplash/@opeleye.
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Dieta saludable y actividad física forman el tándem perfecto para prevenir las principales enfermedades no transmisibles que afectan a la población mundial y que cada año causan 71 millones de muertes: patologías cardiovasculares, obesidad y cáncer. La ciencia continuamente arroja resultados que confirman los beneficios que reporta hacer ejercicio de forma habitual y seguir una alimentación predominantemente vegetal -basada en frutas, verduras, legumbres y cereales integrales-, con un consumo frecuente de pescado (sobre todo azul), limitada en carne y que contenga grasas saludables (especialmente aceite de oliva).

Ahora, un equipo de investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), liderado por Valentín Fuster, director del Instituto Cardiovascular del Hospital Monte Sinaí (Nueva York) y del CNIC, y Borja Ibáñez, jefe del Departamento de Investigación Clínica de CNIC y cardiólogo del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, ha descubierto que el ejercicio intenso cambia la morfología del corazón haciéndolo menos compacto y más esponjoso. La trascendencia del hallazgo es alta porque revela que esa transformación se debe al deporte y no a un problema cardiaco hereditario maligno.

Los cambios morfológicos benignos se pueden confundir con una grave enfermedad cardiaca potencialmente mortal

El entrenamiento de alta intensidad puede desencadenar una serie de cambios fisiológicos en el organismo. Es conocido que el corazón de los deportistas presenta una adaptación al entrenamiento que, entre otras modificaciones, puede incluir un aumento de las trabéculas en su interior (hipertrabeculación), que es benigna pero que se puede confundir con una patología genética hereditaria, la miocardiopatía no compactada, que puede causar muerte súbita.

Diagnóstico acertado

El grupo de investigación de Ibáñez, utilizando las técnicas de resonancia magnética cardiaca, ha podido cuantificar este fenómeno en una población general (no profesionales del deporte), una información que tiene unas implicaciones prácticas muy importantes, puesto que “el sobrediagnóstico de la miocardiopatía no compactada –la patología maligna- en los deportistas (de élite o amateurs) puede llevar a la decisión de recomendar la interrupción de la actividad física en algunos casos en los que no sería necesario”, explica el Dr. Valentín Fuster.

Foto: Unsplash/@pabloulloa038.
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El estudio, que se ha publicado en 'The Journal of American College of Cardiology' (JACC), forma parte del proyecto colaborativo PESA-CNIC-Santander, iniciado en 2010 y uno de los estudios de prevención cardiovascular más importantes del mundo. El grupo de 700 personas incluidas en el trabajo recién publicado continuará siendo evaluado hasta 2030, lo que permitirá estudiar en detalle y comprender la evolución, reversibilidad e implicación clínica de esta adaptación del corazón al ejercicio intenso. “Resulta crítico poder distinguir este acomodo benigno al ejercicio de la miocardiopatía no compactada, una enfermedad del corazón de componente genético que puede asociarse a síntomas graves como insuficiencia cardiaca, tromboembolias, arritmias y muerte súbita”, destaca Ibáñez.

El problema es que esta enfermedad se identifica, en muchos casos, en personas jóvenes asintomáticas antes de que aparezcan manifestaciones y, en esos casos, “una de las recomendaciones es interrumpir inmediatamente la actividad física, ya que puede causar la muerte súbita”, apunta este cardiólogo del CNIC. Sin embargo, la presencia de trabéculas no siempre va ligada a la miocardiopatía no compactada; así, asegura Ibáñez, “se ha observado que, ante diferentes condiciones fisiológicas, como el entrenamiento de alta intensidad o el embarazo, puede observarse un cambio en la morfología del corazón que es similar en estructura a la de la miocardiopatía no compactada”.

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Por ello, subraya el cardiólogo José de la Chica, primer autor del artículo, “es fundamental poder diferenciar entre la condición maligna y la adaptación fisiológica (benigna) para, por un lado, prevenir una mala evolución en el caso de la primera y, por otro, evitar que jóvenes sanos tengan que dejar de realizar deporte”.

Adaptación

El trabajo ha evaluado mediante resonancia magnética cardiaca la presencia de criterios reconocidos de miocardiopatía no compactada en los participantes del estudio PESA-CNIC-Santander (trabajadores sanos del Banco de Santander que realizan diferentes grados de actividad física, pero que no practican deporte de forma profesional). La actividad física se evaluó de forma objetiva mediante el uso de acelerómetros, una tecnología que “nos permite clasificar la actividad física que realiza un individuo en situación sedentaria, de ejercicio leve, moderado o vigoroso, y saber cuántos minutos dedica a la semana a cada tipo de actividad”, señala De la Chica.

Foto: Unsplash/@ashkfor121.
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Lo primero que se observó es que el músculo cardiaco de los participantes, que de forma persistente realizaron una actividad física vigorosa a lo largo de este periodo de tiempo, se adaptaba al ejercicio aumentando su volumen y su masa muscular. “Estos cambios son conocidos como corazón de atleta y se consideran fisiológicos”, concreta la cardióloga Inés García-Lunar.

Un hallazgo más novedoso fue que una tercera parte de los individuos (hombres y mujeres) con un nivel elevado de actividad física vigorosa habitual cumplía además los criterios diagnósticos de miocardiopatía no compactada, pero, obviamente, no estaban enfermos, y son fenómenos independientes. Para los autores es importante recalcar que los participantes con este tipo de corazones trabeculados no presentaban síntomas y que los resultados del resto de pruebas llevadas a cabo en el estudio se encontraban dentro de la normalidad.

La principal conclusión de esta investigación es que los resultados de la resonancia magnética no son suficientes para diagnosticar la enfermedad cardiaca maligna y se deben poner en el contexto de los resultados de otras pruebas clínicas y genéticas y el nivel de ejercicio físico. "Un diagnóstico equivocado podría conllevar que la persona tenga que dejar de realizar ejercicio con las consecuencias deletéreas físicas y psicológicas que ello conlleva", insisten los investigadores.

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