El hallazgo que dará un vuelco al pronóstico del cáncer de páncreas
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Genética y pancreatitis

El hallazgo que dará un vuelco al pronóstico del cáncer de páncreas

La española Direna Alonso ha encontrado los factores que deben confluir para que se inicie el cáncer. Con ello se abre la puerta a su detección temprana, cuando tiene más posibilidades de curación. La revista 'Nature' publica el estudio

placeholder Foto: Direna Alonso, del Memorial Sloan Kettering Cancer Center.
Direna Alonso, del Memorial Sloan Kettering Cancer Center.

No es uno de los cánceres más habituales, pero tampoco es infrecuente. Con medio millón de nuevos casos en el mundo, el año pasado ocupó el puesto 12 en la clasificación de tumores. En España, 8.700 personas fueron diagnosticadas de esta enfermedad, según las cifras que maneja la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), y lo peor: más de 7.500 afectados fallecieron.

Los datos son reveladores del mal pronóstico que tiene y a la memoria colectiva acuden casos tan mediáticos como los de Luciano Pavarotti, Pedro Zerolo, Patrick Swayze o Rocío Jurado. El tiempo juega a favor del cáncer y en contra del enfermo, porque generalmente se detecta cuando ya está avanzado y queda poco margen para conseguir el éxito terapéutico.

La prioridad es ganarle la delantera al tumor, algo a lo que se viene resistiendo históricamente. Sin embargo, puede que el fin de su imbatibilidad esté más cerca gracias al tesón de la investigadora Direna Alonso Cubero, que después de cinco años de trabajo ha conseguido descubrir las bases moleculares de cómo y en qué momento exacto comienza el desarrollo tumoral.

Foto: El doctor Meneu, junto a su paciente Enrique Baraza. (Jorge Álvaro)
Enrique Baraza: el hombre que sí venció al cáncer de páncreas
Patricia Matey Fotos: Jorge Álvaro Manzano

Resumiendo mucho, el mecanismo consiste en la confluencia del motor genético del cáncer (concretamente, una mutación en el oncogén KRAS) y de un daño en el tejido pancreático (como el que sucede en la pancreatitis), una combinación que provoca alteraciones puntuales en como se organiza el ADN (epigenéticas) y, en consecuencia, las células normales se transforman en cancerosas.

Agresividad precoz

La investigación, que se ha desarrollado en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center (MSKCC), de Nueva York, uno de los centros más prestigiosos a nivel mundial, ha comprobado que “en las fases tempranas del desarrollo del tumor de páncreas, ya se encuentran más de la mitad de las alteraciones epigenéticas características de cánceres avanzados”, explica Alonso Cubero. Un hallazgo que “abre la puerta a futuras estrategias para la detección precoz y el tratamiento temprano de estos pacientes, cuyo pronóstico a día de hoy es muy malo”.

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Foto: iStock.

Los trabajos, en los que el grupo liderado por la española ha invertido 5 años, se han desarrollado en un modelo innovador de ratón. En los animales se ha encontrado que las propias enzimas del páncreas (que son las encargadas de degradar los alimentos) pueden lesionar el tejido y causar pancreatitis (una forma de inflamación). Si las células dañadas contienen, además, mutaciones en el gen KRAS, se descontrolan y en lugar de reparar el daño, inician el cáncer.

¿Cuándo comienza el proceso? Muy pronto, en las 48 horas posteriores a la lesión, pero el equipo del MSKCC ha comprobado que si se impide la activación de los genes alterados en las células dañadas, se interrumpe el inicio del cáncer de páncreas. El estudio completo se ha publicado en la revista 'Nature'.

Implicaciones prácticas

Esta investigación básica ayuda a comprender el papel que tiene el daño tisular de ciertas enfermedades en la promoción de este tipo de neoplasia. Es el caso de la pancreatitis, que está reconocida como un factor de riesgo del cáncer de páncreas, aunque, hasta ahora, no se sabía cómo sucede. En este sentido, Alonso enfatiza: “Nuestro estudio ha descubierto más de 8.000 alteraciones epigenéticas (en la estructura del ADN) que se inducen específicamente cuando confluyen el daño tisular y el oncogén KRAS mutado, y ofrecen un mecanismo para explicar la cooperación entre genética y ambiente en la iniciación del cáncer”.

"El trabajo sienta las bases para diseñar estrategias nuevas para detectar o interceptar el cáncer de páncreas en estadios más tempranos”

Esperar que de este resultado se vaya a obtener a corto plazo un marcador que oriente precozmente a la existencia de un tumor es prematuro, porque “lo que realmente hace es arrojar luz sobre la biología del cáncer de páncreas”, insiste a Alimente la primera autora del trabajo. Ahora bien, hecha esta aclaración, no descarta que nuevos estudios permitan encontrar entre toda esa información genética una valiosa herramienta para identificar a personas que tienen un riesgo aumentado de padecer este tipo de cáncer o para detectar precozmente el tumor.

placeholder Scott W. Lowe y Direna Alonso, del Memorial Sloan Kettering Cancer Center.
Scott W. Lowe y Direna Alonso, del Memorial Sloan Kettering Cancer Center.

Además, de entre esas 8.000 alteraciones se podrían identificar las que son más relevantes para las células de los tumores y a partir de ahí diseñar nuevas estrategias farmacológicas para inactivarlas.

La gran pregunta es: ¿este conocimiento se puede llevar a las consultas médicas? Direna Alonso no quiere sembrar falsas esperanzas, pero tampoco quitarle valor a lo descubierto: “Aunque queda mucho por entender, estamos muy ilusionados de haber expuesto el programa epigenético mediante el cual el daño al tejido pancreático, la inflamación y el oncogén KRAS se alían para iniciar el cáncer de páncreas, porque sienta las bases para diseñar estrategias nuevas para detectar o interceptar el cáncer de páncreas en estadios más tempranos”.

De nuevo la obesidad

Está aceptado que para que se desarrolle un cáncer de páncreas es necesario que exista una mutación genética, pero también se está empezando a reconocer el impacto que tienen la dieta y la obesidad.

placeholder Foto: Unsplash/@armandoascorve.
Foto: Unsplash/@armandoascorve.

Sobre la dieta, la bióloga española admite esa influencia constatada a través de estudios epidemiológicos, pero “hasta la fecha no hay resultados concluyentes que demuestren que intervenciones enfocadas a modular la alimentación influyan directamente en la formación o progresión del cáncer de páncreas”. En su opinión, la investigación de la relación entre dieta y cáncer “ha de ir más allá de estudios correlacionales” y debe establecer relaciones tipo causa-efecto y entender la influencia de la dieta y otros factores (la actividad física o los ritmos de sueño-vigilia) en la biología del cáncer.

Foto: Foto: iStock.

La obesidad también está en el punto de mira como promotora de cáncer. Su influencia admite diversos enfoques. Por ejemplo, “genera un estado basal de inflamación crónica que se ha asociado a un mayor riesgo de desarrollo tumoral; también altera el metabolismo de las células del sistema inmunitario y disminuye nuestras defensas contra el cáncer; o desajusta niveles de hormonas y factores de crecimiento que favorecen la proliferación de las células tumorales”, documenta la científica.

En el complejo puzle de la neoplasia pancreática, la alteración de la microbiota es otro actor que hay que tener en cuenta. Direna Alonso confirma: “La influencia de la obesidad y de la composición de la microbiota en el desarrollo de tumores humanos ocupan buena parte de la investigación. Aunque el trabajo que hemos publicado en 'Nature' no se enfoca en investigar estas cuestiones específicas, no se puede descartar que los mecanismos que describimos puedan estar influidos por factores como la obesidad o el microbioma intestinal”.

Aún queda mucho camino por andar, pero el diagnóstico temprano de la enfermedad está cada vez más cerca.

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