La ciencia estrecha el cerco a la relación entre genética y anorexia
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La ciencia estrecha el cerco a la relación entre genética y anorexia

Este tipo de desorden suele asociarse más a ellas que a ellos, y la proporción es de uno por cada nueve mujeres. Ahora llegan nuevos datos de cómo los genes son un factor determinante

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Actualmente, alrededor de un 4,1% de la población adolescente sufre algún tipo de trastorno de conducta alimentaria (TCA) entre los 12 y los 21 años. Este tipo de desorden suele asociarse más a mujeres que a hombres, y de hecho, la proporción es de uno por cada nueve mujeres. Se trata de la enfermedad mental con mayor mortalidad porque produce grandes complicaciones físicas y, en ocasiones, induce al suicidio.

Según la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), la anorexia y la bulimia son las enfermedades crónicas más comunes entre adolescentes, debido principalmente a la mayor vulnerabilidad que experimentamos en esta etapa de la vida. Sin embargo, cada vez son más los adultos que padecen este tipo de trastornos.

Se trata de trastornos relacionados con la autopercepción de la persona y la distorsión de la imagen corporal que se crean los afectados


Hay que tener en cuenta que, con el paso de la edad, se producen cambios fisiológicos, psicológicos (la resistencia a hábitos alimenticios y de vida y la adaptación a nuevas necesidades provocadas por la edad pueden generar alteraciones psicológicas) y socioeconómicos que favorecen la presencia de trastornos de conducta alimentaria.

En muchas ocasiones, el perfil de personas que padecen este trastorno se asocia con la práctica de deportes que implican altas exigencias, como puede ser el ballet, el atletismo, la natación sincronizada o la gimnasia. Según Ignacio Basurte, psiquiatra del Hospital Universitario Gregorio Marañón y secretario de la Sociedad Española de Patología Dual (SEPD), el prototipo de persona que más comúnmente sufre algún tipo de trastorno alimentario es una mujer universitaria de aproximadamente 26 años.

Foto: La desnutrición en la anorexia conlleva riesgo de muerte. (iStock)


Cuando hablamos de TCA nos referimos al conjunto de alteraciones graves relacionadas con la ingesta de comida asociadas a anomalías psicológicas. Se trata de trastornos relacionados con la autopercepción de la persona y la distorsión de la imagen corporal que se crean los afectados. Es cierto que cada persona sufre una historia particular concreta porque individualmente cada uno entiende la vida y se enfrenta a los problemas de una manera determinada. Esto, en ocasiones, genera que las personas tengan una visión de sí mismas que puede resultar no satisfactoria y desembocar en este tipo de trastornos.

¿Influye la genética?

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Al analizar el genoma de decenas de miles de personas, un equipo de la Universidad de Ginebra ha descubierto similitudes entre las bases genéticas de la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa o el trastorno por atracón y las de los trastornos psiquiátricos. “Los trastornos alimentarios difieren en su asociación genética con rasgos antropométricos como el peso, la circunferencia de la cintura o el índice de masa corporal. Por lo tanto, la predisposición genética a ciertos rasgos de peso puede ser una característica distintiva de la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa o el trastorno por atracón”, explican los autores.

El estudio, publicado en la 'Revista Internacional de Trastornos de la Alimentación', tiene como objetivo “comprender las similitudes y diferencias entre todos los trastornos alimentarios en el papel de los genes que gobiernan peso corporal”, en palabras de la profesora del Departamento de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la UNIGE, Nadia Micali, quien ha dirigido este trabajo.

La genética tiene también un papel importante en el desarrollo de este tipo de trastornos. Esto no quiere decir que exista una relación totalmente directa, pero, en ocasiones, esta predisposición genética se asocia con la convivencia que se lleva a cabo en el núcleo familiar, ya que se puede estar transmitiendo, aunque no intencionadamente, un modelo estético estricto basado en la delgadez y la preocupación por la apariencia física. Se cree que dichos genes tienen que ver con los neurotransmisores serotonina y dopamina, que están relacionados con un mal control de los impulsos y con trastornos afectivos.

“La anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa y el trastorno por atracón comparten el riesgo genético con ciertos trastornos psiquiátricos”, señala Micali


En este sentido, cuando hablamos de predisposición genética nos referimos a la susceptibilidad al trastorno, es decir, a la vulnerabilidad de la persona o del núcleo familiar. Aunque también existe un factor sociocultural clave, ya que la moda actual aboga por un físico delgado. Es frecuente que este tipo de afecciones se asocien con la aparición de trastornos obsesivos, ansiedad o depresión.

“Las similitudes radican en la asociación con los riesgos psiquiátricos: la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa y el trastorno por atracón comparten el riesgo genético con ciertos trastornos, en particular la esquizofrenia y la depresión, lo que confirma el fuerte componente psiquiátrico de estos”, considera Micali.

Sin embargo, apunta que “la gran diferencia se refiere a la genética asociada de la regulación del peso corporal, que es opuesta entre la anorexia, por un lado, y la bulimia nerviosa y el trastorno por atracón por el otro, este último vinculado a un alto riesgo genético de obesidad y un IMC alto”.

"Además, este estudio confirma una clara relación genética entre el trastorno por atracón y el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), que ya se observó clínicamente, lo que podría estar relacionado con una mayor impulsividad, que es compartida por estos trastornos", añade la autora del análisis.

Los más comunes y cómo enfrentarlos

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Los desórdenes alimenticios más comunes en nuestra sociedad, según apunta la Asociación contra la Anorexia y la Bulimia (ACAB), son la anorexia nerviosa, bulimia nerviosa y trastorno por atracón.

La anorexia nerviosa se caracteriza por la restricción y reducción voluntaria de la ingesta nutricional, que deriva en una significativa pérdida de peso. Las personas que lo padecen sienten un enorme miedo a ganar peso o a padecer obesidad y, en general, se sienten muy insatisfechas con su aspecto físico.

En el caso de la bulimia nerviosa, destacan los episodios de atracones descontrolados donde se ingiere una gran cantidad de comida en poco tiempo y generalmente de manera secreta. Para intentar compensar estos atracones, aparecen conductas límite como vomitar de manera inducida, hacer ayuno o aumentar la actividad física de manera agresiva.

En cuanto al trastorno por atracón, es un desorden muy similar a la bulimina nerviosa, ya que también destacan los episodios de ingesta compulsiva de alimento. La diferencia principal es que este trastorno no provoca conductas límite como las mencionadas anteriormente. Por el contrario, sí es frecuente que padezcan un alto grado de depresión, causado por un enorme malestar al recordar los atracones. En este caso, en muchas ocasiones las personas pueden llegar a padecer sobrepeso u obesidad.

Por su parte, la Asociación para la Defensa de la Atención a la Anorexia Nerviosa (ADANER) ha dispuesto algunas recomendaciones que se pueden llevar a cabo para mitigar o evitar los TCA:

  • Fraccionar la ingesta diaria en cinco comidas.
  • Evitar eludir hacer alguna comida, ya que eso provocará más hambre que desencadenará en ansiedad.
  • Comer de manera relajada y acompañado.
  • Llevar una alimentación variada. En caso de dieta, es recomendable seguir la dieta mediterránea, por ejemplo, que es considerada ligera y equilibrada.
  • Las dietas restrictivas sin asesoramiento médico no ayudan, ya que pueden desatar peores situaciones que perduren en el tiempo.
  • Incluir actividad física en tu vida cotidiana.
  • No buscar la perfección e intentar superarte día a día.
  • Expresar tus pensamientos y sentimientos.

En cuanto a tratamientos, a pesar de que en muchos casos los médicos acuden a medicamentos, como a los antidepresivos, estos no servirán de nada si no van acompañados de fuertes terapias psicológicas. En consonancia, también se debe llevar una recuperación nutricional, sobre todo en el caso de la anorexia nerviosa.

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