Los peores efectos que tiene la cirugía de la boca
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Afectan a la función

Los peores efectos que tiene la cirugía de la boca

Saborear una comida, chupar un helado o sonreír son gestos cotidianos que valoramos cuando los perdemos. Julio Acero, presidente de la Sociedad Europea de Cirugía Maxilofacial, cuenta las consecuencias que puede tener el paso por el quirófano

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Foto: Unsplash/@fedictm.

Comer es, en primer lugar, una necesidad orgánica, pero también un placer, una forma de cultura y socialización. Y es algo que hacemos todos los días varias veces. Con la bebida sucede exactamente lo mismo, con la gran diferencia de que podemos pasar hasta 40 días sin ingerir alimentos mientras que sin agua no sobreviviremos más allá de una semana, eso contando con que las condiciones externas jueguen a nuestro favor.

Hay cirugías sencillas, como sacar una muela del juicio, en las que se lesiona un nervio y se puede perder la capacidad gustativa

De aquí la importancia de que nuestra boca (labios, lengua, maxilares y todos los tejidos de la cavidad oral) esté perfecta. El más mínimo desequilibrio puede tener consecuencias relevantes para nuestra calidad de vida. ¿Qué puede amenazar esa integridad? Por supuesto, una enfermedad grave, como es un tumor, pero también otras más irrelevantes, aparentemente, como una extracción dental. En estos casos, el paso por el quirófano resuelve el problema de base, pero puede acarrear molestos efectos adversos, que van desde la pérdida de gusto, dificultad para deglutir o sequedad bucal, por ejemplo.

¿De qué se quejan los pacientes?

“Todo depende de la gravedad de la enfermedad”, dice Julio Acero, jefe del servicio de Cirugía Oral y Maxilofacial de los hospitales Ramón y Cajal, Puerta de Hierro y Quirónsalud Madrid, una respuesta que esconde una paradoja, en la que se puede aplicar aquello de menos es más: “Hay casos de cirugía oral menor, por ejemplo la extracción de una muela del juicio, en los que si resulta dañado el nervio lingual se puede perder la sensibilidad gustativa y los pacientes pasan por un verdadero espanto”, refiere el cirujano.

Sin embargo, perder la capacidad de saborear no es la prioridad para quienes han sufrido la resección de la lengua: “Para estos, el problema es la pérdida de movilidad y flexibilidad, además de la retracción. Eso es insoportable”, ilustra el también presidente de la Asociación Internacional de Cirugía Maxilofacial.

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Julio Acero, cirujano maxilofacial.

Sea cual sea la enfermedad, conservar la estética y la funcionalidad es prioritario, y más cuando la cirugía está motivada por un tumor -los de cabeza y cuello ocupan el séptimo lugar en la lista de los cánceres más frecuentes, con una estimación de más de 8.500 casos diagnosticados en España en 2020- y puede ser muy mutilante. Afortunadamente, “los extraordinarios avances en técnicas reconstructivas ofrecen muy buenos resultados estéticos”.

Las técnicas de imagen digital, sistemas de navegación quirúrgica, simuladores y los biomateriales para generar implantes tridimensionales “hacen posible que reparemos los defectos que causará la cirugía antes de operar”, señala el doctor Acero. Cuando el paciente entra en el quirófano, todo está planificado para que la intervención afecte lo mínimo posible a su aspecto físico.

Estética o función, esa es la cuestión

Aun así, la realidad es que los tratamientos del cáncer (sobre todo la radioterapia) dejan más secuelas funcionales que estéticas. El cirujano confirma: “La sequedad bucal, la retracción de los tejidos blandos o la falta de movilidad afectan mucho a la calidad de vida de los pacientes”, y les preocupan más que la pérdida de sensibilidad y del gusto.

La reversión de las secuelas también cambia dependiendo de la causa que las provoca. Según Acero, “si la lesión ha sido clara, por ejemplo un nervio que se ha seccionado, se puede reparar y recuperar la función dañada, por ejemplo la movilidad del labio”, pero cuando detrás de los efectos secundarios están la radioterapia o una cirugía muy radical, recuperar la (casi) normalidad es misión imposible.

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Foto: iStock.

Por tanto, el grado de tolerancia a las secuelas dependerá de la gravedad del problema de base: si amenaza a la supervivencia, por ejemplo el cáncer, perder el gusto es un mal menor, pero una anestesia del labio después de la extracción de una muela del juicio es una pesadilla.

La mejor dieta

El papel de la dieta en el desarrollo y prevención del cáncer está demostrado científicamente. De la misma forma que los alimentos procesados y ricos en grasas y azúcares se asocian a un mayor riesgo de tumores de colon, para prevenir neoplasias maxilofaciales es recomendable seguir una dieta abundante en antioxidantes, frutas y verduras, legumbres y aceite de oliva, y evitar productos cárnicos y embutidos y otros alimentos ricos en grasa.

Julio Acero apunta que “la ingesta de una porción diaria de fruta y vegetales reduce el riesgo de cáncer oral hasta en un 49%, pudiendo asimismo modular el efecto negativo del tabaco y el alcohol (los dos factores de riesgo principales de cáncer de cabeza y cuello)".

Las recomendaciones dietéticas para los afectados fomentan el consumo de:

  • Frutas: cítricos; fresas, frambuesas y arándanos, ricos en ácido elágico y polifenoles que inhiben la angiogénesis (formación de vasos sanguíneos que ‘alimentan’ el tumor).
  • Verduras: ricas en fibra, vitamina B6 y B12, ácido fólico y sustancias antioxidantes, como la vitamina C y E, carotenoides, selenio, glucosinolados e indoles. Especial atención a verduras de hoja verde, zanahorias, calabaza, calabacín, tomate y remolacha.
  • Té verde: por contener polifenoles, con efecto antioxidante.
  • Pescados grasos: por su alto contenido en grasas poliinsaturadas, como los ácidos omega 3, también se han asociado a una reducción en la incidencia de cánceres del territorio maxilofacial.
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Foto: iStock.

Las indicaciones generales para quienes hayan tenido un tumor maxilofacial son:

  • Evitar ingerir alimentos de consistencia muy dura, difíciles de masticar o que requieran una buena apertura bucal.
  • Reducir los azúcares en la dieta, pues facilitan la aparición de caries, especialmente en pacientes irradiados.
  • Seguir una dieta que mantenga un correcto estado nutricional del paciente, con el suficiente aporte de macronutrientes (proteínas, carbohidratos y lípidos) y micronutrientes (vitaminas, minerales y otros oligoelementos).

A pesar de que los afectados por enfermedades y complicadas cirugías maxilofaciales soportan los cambios en su relación con la comida, “suelen echar de menos el hábito de masticar, y se lamentan a menudo de comer purés y batidos poco atractivos”, reconoce el doctor Acero. La comida impresa en 3D da una apariencia de ‘comida real’ a las cremas, pero, sin duda, la mejor opción siempre que sea posible es colocar implantes sobre injertos óseos con los que, a menudo, “se recuperan placeres tan sencillos y gratificantes como disfrutar de un asado de carne o de un bocadillo de jamón”.

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