Los efectos secundarios de las comidas con exceso de grasa
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Los efectos secundarios de las comidas con exceso de grasa

Evitar los restaurantes de comida rápida no es suficiente para tener una alimentación saludable, además hay que esquivar las preparaciones con aceite, sal y calorías de más

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Foto: Unsplash/@xz051571t.

Los expertos avisan constantemente de que recurrir de forma habitual a la ‘fast food’ puede provocar problemas cardiovasculares, obesidad (sobre todo en los más pequeños) y otras patologías relacionadas con la salud. Pero cuidar nuestra calidad de vida y alimentación pasa también por privarnos de muchos 'manjares' que solemos incluir en las comidas. Esto incluye todos aquellos alimentos grasos que tienen un exceso de aceite, calorías, sal y carbohidratos refinados, y porcentajes mínimos de fibra, vitaminas y minerales.

Los aros de cebolla con los que acompañamos una carne, la hamburguesa con queso de un restaurante o el donut que comemos a mediodía o para merendar. Estos pequeños gestos, aunque no supongan el centro de nuestra dieta, pueden tener a la larga un efecto muy negativo tanto en nuestra salud como en nuestro cuerpo, rebajando drásticamente la calidad de vida de quien lo consume.

El exceso de pizza y fritos puede aumentar un 16% las probabilidades de sufrir un ictus

Cuidar nuestro cuerpo por dentro y por fuera

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Foto: Unsplash/@jcgellidon.


Investigaciones recientes indican que abusar de las patatas fritas como acompañante o comer más de una vez al día pescado frito puede tener efectos dañinos en las arterias y aumentar las posibilidades de desarrollar enfermedades cardiacas. Para que el corazón goce de salud también es recomendable esquivar la pizza, los fritos y los aperitivos salados, ya que consumir excesivamente estos alimentos incrementa un 16% las probabilidades de sufrir un ictus.

Una mala alimentación sobrada de grasas tiene también un impacto en las bacterias de nuestro intestino, afectando a la digestión de la fibra. Estas bacterias tienen la misión de protegernos contra los trastornos digestivos, además de ejercer un efecto antiinflamatorio, con lo que atacarlas podría provocar enfermedades crónicas como cáncer, diabetes o incluso párkinson. Dañar nuestro microbioma intestinal tiene otras consecuencias, como el desarrollo del síndrome del intestino irritable (un trastorno que provoca cólicos e hinchazón) o el aumento del colesterol HDL.

Comer demasiados alimentos grasos o beber mucha bebida azucarada provoca aumento de peso, hipertensión arterial e hiperglucemia


Evidentemente, el aumento de peso está estrechamente relacionado con este tipo de desequilibrios alimentarios, ya que el elevado número de calorías hace que engordemos y, sobre todo en el caso de los niños, puede generar obesidad. También aumenta el riesgo de padecer diabetes de tipo 2, porque comer demasiados alimentos grasos o beber muchas bebidas azucaradas conlleva una ingesta excesiva de calorías, que provoca aumento de peso, hipertensión arterial e hiperglucemia.

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Foto: Unsplash/@averey.


La función cerebral también puede verse afectada, ya que la presión arterial alta y el aumento de peso (causados por el exceso de alimentos grasos en nuestra dieta) están vinculados con los daños en la estructura, los tejidos y la actividad de nuestro cerebro. Algunos estudios concluyen que también tiene relación con la pérdida de memoria, la demencia y el peor rendimiento ante algunas tareas físicas.

Los expertos alertan de que estos productos provocan en algunas personas hinchazón, dolor de estómago, náuseas e incluso diarrea, a causa del exceso de macronutrientes, carbohidratos y grasas. Estas tres sustancias hacen que el vaciado del estómago sea más lento. Hay que tener especial cuidado si tenemos algún tipo de problema digestivo, ya que los síntomas son aún más graves, haciendo que los cólicos, calambres y alteraciones intestinales sean algo habitual.

El efecto en nuestra piel del exceso de grasa

Algunas investigaciones apuntan a que comer alimentos con demasiada grasa, frente a los ácidos grasos omega 3, afecta a la expresión de los genes y altera nuestros niveles hormonales, algo que se manifiesta a través de los granos al aumentar la producción de células cutáneas y aceites naturales de la piel.

Para acabar con esto no basta con dejar de comer alimentos azucarados o con contenido alto de carbohidratos refinados, sino sustituirlos por pescado azul, algas y frutos secos. También es positivo el omega 6, que encontramos en los aceites vegetales y las semillas.

No es necesario renunciar al 100% de estas comidas si empezamos a cocinarlas al horno, al vapor o a la parrilla


Comer demasiadas grasas también tiene una consecuencia en nuestra piel, con la posible aparición del tan molesto acné, que muchos estudios realizados en Asia relacionan directamente con las dietas occidentales, en las que encontramos carbohidratos y productos grasos en abundancia.

No a las consecuencias, sí a nuestra comida favorita

Para que las posibles consecuencias de este tipo de dietas no tengan efecto en nuestras vidas es necesario no solo cuidar nuestra alimentación evitando alimentos grasos, sino que es bueno además adaptar nuestro modo de vida a métodos más saludables. Generalmente, los alimentos grasos están fritos, y el aceite es una de las cosas que tenemos que aprender a evitar.

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Foto: Unsplash/@barncreative.


Por ello, podemos empezar a tomar alimentos preparados al horno, a temperaturas altas que hacen que queden crujientes. Otra opción son las comidas al vapor, que constituyen una buena alternativa para pescado o verduras. ¿Y qué tal la parrilla? Es lo mejor si estamos cocinando carnes o incluso pescados; aun así, tampoco es recomendable abusar de esta forma de cocinar.

Si pese a todo las frituras son tu debilidad, y te cuesta renunciar a ellas, siempre puedes utilizar una espumadera que permita que gotee la grasa antes de servir, y después usar un trozo de papel que absorba el resto.

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