Calcio natural contra suplementos. ¿Cuál es mejor?
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Beneficios y riesgos

Calcio natural contra suplementos. ¿Cuál es mejor?

¿La procedencia de los nutrientes es importante o solo lo es su fórmula química? ¿Son los suplementos tan positivos como nos hacen creer? He aquí toda la verdad sobre el calcio

Foto: Foto: Unsplash/@anitaaustuvika.
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Lo hemos visto por televisión un millón de veces: 'Enriquecido con calcio natural de la leche', 'Sin azúcares añadidos', 'Con vitaminas naturales de la fruta'... La publicidad intenta vendernos sus productos (para eso está), pero irremediablemente mete en nuestras cabezas, al menos en este caso, que el calcio del laboratorio añadido a la leche no tiene, ni de lejos, los mismos efectos sobre nuestro organismo que el calcio totalmente natural. Sería más que interesante, desde el punto de vista del consumidor, saber si hay algo de verdad en esto o solo es el daño colateral e intencionado de una estrategia de marketing.

Pero vamos por partes: ¿para qué sirve el calcio? Como muchos ya sabremos, es la parte fundamental de nuestro sistema óseo, la que da estructura a nuestros huesos. Es especialmente importante para niños y para ancianos, dado que sus huesos en el primer caso se están formando y en el segundo se están descalcificando, lo que es el origen de la osteoporosis, una de las causas más comunes de rotura ósea. Pero no todo es hincharse de este metal alcalinotérreo. Para que nuestro organismo lo absorba, es totalmente necesaria la acción de otros elementos como la vitamina D.

"Una ingesta alta de suplementos de calcio está asociada con un mayor riesgo de infarto de miocardio"

Y es aquí donde surge la gran pregunta. Porque la leche, por ejemplo, que a fin de cuentas es una de las mayores fuentes de calcio en nuestra alimentación diaria, no es una fuente especialmente rica de vitamina D. Por poner datos oficiales, podemos remitirnos tanto a la Base de Datos Española de Composición de Alimentos (BEDCA) como a la Encuesta Nacional de Ingesta Dietética Española (ENIDE). Ambas están realizadas por el Ministerio de Sanidad. Según la BEDCA, 100 gramos de leche contienen 124 miligramos de calcio, lo que representa el 15,5% de la cantidad diaria recomendada. A su vez, la leche contiene tan solo 0,03 microgramos de vitamina D, lo que respresenta el 0,6% de la cantidad diaria recomendada de este micronutriente. Esa diferencia entre el 15,5% y el 0,6% es tan enorme que deja de manifiesto que, por mucha leche que tomemos, la absorción del calcio que contiene estará completamente limitada por la disponibilidad de vitamina D.

Y tomar suficiente vitamina D es mucho más difícil de lo que parece. Según el informe ENIDE, el 83% de los españoles tiene, como mínimo, una insuficiencia de este micronutriente. En cambio, el calcio es mucho más común en nuestra dieta. Tan solo un 37% de la población española sufre deficiencias de este metal, y esta cifra está extraordinariamente elevada por el grupo de población formado por las mujeres de entre 45 y 64 años, de las cuales tiene insuficiencia de calcio el 82,9%.

Foto: iStock.
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Es por esto que, si nos fijamos, no nos extrañará ver en multitud de productos alimentarios el reclamo "Enriquecido con calcio y vitamina D", porque cualquiera de estos micronutrientes no es útil sin el otro. Del mismo modo, los suplementos alimentarios cumplen esta función a la perfección, son una mezcla de todo lo que necesitamos y nos ayudan a alcanzar los niveles recomendados de estas sustancias. Pero no todo son buenas noticias. A lo largo de los últimos años, han aparecido multitud de estudios científicos relacionando el consumo de suplementos de calcio con diversas enfermedades:

-En 2011, los investigadores Kuanrong Li, Rudolf Kaaks, Jakob Linseisen y Sabine Rohrmann, del Centro Alemán para la Investigación contra el Cáncer, publicaron un trabajo científico en el que descubrieron que aquellas personas que consumían suplementos de calcio "tenían un aumento significativo del riesgo de infarto de miocardio, mientras que los que lo obtenían de fuentes naturales no". En sus conclusiones, los investigadores afirmaban que "aumentar la ingesta de calcio a través de la dieta no tiene efectos negativos ni positivos en la salud cardiovascular, mientras que la ingesta de suplementos de calcio puede aumentar el riesgo de infarto de miocardio y deben tomarse con cautela".

-En 2010, un metaanálisis del investigador Mark J. Bolland y su equipo de la Universidad de Auckland, de la Universidad de Aberdeen y del Dartmouth Medical School, publicado en el 'British Medical Journal', explicaba que "los suplementos de calcio (sin ser coadministrados con vitamina D) están asociados con un aumento del riesgo de infarto de miocardio. Como los suplementos de este mineral son usados de forma extensa, estos pequeños aumentos del riesgo de enfermedad cardiovascular pueden traducirse en una mayor presencia de la enfermedad en la población".

-Finalmente, otro macroestudio publicado en 2013 por los doctores Qian Xiao, Rachel A. Murphy y Denise K. Houston, miembros del National Institutes of Health en Estados Unidos, analizaron los datos de 388.229 hombres y mujeres con una edad entre los 50 y los 71 años. ¿Sus resultados? De lo más reveladores: "Una ingesta alta de calcio en forma de suplementos está asociada con un excesivo riesgo de enfermedad cardiovascular en hombres, pero no en mujeres".

A fin de cuentas, y teniendo en mente todos los factores que intervienen en la toma de esta decisión, podemos decir con total confianza que es relativamente fácil saber, si tenemos acceso al etiquetado de los alimentos que consumimos, si tomamos las cantidades de calcio y vitamina D que nuestro cuerpo necesita para estar sano. Tomar suplementos sin razón puede no ser positivo sino todo lo contrario.

Pero volvamos al caso principal: las leches enriquecidas con calcio. Los ingenieros químicos se devanan los sesos para averiguar formas más prácticas y baratas de realizar este procedimiento. Actualmente hay dos principales. La primera, y que es 'totalmente' natural, consiste en evaporar leche; o, dicho de otro modo, extraer el calcio de la leche y ponérselo a otra, con lo que es exactamente el mismo, pero con una cantidad mayor. Otra de las opciones es, a través de otras materias primas, replicar en un laboratorio la fórmula química del calcio que forma parte de la leche, con lo que no es natural, pero sí igual de efectivo. La última técnica se emplea, sobre todo, para las leches vegetales. Sería deshonesto vender leche de almendras o de arroz y que parte de esta proviniese en realidad de las vacas. Es por esto que la industria utiliza un alga llamada Lithothamnium calcareum, que tiene una presencia de calcio del 36% (además de otros micronutrientes). Es con ellas con las que se complementan las bebidas vegetales sustitutorias de la leche con calcio.

Sea como sea, el calcio es necesario para nosotros. Eso sí, en su justa medida.

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