Demasiada vitamina C es muy peligrosa: puede provocar estas enfermedades
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Ácido Ascórbico

Demasiada vitamina C es muy peligrosa: puede provocar estas enfermedades

A pesar de ser absolutamente fundamental para nuestro bienestar y para el correcto funcionamiento del organismo, los excesos de este micronutriente, propiciados por el consumo desproporcionado de suplementos, tiene riesgos

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Demasiada vitamina C es muy peligrosa: puede provocar estas enfermedades

La vitamina C es absolutamente necesaria para nuestra supervivencia, de eso no hay la menor duda. Pero desde que se inventaron los suplementos vitamínicos, tenemos en la palma de nuestra mano mucha más de la que podamos necesitar. En el caso de muchos micronutrientes, esto no es un problema, dado que el cuerpo los almacena y, si tiene demasiados, los elimina. Pero en el caso particular de la vitamina C, existen riesgos derivados de la sobredosis, y estos pueden llegar a poner en serio peligro nuestra salud. Pero vamos por partes.

¿Qué es la vitamina C?

También conocida como ácido ascórbico, es una lactona compuesta por seis átomos de carbono. Junto a los murciélagos, los primates y las cobayas, el ser humano es de los pocos animales que no pueden metabolizarla por sí mismos debido a la ausencia de la enzima gulonolactona oxidasa.

Esta vitamina cumple multitud de funciones en nuestro organismo: evitar el envejecimiento prematuro, facilitar la absorción de otras vitaminas y nutrientes, ser un antioxidante básico en nuestra biología, formar el colágeno, componente principal del tejido conectivo, mantener las articulaciones o reducir la incidencia de coágulos en las venas... La lista es prácticamente interminable pero, por suerte, se puede resumir en una sola frase: la vitamina C es totalmente esencial.

Dado que es de las pocas vitaminas hidrosolubles (lo que implica que no es liposoluble), no la podemos almacenar a modo de reserva, sino que debemos ingerirla en niveles suficientes todos y cada uno de los días para mantenernos sanos.

Entonces, ¿qué tiene de malo tomar mucha?

Como todo en esta vida, el exceso, por definición, no es bueno. Da igual que sea cianuro o agua, ingerir demasiado de algo, como mínimo, nos producirá malestar y, como máximo, la muerte. Por regla general, tenemos claro cuándo es demasiado de algo. En el caso del cianuro, la cantidad más ínfima es excesiva, y en el caso del agua, cuando estamos hinchados, con molestias y sin parar de ir al baño, es el momento de parar de beber. Pero las vitaminas, en concreto la C, son un tema mucho más complicado.

Foto: Unsplash/@gala.
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Como decíamos al inicio del artículo, los suplementos son la clave. Al mismo tiempo, al menos durante la época invernal, nos bombardean con información sobre salud y no paran de decirnos que la vitamina C previene el resfriado, el catarro, la gripe... Aunque esto, desde un punto de vista científico, no está todavía del todo claro.

El problema que esto acarrea es que, a pesar de que nuestro cuerpo es bastante eficiente eliminando el exceso, los niveles demasiado altos en sangre pueden tener desagradables y peligrosas consecuencias.

Nuestra tripa, la primera víctima colateral

Hay que dejar claro que el consumo de fuentes naturales de vitamina C, como frutas y vegetales ricos en este nutriente, no se ha relacionado nunca con ningún tipo de síntoma. Los suplementos vitamínicos, en cambio, sí. Múltiples estudios científicos, como el elaborado por los investigadores S. A. Bsoul y G. T. Terezhalmy, de la Universidad de Texas, en Estados Unidos, han establecido un límite máximo seguro situado en 2.000 mg diarios. Si superamos este límite, nos encontraremos sufriendo diarrea y náuseas, y aunque no está confirmado científicamente, diversos pacientes con sobredosis de vitamina C han descrito una gran sensación de reflujo ácido.

Cuando lo positivo deja de serlo

Una de las funciones principales de la vitamina C es, como decíamos antes, promover la absorción de nutrientes por parte de nuestro organismo. Uno de los más comunes es el hierro. Ya lo señalábamos en este artículo, existen dos tipos diferentes de hierro, el hemo y el no hemo. La vitamina C se une al no hemo, lo que facilita sobremanera su absorción. Esto es fundamental, sobre todo para aquellas personas que basan su alimentación en productos de origen vegetal.

De hecho, un estudio de la Universidad de Gotemburgo descubrió que la absorción de hierro con 100 mg de vitamina C aumenta en un 67%. Eso es muchísimo.

En la mayor parte de los casos, es muy improbable que la gente sana sufra algún tipo de efecto, pero, en el caso de los pacientes de hemocromatosis u otras enfermedades que aumenten la cantidad de hierro absorbido, la combinación con vitamina C puede ser negativa. De hecho, es temible si tenemos en cuenta los efectos del exceso de este mineral: daño cardiaco, hepático, pancreático, tiroideo y nervioso.

Riñones en peligro

Foto: Unsplash/@averey.
Foto: Unsplash/@averey.

Cuando el cuerpo humano se deshace del exceso de vitamina C circulando por él la degrada en una molécula llamada oxalato. Este es un proceso completamente normal. La parte mala es que el oxalato se une a minerales y forma cristales que pueden contribuir a la formación de piedras en el interior de nuestro riñones. En la inmensa mayor parte de las personas, esto no llega a producirse porque el cuerpo es capaz de eliminar de forma natural la cantidad 'normal' de oxalato, pero cuando aumentamos el consumo de vitamina C por encima de los 1.000 mg diarios, la excreción de oxalato aumenta en un 20%, según un estudio elaborado por investigadores de la Wake Forest University of Medicine.

Pero eso no es todo, como explica el investigador J. M. Rivers, "dosis por encima del límite máximo (2.000 mg) se relacionan directamente con la aparición de piedras renales", una de las enfermedades más dolorosas que conocemos.

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