El fosfato es tu mayor enemigo a la hora de hacer ejercicio: evítalo
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El fosfato es tu mayor enemigo a la hora de hacer ejercicio: evítalo

Este aditivo alimentario, presente por ejemplo en algunos cereales, tomado en exceso aumenta las probabilidades de sedentarismo, lo que eleva el riesgo de sobrepeso. Huye de él

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El fosfato artificial suele estar presente en bollería industrial. (iStock)

Como es bien sabido, los alimentos que conforman nuestra dieta diaria están compuestos por un sinfín de sustancias y nutrientes que tienen un impacto en nuestro organismo. Uno de ellos es el fosfato, una partícula que contiene fósforo mineral y que forma parte del cuerpo humano como elemento fundamental del ADN y la distribución de la energía. Sin embargo, la industria alimentaria también ha recurrido a él de manera artificial con el objetivo de mantener el estado físico-químico de los productos, aumentar su capacidad aglutinante y, en algunos casos, mejorar el sabor.

En términos generales, no se trata de un químico perjudicial para la salud, siempre que se consuma de manera responsable, al igual que todos aquellos alimentos que lo incluyen en su composición a modo de conservante y saborizante. Los refrescos, la comida rápida, los dulces procesados, el queso, las salsas o las salchichas son solo algunos de ellos. El problema aparece cuando el consumidor está expuesto a una cantidad excesiva de E 338-452, el nombre que debemos localizar en el etiquetado para eludir su ingesta. Al parecer, este acelera el proceso de envejecimiento, aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares y la insuficiencia renal en pacientes con problemas en los riñones.

Sin embargo, un nuevo efecto de su consumo excesivo ha salido a relucir este año dejando a los expertos y los consumidores sumamente sorprendidos. ¿Sabíais que el fosfato reduce las ganas de hacer ejercicio físico?

La sustancia que te vuelve más sedentario

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Recientemente, un grupo de investigadores de la Universidad de Texas y la American Heart Association reveló a través de un estudio, publicado en la célebre revista científica 'Circulation', que los fosfatos artificiales pueden robarnos las ganas de practicar deporte a diario, convirtiéndonos en seres sedentarios e incrementando las probabilidades de sufrir sobrepeso u obesidad.

Este trabajo analizó los efectos de dicha sustancia en humanos de entre 18 y 65 años durante una semana. Aquellos que habían consumido alimentos ricos en fosfato mostraron menos ganas de hacer ejercicio en la cinta de correr y tenían menos capacidad para quemar grasa, en comparación con aquellos que se habían alimentado exclusivamente de productos naturales sin procesar. Unos resultados idénticos a los obtenidos por el mismo estudio realizado sobre ratones, confirmando así la teoría.

La cantidad diaria recomendada de fósforo son 700 miligramos, una cifra que en España superamos con creces

Como hemos visto anteriormente, el fosfato en sí no es una sustancia peligrosa para el organismo. Sin embargo, en España su consumo rebasa la cantidad diaria recomendada por la Sociedad Española de Nefrología, que la sitúa en los 700 miligramos de fosfato para cumplir con todas sus funciones. En cambio, la mayoría de españoles superan los dos o tres gramos de fosfato al día.

Por este motivo, los responsables del estudio aconsejan mirar concienzudamente las etiquetas de los envases para comprobar la presencia de E 338-452 en la composición del producto, pues se estima que el 85% de los platos precocinados contienen en alguna medida este compuesto. Lamentablemente, la mayoría de ellos ocultan la cantidad exacta de fosfato que se ha utilizado, dificultando dicha tarea.

La importancia del fósforo

Dejando de lado los problemas que ocasionan los fosfatos artificiales e inorgánicos, el fósforo es un mineral presente en alimentos naturales como las verduras, las legumbres, los frutos secos, los lácteos, el pescado o los cereales, entre otros. Su influencia en el organismo es necesaria para una adecuada salud ósea, la filtración de desechos, el control de posibles problemas gastrointestinales, la mejora de la memoria y la concentración, la producción de proteínas y, como hemos visto al comienzo del artículo, para almacenar y distribuir la energía y asegurar la estructura del ADN.

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Además, las mujeres son las más beneficiadas, pues los alimentos ricos en fósforo pueden contribuir a mejorar los signos propios de la menopausia debido a la producción y regulación de las hormonas vinculada a esta dieta, que se encargan de mantener el equilibrio en todo el organismo. Hablamos de los clásicos sofocos, los cambios en el estado de ánimo, la incontinencia, las sudoraciones nocturnas o el adelgazamiento de los huesos, una afección conocida también como osteoporosis.

Por otro lado, el fósforo es el segundo mineral más abundante en el cuerpo humano, solo por detrás del calcio. Sin embargo, únicamente el 40% o el 60% del fósforo que habita en él de forma natural se absorbe correctamente, mientras que los fosfatos artificiales cumplen dicha función en un 90%. Esto se debe a que este aditivo alimentario no está unido orgánicamente a otras moléculas, lo que facilita su asimilación. Pero, al mismo tiempo, se acumula irremediablemente provocando un aumento de la presión sanguínea, enfermedades renales o daño vascular. De ahí la importancia de controlar su presencia en nuestra alimentación.

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