Los polifenoles de la dieta, el mejor complemento para tu inmunidad
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Los polifenoles de la dieta, el mejor complemento para tu inmunidad

Existen más de 8.000 compuestos diferentes y se encuentran en buena parte de los vegetales que comemos todos los días. Estos son algunos de los grandes beneficios que ofrecen

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El café, el té verde, el vino tinto o el chocolate negro son alimentos de consumo habitual con fama reconocida de ser beneficiosos para el corazón, la circulación y la tensión arterial, incluso de tener cierto poder protector frente al cáncer, enfermedades neurodegenerativas y hasta la obesidad. El secreto de sus poderes está en su alto contenido en polifenoles, unas moléculas que están presentes en los vegetales.

Hay más de 8.000 polifenoles diferentes, entre los que se encuentran taninos, lignina (un tipo de fibra) y flavonoides

Hay hasta 8.000 polifenoles diferentes, que van desde los taninos (que dan ese amargor característico de algunos alimentos, como el vino tinto, el café, los nísperos o las uvas) a la lignina (un tipo de fibra que confiere rigidez a las paredes de los vegetales y se encuentra en las nueces y las legumbres) o los flavonoides (se hallan sobre todo en frutas y verduras de colores rojos y verdes, como arándanos, ciruelas, fresas y espinacas).

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Desde hace 20 años, la investigación sobre estas moléculas no para de crecer y cada vez existe más evidencia científica sobre sus efectos antiinflamatorios, antimicrobianos, anticancerígenos y antioxidantes. Sin embargo, entre sus propiedades menos difundidas, pero altamente importantes, está la de modular el sistema inmunitario y la composición de la microbiota. ¿Qué importancia tiene esta cualidad? La de mejorar enfermedades de tipo autoinmune, como el asma y la rinitis alérgica, la enfermedad inflamatoria intestinal, el eccema, la dermatitis atópica, la diabetes tipo 1 y hasta la artritis reumatoide.

Revisando la literatura

Para desentrañar el mecanismo de actuación de los polifenoles en el sistema inmunitario, un equipo internacional de científicos ha examinado la literatura científica utilizando como palabras de búsqueda polifenoles, dermatitis, alergia, células inmunes y función inmune, entre otras. Después han analizado el papel de estas moléculas en diferentes trastornos y su conclusión general es que “los polifenoles son candidatos prometedores para nuevos enfoques terapéuticos complementarios. Pueden modular múltiples procesos del sistema inmunológico y reducir la carga de diversas enfermedades, alergias y trastornos autoinmunes”, resume el artículo publicado en la revista 'Nutrients'.

Efecto antiinflamatorio

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La inflamación es una manifestación del sistema defensivo del organismo, pero tan importante es que el proceso se ponga en marcha como que concluya a tiempo sin derivar en una respuesta dañina. La inflamación crónica está detrás de la obesidad y la diabetes, implicadas en el síndrome metabólico, que es un desencadenante de la enfermedad cardiovascular. Un equipo de científicos chinos ha encontrado que los polifenoles presentes en la piel de la granada disminuyen la producción de moléculas proinflamatorias (citoquinas, interferón y óxido nítrico), y eso reduce la inflamación. Un efecto similar sobre las moléculas inflamatorias produce el té verde.

En consecuencia, la granada y el té verde son buenos aliados para prevenir la inflamación crónica.

Contra la enfermedad inflamatoria intestinal

La cifra de personas que tienen colitis ulcerosa o enfermedad de Crohn (englobadas bajo el nombre de enfermedad inflamatoria intestinal) traza una línea ascendente desde hace 50 años, aunque es cierto que la incidencia varía entre los países, y va desde los 44,5 casos por 100.000 habitantes en Estados Unidos a los 15,5 casos en España. En la aparición de la EII están implicados factores genéticos, ambientales, alteraciones de la microbiota intestinal y la respuesta inmune.

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Los polifenoles actúan por diversos mecanismos: por una parte sobre las moléculas inflamatorias y por otra modulando genes implicados en la inflamación. Desde este enfoque, los investigadores han descubierto el papel beneficioso de la curcumina (el colorante de la cúrcuma) y el resveratrol (presente en las uvas).

Por su parte, los polifenoles del té verde promueven una microbiota saludable, al favorecer el crecimiento de especies beneficiosas -bifidobacterias y lactobacilos- e inhibir el de bacterias patógenas (E. coli y salmonella).

Los polifenoles del mango (galotaninos) mejoran la los síntomas de la EII, como ha demostrado un estudio en el que los participantes tomaron entre 200 y 400 g de pulpa de esta fruta durante 8 semanas.

Por tanto, los hallazgos conducen a deducir que los polifenoles pueden ayudar en la prevención y el tratamiento de la EII al reducir las moléculas proinflamatorias y promover el crecimiento de la microbiota beneficiosa en el intestino.

Menos alergia

Las reacciones alérgicas se producen por una hiperreacción de la respuesta inmune frente a alérgenos como los del medioambiente (polvo, polen de gramíneas) o los alimentos (leche, pescado, huevos, nueces y trigo), y en este campo existe abundante evidencia sobre el papel de los polifenoles.

Algunos de ellos influyen en las respuestas alérgicas en dos etapas críticas: primero en la sensibilización alérgica y segundo en la reexposición al alérgeno. Durante la fase de sensibilización, los polifenoles como el ácido cafeico (té verde, uvas, coles de Bruselas) y ferúlico (ciruelas) se unen a las proteínas alergénicas aminorando su reactividad, de forma que disminuyen los síntomas de la alergia.

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Los ácidos cafeico, ferúlico y clorogénico (café) pueden unirse a los alérgenos del cacahuete y reducir su alergenicidad.

Los polifenoles de los extractos de arándano interactúan con la gliadina de trigo formando complejos que reducen la alergenicidad a la proteína de este cereal. Un equipo de científicos japoneses encontró que la administración oral de un extracto de piel de uva blanca rico en polifenoles que había sido fermentado con Lactobacillus plantarum inhibía las respuestas alérgicas en comparación con la uva no fermentada.

Ralentizar la artritis reumatoide

Este trastorno autoinmune, que afecta al 1% de la población, especialmente a mujeres (tres veces más que a los hombres), destruye el cartílago y el hueso de las articulaciones. Aunque se piensa que la genética desempeña un papel relevante en su desarrollo, la ciencia ha encontrado que los polifenoles pueden ser útiles para su tratamiento. Por ejemplo, la curcumina, un potente agente antiinflamatorio, reduce algunas moléculas inflamatorias (interleucinas) e induce la muerte de ciertas células propias de la enfermedad.

El resveratrol tiene efectos protectores y terapéuticos en la artritis inflamatoria, porque bloquea las señales que promueven la inflamación. Investigadores de la Universidad de Assiut (Egipto) desarrollaron un ensayo clínico que demostró que una cápsula diaria de 1 g de resveratrol durante 3 meses redujo la hinchazón y el dolor a la palpación de las articulaciones al regular las citocinas proinflamatorias.

Los polifenoles de uva también han mostrado efectos inmunorreguladores, reductores de la inflamación y el estrés oxidativo, y alivian los síntomas de la enfermedad.

Y el aceite de oliva es otro agente a tener en cuenta para esta patología. Una investigación de la Universidad de Sevilla ha comprobado que la administración de extracto de polifenol de aceite de oliva virgen extra (100 y 200 mg/kg de peso corporal) en ratones artríticos también mejora la enfermedad.

Así pues, existe suficiente evidencia para no escatimar la presencia de alimentos abundantes en polifenoles en nuestra dieta. Pero tampoco hay que dejarse llevar por el entusiasmo desmedido: “Se requieren más investigaciones para validar clínicamente el potencial terapéutico de los polifenoles en la inmunomodulación, así como para explorar su interacción con la microbiota intestinal”, concluye el artículo de 'Nutrients'.

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