¿Qué son los pólipos intestinales y qué riesgo real suponen?
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¿Qué son los pólipos intestinales y qué riesgo real suponen?

Los recrecimientos anormales de células intestinales en nuestro colon suponen uno de los mayores riesgos de desarrollo del cáncer propio de este órgano. Saber qué son y qué hacer para eliminarlos es esencial

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¿Qué son los pólipos intestinales y qué riesgo real suponen?

Nuestra salud gastrointestinal es o será, en algún momento de nuestra vida, una de nuestras mayores preocupaciones. Se trata, junto con la piel, de una de las pocas partes de nuestro cuerpo expuestas de forma continua a agentes externos a él. No es de extrañar que nos preocupe: según datos de la Sociedad Española de Oncología Médica, en España en 2020 aparecerán, en total, 44.231 nuevos casos de cáncer colorrectal (14.163 de recto y 30.068 de colon), lo que lo convierte en el cáncer más común.

Una de las principales pruebas que se realizan, aunque su periodicidad efectiva se ha puesto hace poco en entredicho, es la colonoscopia. Se suele empezar a hacerlas a partir de los 50 años y, según el protocolo actual, debería repetirse cada 10 años. En estas se suelen descubrir algo llamado pólipos intestinales, que, aunque no suponen que el cáncer haya aparecido, sí que levantan la voz de alarma, pues son un signo de que podría haberse presentado la enfermedad. Aunque todos hemos oído hablar de ellos, qué son exactamente y cómo de preocupantes deberían ser son dos misterios para la mayor parte de la población, así que vamos por partes:

¿Qué son?

Como explican desde la reputada Clínica Mayo, una de las organizaciones médicas más importantes de Estados Unidos (y del mundo), los pólipos intestinales son "pequeños conjuntos de células que se agrupan en el revestimiento del colon (que junto al recto y al ciego forman lo que conocemos como intestino grueso)". Dicho de otro modo, son recrecimientos en este órgano. La mayor parte de ellos son completamente inofensivos, aunque, si no se tratan, con el tiempo pueden acabar convirtiéndose en cáncer de colon, lo que es un problema enorme, sobre todo, como explican desde la clínica estadounidense, "suelen ser mortales si se descubren en los últimos estadios".

Foto: iStock.
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Existen dos tipos principales de estos crecimientos: los neoplásicos y los no neoplásicos. Estos últimos, que a su vez pueden ser inflamatorios, hamartomatosos o hiperplásicos, son los más comunes y, por lo general, no suelen convertirse en cáncer de colon. En cambio, los neoplásicos sí tienen u mayor riesgo y han de ser descubiertos y tratados lo antes posible.

Los síntomas para saber si los tenemos

Existen ciertos indicadores que pueden darnos una pista de si estamos sufriendo esta alteración del conjunto de células que forman nuestro intestino. Debemos tener en cuenta que, para estar seguros, tenemos que asistir al médico una vez hayamos cumplido los 50 años de edad, que es cuando el riesgo aumenta en gran cantidad. Esto se debe a que los síntomas no siempre se presentan y los pólipos pueden ser 'silenciosos'. Son los siguientes:

  • Sangrado rectal. Aunque es un síntoma que no es exclusivo de los pólipos (desgarros anales o hemorroides también pueden producirlo), sí que se dan con esta condición. Prestar atención para asegurarnos de que no ocurra es esencial.
  • Cambio en el color de las heces. Es más difícil de identificar, pero si nuestras deposiciones presentan rayas rojas o cambian su color a negro, puede significar que estamos teniendo un sangrado gastrointestinal.
  • Alteración de la regularidad intestinal. El estreñimiento y la diarrea que perduran más de una semana en el tiempo son síntomas clave.
  • Dolor abdominal. Los pólipos de gran tamaño pueden bloquear el paso de las heces a través del intestino, lo que produce un gran malestar.
  • Anemia por deficiencia de hierro. El sangrado continuo que pueden producir los pólipos, además de la ausencia de dolor puede provocar que perdamos una gran cantidad de hemoglobina (la parte de nuestra sangre que transporta el oxígeno) sin que nos demos cuenta, lo que puede acabar en una anemia.

Factores de riesgo

Aunque existe un gran componente genético, ciertos aspectos de nuestro estilo de vida juegan un rol importante a la hora de que aparezcan los pólipos gastrointestinales. De la misma manera, podemos llevar a cabo cambios en nuestras actividades (y en la dieta) que reduzcan el riesgo de que los padezcamos. De todos modos, a los 50, deberemos asistir a nuestro gastroenterólogo para estar seguros. Son los siguientes:

Foto: iStock.
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  • Edad. Como hemos dicho, a partir de los 50 años el riesgo se multiplica.
  • Enfermedades inflamatorias intestinales. Las más conocidas con la de Crohn, la colitis ulcerosa y el intestino irritable. Las personas que las padecen tienen un mayor riesgo de desarrollar la patología.
  • Antecedentes familiares. Lo mencionábamos más arriba: la genética es un factor determinante. Debemos tener en cuenta que, como se explicaba en este artículo, son los familiares de primer grado (padres, hermanos e hijos) los que son realmente relevantes.
  • Consumo de tabaco y alcohol
  • Obesidad
  • Falta de ejercicio
  • Diabetes tipo 2

Tratamiento

Si nos detectan un pólipo, nuestro médico querrá deshacerse de él lo antes posible. Todos los tratamientos, a día de hoy, suponen una intervención mecánica y directa. Dicho de otro modo: una operación. No existen fármacos capaces de eliminarlos, por lo que el uso de un bisturí (u otra herramienta) será necesario. Dependiendo de su tamaño, complejidad, localización y del peligro que puedan presentar, se utilizará uno de los tres siguientes métodos, como especifican desde la Clínica Mayo:

  • Extracción con fórceps o con un asa de alambre. Es una operación conocida como polipectomía. Si su tamaño es próximo al centímetro, se inyecta un líquido debajo del recrecimiento para aislarlo del tejido que lo rodea para así poder extraerlo con seguridad. Este procedimiento se lleva a cabo durante la propia colonoscopia. Dicho de otro modo: se realiza en el acto.
  • Cirugía. Si es demasiado grande como para utilizar el procedimiento anterior, se realiza una operación por laparoscopia (aunque puede hacerse a la vieja usanza, con bisturí, aunque por suerte estas cirugías tremendamente invasivas son cada día menos comunes). Esta consiste en uno o dos pequeños cortes que permiten la entrada de un laparoscopio, una herramienta poco invasiva capaz de realizar la intervención con gran detalle y cuidado.
  • Extracción de colon y recto. En determinados casos extremos, como por ejemplo en los pacientes que padezcan un síndrome poco frecuente llamado poliposis adenomatosa hereditaria, se extirpa el órgano en su totalidad.

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