Esto es lo último del impacto del coronavirus en el cerebro
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Secuelas a largo plazo

Esto es lo último del impacto del coronavirus en el cerebro

Nos estamos adentrando en la bautizada como era Longcovid. La ciencia pone sobre la mesa las secuelas neuropsiquiátricas a largo plazo que van más allá de la pérdida de olfato. Hablamos de riesgo de demencia y alzhéimer

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Y llegó, como adivinamos o ya sabemos, para quedarse. Con su forma de ataque (la primera ola, que si la segunda, la tercera... o, tal vez, una cuarta) o sus nuevas variantes. Y así es como el número de afectados, leves o graves, cambia constantemente, pero cada vez parece más probable que para cuando las fuerzas de la pandemia estén debilitadas (por la llegada de las vacunas y por los conocimientos médicos que nos han hecho aprender a tratar de vencerla) aun así, aproximadamente, una de cada 200 personas en todo el mundo habrá sufrido la infección por el nuevo síndrome respiratorio agudo severo SARS‐CoV‐ 2.

El covid-19 va poniendo encima de la mesa 'su daño' en forma de una disminución de la calidad de vida, que ahora se define como 'longcovid'


La mayoría de ellas sobrevivirán, pero su impacto en su salud y en sus requerimientos de necesidad de atención sanitaria a medio y largo plazo podrían continuar dibujadas en forma de secuelas crónicas. Y una de ellas, de gran transcendencia, afecta directamente al cerebro. Así lo reflejan dos estudios nuevos, uno de ellos con liderazgo español.

Longcovid

Por todo ello, parece casi obligatorio apuntar que el covid-19 va poniendo encima de la mesa 'su daño' en forma de discapacidad neuropsiquiátrica o una disminución de la calidad de vida a muchos niveles que parecían impensables y que ahora empiezan a definirse bajo el término 'longcovid'.

A juzgar por lo que se sabe hasta ahora es probable que las secuelas a largo plazo no solo ocurran, sino que también afecten a ciertos grupos de personas de manera desproporcionada (personas con factores de riesgo previo, pacientes a la espera de atención...). Dada la gran carga de los trastornos neuropsiquiátricos, incluida la global de la discapacidad que supone y es conocida, parece particularmente apropiado hacer un balance de lo que se conoce sobre los efectos nocivos directos de la infección por SARS-CoV‐2 en el centro sistema nervioso (SNC) y proyectar cómo estos efectos pueden contribuir a la 'losa' crónica de enfermedad neurocognitiva a nivel mundial en los próximos años.

Virus neurotrópicos

Se sabe, desde hace mucho tiempo, que los virus respiratorios neurotrópicos causan patología cerebral crónica, como refleja 'Nautre Reviews Neurology' en un trabajo pionero. Paradigmáticamente, tras la pandemia del virus influenza de 1918 se sospechaba, y se sigue sospechando, que pudo ser la causa subyacente de la encefalitis letárgica; trastornos emergentes del movimiento, anomalías profundas del ciclo del sueño y enfermedad psicótica que desencadenó en forma de una enorme carga de enfermedad y un sufrimiento incalculable para las personas afectadas y sus cuidadores.

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No solo. Sabemos que hasta la fecha, alrededor de 750.000 pacientes en el mundo con covid-19 han requerido de ventilación mecánica, lo que supone un elevado riesgo de disfunción cerebral aguda (coma y delirium), gracias a la investigación, mencionada anteriormente y publicada en 'Lancet Respiratory Medicine'. En este contexto, el estudio multicéntrico internacional, coordinado desde el Instituto de Investigación Sanitaria del Hospital Clínico Universitario de Valencia (Incliva), sugiere eliminar las benzodiacepinas como sedante y facilitar las visitas familiares, de forma presencial o virtual, para minimizar el riesgo de desarrollar coma y delirium.

La investigación partió de la detección por parte de Rafael Badenes, jefe de la Sección de Anestesia del Hospital Clínico de Valencia y miembro del Grupo de Investigación en Anestesia de Incliva, de que pacientes ingresados en UCI por covid-19, por diferentes motivos, permanecían más tiempo sedados que otro tipo de ingresados sin el virus. El análisis se basa en 2.088 casos de pacientes ingresados en 69 UCI de 14 países.

En declaraciones a Alimente, sostiene: "No sabíamos nada del virus, carecíamos de respiradores suficientes, de camas en UCI necesarias. El trabajo tenía como objetivos principales describir la prevalencia de delirium en los pacientes ingresados en una unidad de cuidados intensivos con covid y analizar, además, los factores de riesgo asociados a él con el fin de desarrollar estrategias que lo mitiguen y las secuelas asociadas. La metodología de investigación partió de un protocolo de estudio, diseñado por Badenes, que fue enviado y trabajado conjuntamente con los investigadores e investigadoras de la Vanderbilt University Medical Center y del proyecto HUCI".

En concordancia

Precisamente, el estudio de Alzheimer´s & Dementia destaca: "El delirium puede ser el único síntoma de presentación de la infección por SARS‐ CoV-2, incluso en pacientes más jóvenes. Su incidencia en pacientes gravemente es tan alta como 84%, de los cuales más de dos tercios exhiben delirio hiperactivo, a pesar de recibir alta sedación y neurolépticos. Se desconoce su incidencia general en todo el espectro clínico, desde pacientes leves a graves con la infección. Debido a que muchos reciben ventilación mecánica, es probable que una proporción sustancial de ellos lo experimenten con un resultado a largo plazo actualmente desconocido. En los pacientes ancianos con demencia, el delirio es un síntoma de presentación muy frecuente de la infección y conlleva una mayor tasa de mortalidad a corto plazo", destaca Glenn Biggs, del Instituto de Alzheimer y Enfermedades Neurodegenerativas (UTHSA) en San Antonio (Texas, EEUU).

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Para el doctor Badenes, dos factores de riesgo de desarrollo de delirium modificables son: "El sobreuso de benzodiacepinas como sedantes y retirar la ausencia de visitas de familiares y amigos, tanto en persona como virtuales, porque están asociadas con mucho más delirium, y estas estrategias podrían mitigarlo, así como sus secuelas asociadas".

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En este sentido, el especialista propone dejar de utilizar este tipo de sedantes, que se han administrado al 64% de pacientes covid y buscar otras alternativas existentes en las UCI, así como alinearse en la medida de lo posible con las guías de práctica clínica (2018 Clinical Practice Guidelines for the Prevention and Management of Pain, Agitation/Sedation, Delirium, Immobility, and Sleep Disruption in Adult Patients in the ICU, conocida como PADIS Guidelines, y la ICU Liberation Bundle A-F), cuya adherencia ha demostrado una gran disminución de las secuelas en los pacientes tras abandonar la UCI.

Nuevo proyecto

Insiste, además, en "estar vigilantes ante las secuelas posibles de demencia y alzhéimer", en concordancia con los autores del trabajo de EEUU. Precisamente, exponen en sus conclusiones: "La evidencia y comprensión del impacto del SARS-CoV‐2 en el SNC plantea preguntas clave sobre el impacto del riesgo de deterioro cognitivo en la vida posterior en alzhéimer y otras demencias. Los líderes científicos, incluida la Asociación de Alzheimer de EEUU y representantes de más de 30 países, con la orientación técnica de la Organización Mundial de la Salud, han formado un consorcio internacional multidisciplinario para recopilar y evaluar las consecuencias a corto y largo plazo de las secuelas de virus.

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Este programa de estudios tiene como objetivo comprender mejor las consecuencias a largo plazo que pueden afectar el cerebro, la cognición y el funcionamiento, incluida la biología subyacente que puede contribuir al desarrollo de demencias.

Y llegó, como adivinamos o ya sabemos, para quedarse. Con su forma de ataque (la primera ola, que si la segunda, la tercera... o, tal vez, una cuarta) o sus nuevas variantes. Y así es como el número de afectados, leves o graves, cambia constantemente, pero cada vez parece más probable que para cuando las fuerzas de la pandemia estén debilitadas (por la llegada de las vacunas y por los conocimientos médicos que nos han hecho aprender a tratar de vencerla) aun así, aproximadamente, una de cada 200 personas en todo el mundo habrá sufrido la infección por el nuevo síndrome respiratorio agudo severo SARS‐CoV‐ 2.

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