¿Cómo afecta el invierno a nuestra alimentación?
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Una pista: comemos más

¿Cómo afecta el invierno a nuestra alimentación?

Las temperaturas externas influyen en el apetito y sobre todo en la manera en la que elegimos qué alimentos queremos y cuáles no

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Foto: Unsplash/@worthyofelegance.

Las temperaturas bajas, tan características del invierno, hacen que nuestra alimentación se vea afectada. De hecho, según explica a Alimente el experto en nutrición ortomolecular y presidente de Cofenat en Murcia, Salvador Molina Cabezas, “en invierno comemos un poco más”.

"La digestión proporciona un plus de actividad calorífica al cuerpo", Salvador Molina, experto en nutrición ortomolecular

En este sentido, el experto defiende que la menor cantidad de horas de luz, sumadas a que estamos más tiempo sin salir, hace que tendamos a “disminuir el ejercicio que practicamos, pasemos menos tiempo fuera de casa y reposemos más”. Y bromea: “Como dice el dicho: las bicicletas son para el verano”. Así que, en este contexto, “la comida se convierte en un método saciante de la ansiedad que no quemamos fuera de nuestro hogar”.

¿Qué alimentos preferimos en invierno?

Molina defiende que, en su opinión, cambian las preferencias de los alimentos o los sabores que elegimos en esta época del año y, en este sentido, dejamos los alimentos “más ligeros” de lado y optamos por aquellos “más contundentes”.

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Foto: iStock.

“Preferimos, generalmente, los alimentos más ricos en hidratos (legumbres, patatas, tubérculos, etc) y también los que son más grasos (carnes guisadas, pescados azules…). En líneas generales, preferimos alimentos que son más saciantes y proporcionan calor, con digestiones un poco más largas”, apunta.

En los casos en los que la digestión no es muy ligera, hay quienes optan por comer porciones más pequeñas, con tentempiés entre horas, como equilibrio general. “Recordemos que la digestión proporciona un plus de actividad calorífica al cuerpo”, afirma.

El consejo: alimentos a evitar

El experto en nutrición ortomolecular aconseja utilizar los alimentos de temporada, es decir, es tiempo de calabazas, acelgas, ajos, brócoli, calabacín, canónigos, cebollas, coles, coliflor, escarola, espinacas, guisantes, habas, lechugas, nabos, patatas, etc. “Los vamos a disfrutar porque es la mejor temporada (me refiero a otoño e invierno) para comerlos. Siempre es mejor disfrutar de lo que nos da la naturaleza en su momento”, añade.

Por el contrario, “aunque se permite comerlos”, describe aquellos que es mejor evitar consumir, al menos en exceso, como los “alimentos que contengan grasas saturadas (normalmente de origen animal), o ingerir cantidades muy abundantes de alimentos (aunque sean ‘sanos’)”.

Y señala: “Lo cierto es que el cuerpo rechaza alimentos que enfrían (grandes ensaladas, por ejemplo), aunque recomiendo ingerir una proporción adecuada de este tipo de alimentos, en combinación con otros más densos como huevos, quesos, pescados, etc”.

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Foto: Unsplash/@alschim.

En palabras de Molina, si seguimos el ritmo “natural”, debemos comer “alimentos de temporada”, insiste. Por ejemplo, las frutas ricas en vitamina C como naranjas, limones, pomelos, granadas, membrillos, uvas, fresas, etc. Y recomienda ingerirlas “como tentempié, es decir, entre comidas”.

Y como clásicos de invierno destaca los caldos, de los que dice que son “muy hidratantes, ya que favorecen el mantenimiento de los niveles hídricos (con una baja temperatura, apetece menos beber, también se deshidrata menos el organismo)”.

Y por otro lado, aconseja evitar “un exceso de carbohidratos”. Y en esta línea recomienda: “Podemos incluir los cocidos y ollas clásicas en nuestra gastronomía mediterránea (sin que estén cargados en exceso). El uso de legumbres es una magnífica opción para no abundar en proteínas animales. Aunque, en general, ingiramos algunas calorías más, si evitamos el exceso de carbohidratos refinados y limitamos las grasas saturadas, conseguiremos mantener un equilibrio general bueno”, concluye.

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