Este prebiótico es útil para el tratamiento del hígado graso
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Demostrado en ratones

Este prebiótico es útil para el tratamiento del hígado graso

Un estudio constata que el suplemento dietético XOS ayuda en el tratamiento de la patología. Alimente habla con su autor, que reconoce que ya lo han probado en humanos con buenos resultados en algunos de ellos

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Este prebiótico es útil para el tratamiento del hígado graso

No es la primera vez ni será la última que en Alimente hablamos de enfermedad de hígado graso no alcohólico, conocido también como NAFL (sus siglas en inglés). Motivos no faltan: se le considera ya una epidemia silenciosa (afecta a uno de cada tres adultos y un 20% de los casos evoluciona a cirrosis), y un día sí y otro también aparecen nuevos estudios que buscan mejor terapéuticamente este problema de salud pública.

"Cada vez más estudios relacionan la microbiota con el hígado graso no alcohólico"


En el camino del ‘rastreo’ de este Santo Grial llega ahora una investigación de la Universidad de Jyväskylä (Finlandia) que pone el ojo en un prebiótico. Cada vez hay más pruebas que demuestran que el origen del NAFL está asociado con factores ambientales, genéticos y fisiológicos.

No obstante, los factores dietéticos y la ingesta calórica excesiva también están involucrados, así como la composición de la microbiota intestinal, como demuestra un artículo publicado en 'Nature Reviews Gastroenterology & Hepatology'.

Foto: iStock.
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Se sabe que las complejas interacciones entre los factores dietéticos y los microorganismos determinan los efectos beneficiosos o perjudiciales sobre la salud del huésped.

Antecedentes

Como decíamos anteriormente, la literatura científica ha destacado, y en más de una ocasión, la relación entre la microbiota y la patología hepática, como muestra un ensayo de 'Journal of Autoimmunity'.

Así en pacientes con NAFLD, por ejemplo, se han encontrado Gammaproteobacteria sobrerrepresentadas, como recoge una investigación de 'Gastroenterology', y bacterias de los géneros Lactobacillus, Dorea, Robinsoniella y Roseburia, en comparación con controles sanos, por poner unos ejemplos.

El papel de Faecalibacterium prausnitzii

El equipo finlandés que dirige Satu Pekkala ya había realizado un estudio previo que constataba bajos niveles de Faecalibacterium prausnitzii, un miembro de la microbiota intestinal con propiedades antiinflamatorias conocidas, en ratones con hígado graso. Es más, en sus ensayos previos constataron que gracias a la administración de la bacteria en roedores lograban tratar este.

En declaraciones a Alimente, el investigador Pekkala declara: “Nuestros hallazgos anteriores sugirieron que NAFL podría aliviarse en parte con F. prausnitzii. Desafortunadamente, no todas las bacterias potencialmente 'terapéuticas' son aceptadas para uso humano. Por lo tanto, buscamos herramientas alternativas basadas en la nutrición para aumentar la abundancia natural de F. prausnitzii para tratar la patología”.

E insiste: “Se sabe que estas herramientas eficaces son los probióticos y prebióticos. Un probiótico se refiere a un microorganismo vivo que afecta positivamente a la salud del huésped, mientras que un prebiótico se define como un componente dietético fermentado selectivamente que no se puede digerir como tal, pero sirve como alimento para las bacterias. Por tanto, un prebiótico provoca cambios específicos en la composición y/o funciones de la flora intestinal, lo que confiere efectos beneficiosos sobre la salud del huésped. Los carbohidratos, como la fibra dietética, son prebióticos potenciales. Estos incluyen xilo-oligosacáridos (XOS), fructo-oligosacáridos (FOS), galacto-oligosacáridos (GOS), isomalto-oligosacáridos (IMO), transgalacto-oligosacáridos (TOS) y oligosacáridos de soja (SBOS)”.

Los nuevos datos

En el nuevo estudio, publicado en 'Nutrients', los investigadores indujeron la enfermedad a las ratas, a la vez que se las alimentó con una dieta suplementada con XOS durante 12 semanas. Este complemento alimenticio se puede encontrar en tiendas de productos naturales y tiendas online.

Los XOS se obtienen de las mazorcas de maíz mediante un proceso de hidrólisis enzimática utilizando una xilanasa (enzima), seguida de un proceso de purificación. Se encuentran en lácteos, alimentos de panadería, gelatinas de fruta, complementos alimenticios, chocolates y bebidas de soja, según Alimentología.

Foto: iStock.
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“Los resultados de la investigación mostraron que XOS aumentó el crecimiento de la bacteria mencionada y, al mismo tiempo, disminuyó significativamente el contenido de grasa hepática de las ratas”, dice Pekkala, resumiendo los principales resultados. Los factores más importantes que contribuyeron a la reducción de la grasa hepática fueron la mejora del metabolismo de la glucosa y la grasa hepática. Este es el primer estudio que muestra tales efectos para XOS.

"La mejora de la enfermedad del hígado graso fue pronunciada en el ensayo con ratas, y ahora también hemos obtenido resultados similares en humanos”, dice Satu Pekkal

Satu Pekkal reconoce que “debe tenerse en cuenta que estos resultados se obtuvieron de ratas y es posible que no puedan extenderse directamente a los humanos. Sin embargo, la mejora de la enfermedad del hígado graso fue pronunciada en el ensayo, y ahora también hemos obtenido resultados similares en humanos”.

Además, destaca que “parece que no todos los humanos respondieron al tratamiento XOS, y ahora exploraremos las razones que están detrás de la capacidad de respuesta o su carencia en hombres”.

El siguiente paso

Y añade: “En nuestro estudio con ratas, el prebiótico mejoró el metabolismo de las grasas y el azúcar en el hígado, lo que luego contribuyó a la reducción de la grasa hepática. Algunos varones del estudio experimentaron por sí mismos que el prebiótico reducía el apetito. Y, de hecho, en la literatura científica se ha demostrado que muchos prebióticos disminuyen la sensación de hambre”.

El científico reconoce que “actualmente estamos analizando datos de la intervención humana y esperamos publicar los resultados durante el próximo año. Podría ser que en humanos sensibles combinados con otras terapias ya existentes (ejercicio y restricción calórica) pudiera ser muy útil. Pero, por supuesto, se necesitan más estudios además del nuestro para confirmar todos estos resultados”.

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