Por qué comer uvas y moras es tan bueno para tu salud hepática
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Por qué comer uvas y moras es tan bueno para tu salud hepática

El resveratrol es un potente antioxidante al que se le atribuyen efectos antienvejecimiento y protector frente a enfermedades cardiacas e incluso el cáncer. La ciencia recoge toda la evidencia sobre su poder para proteger el hígado

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Foto: Unsplash/@myriamzilles.

El resveratrol es una sustancia que producen algunas plantas para protegerse de las bacterias y de los hongos. Sus propiedades antioxidantes y su potencial efecto sobre problemas tan prevalentes como las enfermedades cardiovasculares y, sobre todo, el envejecimiento han sido sus bazas fuertes para atraer el interés de los investigadores y de la población, que ha hecho de los suplementos de resveratrol uno de sus preferidos.

Esa importante demanda tiene mucho que ver con la ciencia (y las habilidades empresariales) de David Sinclair, un profesor de genética de la Universidad de Harvard y creador de la empresa Sirtris Pharmaceuticals (para el desarrollo de medicamentos a partir del resveratrol). El investigador fue pionero en describir las propiedades antienvejecimiento de este compuesto, un hallazgo al que sucedieron otros lo suficientemente llamativos como para calificarlos de elixir de la eterna juventud.

La ciencia ha encontrado efectos positivos del resveratrol para reducir la tensión arterial y el colesterol, así como prevenir el alzhéimer

Los estudios centrados en esta molécula han determinado su efecto positivo en diversas situaciones, desde mejorar el estado de salud en ratones que siguen una dieta hipercalórica hasta disminuir las cifras de tensión arterial sistólica, rebajar los niveles de colesterol e incluso para prevenir la enfermedad de Alzheimer.

Lo que muestran los ensayos

Por tanto, no es de extrañar que se esté investigando el potencial del resveratrol para prevenir enfermedades hepáticas tan habituales como el hígado graso no alcohólico -una enfermedad que va en aumento y se asocia a la obesidad y la dieta–, el cáncer e infecciones víricas (hepatitis B y C). El grupo liderado por Marcello Persico, de la Universidad de Salerno (Italia), ha revisado los ensayos clínicos e 'in vitro' recogidos en la literatura científica y las conclusiones son dispares. Por ejemplo, para el hígado graso ha encontrado que una formulación micronizada de resveratrol (de alta biodisponibilidad) se perfila como una opción terapéutica, pero como los ensayos incluyen a pocos participantes, no se puede defender su eficacia.

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Antes que los italianos, un equipo del Centro Oncológico Albert Einstein, de Nueva York, revisaron los artículos científicos sobre el resveratrol, y para el hígado graso encontraron que administrar dosis de 300 mg diarios durante tres meses mejoran los marcadores de inflamación, el metabolismo de los lípidos y reducen las cifras de glucosa, como detalla el artículo publicado en 'Precision Oncology'. Pero, como le ha pasado al grupo de Salerno, el reducido número de participantes les impidió sacar conclusiones definitivas.

¿Y en cáncer? El trabajo de Marcello Persico, que aparece en la revista 'Nutrients', explica que el beneficio puede venir por su poder antiinflamatorio y por provocar unos efectos similares a la restricción calórica. En este caso, las dosis oscilan entre 0,5 y 5 gramos durante 29 días.

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También encontraron que el resveratrol mejora la supervivencia del trasplante hepático, obtiene resultados superiores en cirugía de hígado y disminuye las complicaciones derivadas de la irradiación por rayos X. ¿La pega? Todos estos resultados se consiguieron en experimentos en ratas, y aunque la investigación en animales es un paso previo a los estudios en humanos, no siempre se reproducen los resultados.

Futuros fármacos

A pesar de las limitaciones, los investigadores defienden en su artículo que “el resveratrol podría ser una opción prometedora, como se muestra a lo largo de nuestra revisión”. Todavía falta por determinar qué dosis son las más eficaces, así como sus intervalos de administración. También falta por comprender cómo usar esta molécula en las diferentes enfermedades hepáticas asociada con otros fármacos de tal forma que pueda ser una opción terapéutica válida.

“Las perspectivas futuras son prometedoras, ya que se ha demostrado que el resveratrol tiene efectos beneficiosos in vitro, in vivo y en ensayos clínicos”, insisten los autores, para quienes la limitación, hoy por hoy, es la limitada biodisponibilidad, que impide que alcance las propiedades farmacodinámicas óptimas.

Los mejores alimentos

Uvas, arándanos, cacahuetes y moras son las mejores fuentes dietéticas de este compuesto, pero quedan eclipsadas ante la supremacía del vino tinto, como recoge un estudio español liderado por Juan Gambini, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia.

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Estos científicos apuntan que la concentración de resveratrol en las plantas depende de varios factores, y en el caso concreto de la vid, del clima y de la presencia de hongos.

El contenido de resveratrol en el vino tinto proviene de las uvas, en particular de la piel, las semillas, los pecíolos y las partes leñosas. “Por eso, el vino tinto es más rico en este fenol que el vino blanco, porque durante la elaboración del tinto se maceran partes de la uva donde se concentra el resveratrol”. Después, la formación de alcohol durante la fermentación de la uva facilita su solubilidad y su extracción.

Con todo, nuestra dieta mediterránea no tiene la exclusiva del resveratrol. El extracto de raíz de la hierba Polygonum cuspidatum, empleada en la medicina tradicional japonesa y china, se utiliza en el tratamiento de varias enfermedades cardiovasculares, y otra hierba, Veratrum formosanum, se ha utilizado tradicionalmente en el este de Asia para tratar la hipertensión.

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