¿Por qué un antojo de dulce no arruina los buenos propósitos del nuevo año?
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¿Por qué un antojo de dulce no arruina los buenos propósitos del nuevo año?

Este 2021 no ha hecho más que empezar y ya tengo un fuerte -aún no he sucumbido- anhelo por una tarta. ¿Qué hay de mis buenos propósitos? ¿Cómo detener el ansia?

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Foto: Unsplash/@miksbaum.

Hoy tengo antojo de… El antojo por la comida se define típicamente como deseos frecuentes e intensos de consumir un tipo particular de alimentos. ¿Has sentido alguna vez que viendo la televisión te apetece picar patatas fritas o que cuando te sientes triste ‘matas’ por una onza de chocolate? ¡No eres rara avis!

En un trabajo de 2018 publicado en ‘Opinión actual sobre endocrinología, diabetes y obesidad’, cuyo propósito es proporcionar información actualizada sobre las intervenciones que alteran los antojos de alimentos, se concluye -aunque se necesitan más investigaciones- que “los antojos de comida influyen en el peso corporal”.

"Únicamente seguimos una norma en la alimentación los días de diario, cuando trabajamos", asegura el Dr. Alfredo Alonso Poza


Concretamente, se cree que los antojos de alimentos representan hasta el 11% de la variación en la conducta alimentaria y el aumento de peso, y se asocian positivamente con el índice de masa corporal (IMC). Así pues, según explica el doctor Alfredo Alonso Poza, jefe de Servicio del Hospital Universitario del Sureste de Madrid y coordinador de la Unidad de Obesidad del Hospital Ruber Juan Bravo, “hay que incidir en el estudio de los antojos de alimentos que tiene un paciente como un claro predictor modificable de su peso”.

Según el doctor Alonso Poza, se trata, sin duda, “de un hábito alimenticio desordenado” en el que influyen directamente factores como “la disponibilidad de mucha comida” o una mayor “vida social”. “Realmente, en líneas generales, únicamente seguimos una norma en la alimentación los días de diario, cuando trabajamos. Las vacaciones y los fines de semana se nos suelen presentar como un auténtico festival culinario, y durante esos días picamos en exceso entre horas”, asegura el experto en cirugía de la obesidad.

Dulces & drogas

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Foto: Unsplash/@sharonmccutcheon.

El doctor Alonso Poza sostiene que “se puede decir que el hábito a los dulces es parecido al de las drogas”, y argumenta esta cuestión basándose en determinados estudios científicos: “La adicción que provocan los carbohidratos y más concretamente el azúcar está ya ampliamente recogida en la literatura médica. Esta evidencia científica la publicó el equipo de David Wiss, de la Universidad de California de Los Ángeles, en un trabajo titulado 'Adicción al azúcar: de la evolución a la revolución'. También se ha publicado acerca de esta cuestión en revistas de psiquiatría, que inciden en el comportamiento compulsivo hacia el consumo de estos productos, pese a que sepamos que son nocivos y que avalan la dependencia que nos crean”.

“El comportamiento es algo aprendido, por tanto, se puede educar y modular"


Por otra parte, el estrés está relacionado con el deseo de alimentos dulces. “Los niveles bajos de azúcar en sangre provocan una secreción lenta de cortisol (hormona del estrés) que nos induce a tomar carbohidratos. Esto se hace más manifiesto en los pacientes diabéticos cuando por exceso de insulina o antidiabéticos orales baja el azúcar en sangre, lo que genera una situación de alarma en nuestro organismo provocando secreción de adrenalina, glucagón, hormona de crecimiento y cortisol. Todas estas hormonas hacen que se eleve el azúcar en sangre y son un estímulo para que ingiramos azúcar”, detalla el cirujano, experto en obesidad.

Y por si fuera poco, la falta de sueño genera estrés y viceversa. Y los niveles bajos de glucemia nos generan sueño. “Todo ello está relacionado con mecanismos hormonales complejos y de activación de los centros del hambre y saciedad”, relata.

Si tienes la regla, 'matas' por una onza de chocolate

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Foto: Unsplash/@brhnjohari.


Le pedimos al experto que nos valore esta afirmación tan arraigada en la sabiduría popular y confirma el dicho: “Si tienes la regla, 'matas' por una onza de chocolate”, para, a renglón seguido, declarar que “es cierto que los cambios hormonales en la mujer son mucho mayores que en el varón, ya que no solo está sometida al ritmo circadiano de cambios hormonales, sino a los propios de una edad reproductiva, gestación o lactancia”.

¿Cuándo he de acudir a un profesional? “Cuando estamos en un IMC mayor de 25 ya tenemos sobrepeso. Es mejor ir antes que tarde al endocrino para que nos enseñe a comer; es fundamental una educación alimentaria. El núcleo familiar es nuestro entorno de mayor influencia, ahí debemos comenzar con unos hábitos alimenticios sanos, apoyándonos mutuamente a la hora de corregir los desórdenes”, recomienda el experto.

"Ser ordenado en la comida implica una disminución de los hábitos compulsivos"


El primer tratamiento es endocrinológico para no llegar a un IMC de 35. Pero “si el tratamiento dietético ha fallado múltiples veces y ya estamos en una obesidad grado I, tendremos que plantearnos qué ayuda necesitamos para adelgazar: si un tratamiento provisional como el balón gástrico, asociado a dieta y coordinado por un médico especialista en obesidad, o un tratamiento definitivo como el quirúrgico cuando hay comorbilidad, síndrome metabólico o un IMC de más de 35”, añade.

La buena noticia es que los comportamientos se educan. “El comportamiento es algo aprendido, por tanto, se puede educar y modular. Nos hemos de educar en un hábito alimenticio sano, en nuestra dieta mediterránea, horarios de comidas saludables”, afirma el doctor Alfredo Alonso Poza, quien agrega que "ser ordenado en la comida" implica una disminución de los hábitos compulsivos; es decir, evita ser un picoteador permanente y el consumo de antojos, por así decirlo.

Y si a los buenos hábitos alimentarios añadimos el deporte -que modula nuestras secreciones hormonales, implica consumo de calorías y evita el hábito sedentario- y el dormir y descansar más y mejor, pues miel sobre hojuelas. ¡Ay, no, que son dulces!

Azúcar
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