Día Nacional de Celiaco: por qué no hacer dieta sin gluten si no lo eres
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Y cómo ir al súper y a un restaurante

Día Nacional de Celiaco: por qué no hacer dieta sin gluten si no lo eres

Alrededor del 2% de la población española es intolerante a esta proteína, una enfermedad que dificulta el día a día. Si no la padeces, no es recomendable prescindir de ella

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Este jueves, como cada 27 de mayo, se celebra en nuestro país el Día Nacional del Celiaco. Una fecha que las asociaciones de intolerantes al gluten de España quisieron marcar en el calendario con la finalidad de dar visibilidad y apoyo al colectivo. Cabe destacar que alrededor del 2% de la población padece enfermedad celiaca, lo que se traduce en que casi un millón de españoles podría tenerla.

Los síntomas más frecuentes de la celiaquía son la distensión o hinchazón abdominal, astenia (fatiga), pérdida de peso, retraso del crecimiento en niños, dolor abdominal inespecífico y dermatitis herpetiforme. Sin embargo, los cuadros pueden ser atípicos o no presentarse ningún síntoma, lo cual retrasa el diagnóstico.

El doctor Cristian Serra, especialista en aparato digestivo, explica que en la actualidad las intolerancias alimentarias se diagnostican cada día más porque aumenta la sospecha: “La población en general está cada día más informada y demandan atención médica de calidad. En cuanto a los síntomas, la mayoría de los casos son cuadros leves o poco sintomáticos que diagnosticamos por alteraciones en pruebas complementarias. Solo una minoría presenta cuadros típicos”.

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En concreto, en la celiaquía la detección también está creciendo: “Está aumentando el número de casos diagnosticados, que es hacia donde deben ir encaminados los esfuerzos. Aumentar la sospecha de la enfermedad y solicitar las pruebas complementarias adecuadas para llegar al diagnóstico final, y es hasta entonces cuando debe iniciarse una dieta sin gluten”.

Asimismo apunta cómo uno de los retos a superar “debe estar encaminado a sospechar de la enfermedad celiaca, desde los médicos de atención primaria y todas las especialidades, así se diagnosticarán cada vez más pacientes”.

Ir al súper: precios y etiquetado

En general, los precios de los productos específicos para celiacos son ligeramente superiores, aunque con el tiempo se han igualado bastante a los productos convencionales. “Es verdad que los procesos de producción y la materia prima que se utiliza para estos alimentos son más caros, y al final repercute en el precio final”, explica el médico.

Pero ir al supermercado puede ser un calvario no solo por los precios, también por saber elegir correctamente los productos para que no dañen su salud.

La dietista-nutricionista de la Clínica Anthea, Natalia Cuéllar Fernanz, alerta de que, a la hora de ir al supermercado, “en el caso de los celiacos es esencial e incluso vital saber interpretar el etiquetado de los productos”.

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La nutricionista destaca que un producto 'sin' implica que tiene menos de 20 partes por millón de gluten y es apto para celiacos.

“La espiga de trigo tachada es el símbolo internacional 'sin gluten'. Es un sello oficial pero privado, tienes que tener la autorización de FACE (Federación de Asociaciones de Celiacos de España) y, aunque es una marca de garantía, supone encarecimiento de los costes de producción, por lo que no todos los alimentos lo indican”, desarrolla.

En esta línea matiza que si pone 'bajo contenido en gluten', no es apto para celiacos. Y advierte: “Cuidado con los listados de alimentos no oficiales, pueden tener información errónea”.

“Es esencial que el paciente aprenda a reconocer los alimentos que llevan gluten y a sospechar de aquellos que puedan contenerlo. Incluso puede ser útil que los celiacos tengan listados de alimentos a mano, que, aunque no los hay oficiales, los elaboran las asociaciones de celiacos”, cuenta.

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La nutricionista señala que una buena idea es saber clasificar los alimentos en cuatro grupos y leer el etiquetado en función de a cuál de ellos pertenecen:

  1. Los que por naturaleza son sin gluten, es decir, alimentos genéricos (frutas, verduras, legumbres, carnes, pescados, huevos, leche…).
  2. Los que siempre tienen gluten (trigo, cebada, centeno, espelta, kamut, triticae y derivados de estos, como bizcochos, panes, galletas, bollería y pastas hechos con los mismos).
  3. Productos que pueden tener gluten o no, según la marca. Son productos procesados que no requieren gluten para su fabricación, pero puede haber contaminación cruzada pues se elaboran en una fábrica que usa gluten, como por ejemplo el jamón york o un yogur de sabores.
  4. Productos específicos sin gluten (son como los del grupo 2 pero en su 'versión sin gluten').

“Ante una etiqueta, un celiaco tiene que preguntarse si indica que tiene o puede contener trazas de gluten o si es un producto genérico apto, y luego ya ver el listado de ingredientes. Consejo, siempre… Ante la duda… no consumir. Porque a veces hay contradicciones y pone el producto 'sin gluten' y en el listado de ingredientes aparece, y puede ser un error de etiquetado”, concluye a este respecto la dietista.

Ir a un restaurante

Los celiacos deben tener mucho cuidado a la hora de comer fuera de casa. “En muchos restaurantes, a pesar de tener 'carta de alérgenos' o cumplir con la normativa de estos, eso no significa que esté contemplada la contaminación cruzada, ni los ingredientes (algo básico), y a lo mejor el chocolate con el que está hecho ese ‘postre sin gluten’ es un producto que sí que lo lleva”, ejemplifica la especialista en nutrición.

Se entiende por contaminación cruzada cuando un alimento sin gluten se impregna de esta sustancia al estar cerca de otros que sí la contienen, o al ser manipulado con instrumentos contaminados, por ejemplo los fogones y las cocinas, que es donde con más frecuencia se produce, ya que es muy difícil evitarlo. “Por ejemplo, si se están empanando o rebozando unos filetes con harina o pan rallado y cerca hay un bol de frutos secos, no es nada extraño que este pueda verse salpicado por una u otro y provocar que unos productos que en principio son aptos para el consumo de celiacos se contaminen y de manera involuntaria se conviertan en no aptos”, apunta.

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En concreto, Cuéllar señala que es importante la comunicación con el personal de la restauración: “A la hora de ir a un restaurante di que tienes celiaquía y pregunta (sin que parezca un interrogatorio y puedan sentirse atacados) opciones sin gluten, pregunta cómo evitan la contaminación cruzada en la plancha, freidora, horno y a la hora de servir. En los platos que ofrezcan como aptos para celiacos, intenta conocer los ingredientes a ver si son genéricos o certificados sin gluten”.

“En caso de duda, para un celiaco es preferible prescindir de los alimentos”, destaca la nutricionista.

Asimismo reconoce que “quizás porque cada vez aparecen más casos, resulta menos complicado que hace años atrás comer fuera de casa”. “El mundo de la restauración hoy en día es consciente de la nueva realidad y suele tener en cuenta a las personas con necesidades alimentarias especiales en el momento de crear su carta”, añade.

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“Los celiacos no deben tener ningún problema a la hora de ir a un restaurante y pedir toda clase de información sobre los platos y su proceso de elaboración. No hay que olvidar que el Reglamento (UE) n°1169/2011 recoge la obligación por parte de los restaurantes de ofrecer información a los clientes sobre los alérgenos que puedan contener sus platos, y los establecimientos que manejan alimentos no solo deben garantizar que la materia prima que utilizan está libre de gluten, sino que todo el proceso de almacenamiento, preparación y servicio es seguro frente a la contaminación cruzada”, subraya la nutricionista.

Por qué no hacer dieta sin gluten si no eres celiaco

En los últimos años se ha puesto de moda entre gente que no es celiaca realizar dietas que excluyen el gluten con el propósito de estar menos hinchado. Pero lo cierto es que "prescindir del gluten sin necesidad conlleva dificultar el hecho de realizar un correcto diagnóstico de celiaquía, así como originar limitaciones para el desarrollo de la digestión de un enorme grupo de alimentos", dice.

La especialista recuerda que, a menudo, en los productos etiquetados sin gluten se añaden grasas y otros aditivos que pueden ser más nocivos para la salud que lo que piensa la gente que pueda ser el gluten.

"Comer sin gluten, excepto en los que realmente son celiacos o sensibles al gluten, ni mejora la salud, ni el rendimiento ni la hinchazón. Y perjudica el bolsillo", resume Cuéllar.

Foto: Cada vez más marcas destacan la ausencia de gluten en sus productos (M.V). Montaje: Kike Villarino.

"Nadie debe ponerse a hacer una dieta sin gluten por su cuenta si el médico no le ha dicho antes que debe hacerlo. Aparte de ser cara, y a menudo innecesaria, llevar una dieta exenta de gluten impide realizar las pruebas diagnósticas encaminadas a saber cómo le sienta este al intestino, porque el paciente no lo está tomando", asevera. En este mismo sentido agrega: "No es que hayas adelgazado (moda muy extendida) por no comer gluten, lo que pasa es que has reducido la cantidad de calorías que tomabas al día al eliminar de tu dieta las pastas, las galletas, la bollería industrial, etcétera".

"No obstante, si no lo haces por moda y realmente te sientes mejor al dejar el gluten, puede ser que tengas un problema con esto, así que busca un diagnóstico", resume la nutricionista.

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