"Hemos maltratado muchísimo a nuestra microbiota con el abuso de antibióticos"
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Emilio Bouza, microbiólogo

"Hemos maltratado muchísimo a nuestra microbiota con el abuso de antibióticos"

El candidato al Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica 2021 lleva medio siglo estudiando las enfermedades infecciosas. Explica a Alimente cuáles son los peligros microbiológicos más inquietantes y las lecciones del SARS-CoV-2

placeholder Foto: Emilio Bouza, exjefe del Servicio de Microbiología del Hospital Gregorio Marañón.
Emilio Bouza, exjefe del Servicio de Microbiología del Hospital Gregorio Marañón.

El doctor Emilio Bouza es un referente de la microbiología clínica y las enfermedades infecciosas, un campo al que ha dedicado toda su carrera asistencial e investigadora. Medio siglo da para mucho: para completar su formación en el hospital de la Universidad de Los Ángeles, para regresar a Madrid y montar la Unidad de Enfermedades Infecciosas en el Hospital Ramón y Cajal, para vivir la ‘revolución’ del VIH, para fundar la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (Semic), para ser jefe de servicio en el Hospital Gregorio Marañón, para sufrir la irrupción de la pandemia por el SARS-CoV-2, ser nombrado portavoz del comité científico del grupo Covid-19 de Madrid y dimitir del cargo 48 horas después.

Todos los méritos del pasado le han puesto en el foco de un gran desafío futuro, que se resolverá el próximo 23 junio: aspirante al Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica, una candidatura promovida por el Colegio de Médicos de Madrid y apoyada por el resto de colegios de España, alumnos, asociaciones científicas y de pacientes. Ante esta iniciativa confiesa sentirse “profundamente agradecido y apabullado por la distinción, y premiado ya por lo que han hecho mis compañeros nominándome. Con esto he tenido el apoyo máximo que puede tener un profesional”.

Foto: Emilio Bouza. (EFE)

El profesor emérito repasa con Alimente algunos de los momentos históricos de las enfermedades infecciosas (fuera y dentro de los hospitales) y, cómo no, de la pandemia de covid y de cuáles son las amenazas futuras para la salud y para las que ya habría que diseñar una estrategia para afrontarlas.

La infección mejor es la que se evita, y hoy sabemos evitar muchas de esas infecciones”, defiende, y a pesar de ello “aceptamos que un 5% de la gente que ingresa en un hospital sin ninguna infección la adquiera durante su estancia, y eso en números absolutos alcanza una cifra enorme”. Cambiar esta realidad ha sido un objetivo de su trabajo.

PREGUNTA. La pandemia ha puesto el lavado de manos (junto con la mascarilla y la distancia interpersonal) en el centro de la prevención del contagio por el coronavirus. ¿También debería cumplirse escrupulosamente en el hospital para evitar infecciones nosocomiales?

RESPUESTA. El lavado de manos es una técnica del siglo XIX y es la demostración de que los profesionales sanitarios transmitimos infecciones con las manos. La cuestión no es que la gente no sea consciente de la importancia de este acto, sino el número de veces que deberíamos lavarnos. Un profesional sanitario de un hospital genera cada día entre 80 y 100 ocasiones que justifican un lavado de manos, pero hacerlo siempre es poco viable. Por eso, se desarrollaron desinfectantes para colocarlos a la cabecera de los pacientes o llevarlos en el bolsillo.

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Emilio Bouza. (EFE)

Los geles hidroalcohólicos han sido una revolución de finales del siglo XX y han cambiado mucho las cosas. Aun así, se hace difícil implementar la higiene de manos tantas veces como sería deseable (muchas veces no quedaría tiempo suficiente para atender al paciente), pero siempre lo tenemos en cuenta para controlar la transmisión.

La pandemia ha popularizado esta práctica y ya es corriente ver a todas las personas hacerse higiene de manos al entrar a una tienda. Creo que este es un valor añadido positivo que tenemos que agradecer a la pandemia. La higiene de manos ya es cultura popular.

Este año ha sido la primera vez en mi historia de infectólogo que no hemos tenido en el hospital ni un solo caso de gripe

P. ¿Esto puede marcar un punto de inflexión en la conciencia de las enfermedades infecciosas?

R. Sin ninguna duda. Ya lo ha marcado. Lo que sucede es que los humanos somos olvidadizos y se nos acabará olvidando que tenemos que hacer higiene de manos.

Otras medidas de higiene de la pandemia han revelado su utilidad: es la primera vez en mi historia de infectólogo en que no hay un ciclo de gripe. Este año, en nuestro hospital no hemos visto un solo paciente con gripe, porque la gente se ha confinado, ha interactuado menos con otras personas, se ha puesto una mascarilla y ha hecho higiene de manos. ¿Qué va a quedar de esto en el futuro? Estoy seguro de que algo permanecerá, y si somos capaces de demostrar que es posible evitar una oleada de gripe poniéndose mascarilla durante unos meses, e insistiendo en el lavado de manos, esto es un aprendizaje indiscutible de la pandemia.

P. La gripe es una infección que acarrea una alta mortalidad en algunos grupos de población…

R. Desde la epidemia de 1918, en los brotes anuales mata mucho, lo que ocurre es que no nos llama la atención, ya que no tiene ni la expansión ni la gravedad del coronavirus. Pero si esto nos ha servido para aprender que la gripe se puede evitar, es muy positivo.

La amenaza de las superbacterias

P. Siguiendo con el lavado de manos, ¿su cumplimento escrupuloso ayudaría a frenar ‘superbacterias’ resistentes a todos los antibióticos?

R. Por supuesto que se podría reducir su presión. De hecho, todos los hospitales tenemos programas para ello y muchas de esas medidas son las que hemos aplicado en pacientes con covid: que no compartan habitación en el hospital, mantener la distancia interpersonal, el lavado de manos... Si hacemos esto en toda la atención médica (hospitalaria y extrahospitalaria), está claro que las infecciones por organismos multirresistentes se pueden reducir. El Gregorio Marañón lleva años registrando disminuciones de la cifra de infecciones por organismos multirresistentes.

P. ¿Los hospitales están preparados para que los enfermos puedan estar en habitaciones individuales?

R. Yo no conozco el tema con absoluta solvencia, pero muchos lo han conseguido. No debemos olvidar que los tiempos de ingreso hospitalario se han reducido; muchos procedimientos, que antes requerían varios días de ingreso, se hacen en régimen ambulatorio; muchísimas enfermedades se están tratando en el domicilio del paciente y a distancia; los tiempos posquirúrgicos han disminuido notablemente, el número de días de estancia hospitalaria será cada vez menor, y todo ello llevará a que los hospitales cada vez tengan menos camas.

placeholder Un paciente de covid es trasladado por sanitarios. (EFE)
Un paciente de covid es trasladado por sanitarios. (EFE)

Cuando yo llegué al Marañón, tenía 2.500 camas, hoy día cuenta con 1.300 y hace sus funciones de una forma espléndida. No hacen falta tantas camas y se puede cuidar mejor el entorno, la privacidad de los pacientes y, en consecuencia, el control de la infección transmisible.

P. Volviendo al tema de las superbacterias, ¿cree que son una amenaza real?

R. No. A veces tenemos un cierto sesgo en la popularización de ciertos temas, pero esto no implica dejar de advertir que los organismos multirresistentes son, sin ninguna duda, un problema muy importante.

Hace una década, algunos autores de la prensa científica de mi área tenían una visión apocalíptica y decían que en el año 2020 no iba a haber antibióticos y que no era posible desarrollar otros nuevos. El CDC americano y la industria farmacéutica crearon el plan ‘Más de 10 nuevos antibióticos para 2020’, y se ha cumplido. Este ha sido un cambio.

También se ha producido un cambio en el diagnóstico. Muchas de las bacterias multirresistentes tienen que ver con el uso de antibióticos de amplio espectro -que eliminan mucha microbiota- cuando no sabemos el microorganismo que causa la infección. En pocos años, la revolución de microbiología, y de la ciencia en general, permitirá confirmar de forma instantánea la causa de las infecciones y, por tanto, a los infectólogos del año 2040 les sonará raro eso del ‘tratamiento empírico’.

La estrella es la microbiota

P. Se ha referido a la microbiota, un campo que está en plena ebullición. ¿Está justificada la enorme expectación que suscita?

R. Es muy importante. Algunos dicen que después de 500 años de anatomía acabamos de descubrir un nuevo órgano, que es la microbiota fecal. Dentro de nuestro cuerpo tenemos un tubo y en su interior un material que está siempre con nosotros que es biológica y microbiológicamente interesantísimo, que produce efectos extraordinarios y que contribuye a nuestra salud y, en ocasiones, a nuestra enfermedad.

Una de mis líneas de investigación es la diarrea por Clostridium difficile. Esta enfermedad ha puesto de relieve la importancia de los daños a la microbiota intestinal como sustrato esencial del problema. Trabajamos en el trasplante de microbiota fecal para curar a los pacientes que tienen recurrencia. En el hospital también se investiga el trasplante de la microbiota fecal en enfermedades que no son consideradas infecciosas (obesidad, enfermedad inflamatoria intestinal, insuficiencia cardiaca y hepática, etc), hay muchos campos en los que hay indicios para pensar que en ellos influye la microbiota fecal y sus alteraciones.

P. ¿Hemos maltratado mucho a nuestra microbiota?

R. Creo que el ser humano, hasta que aprende en cabeza propia, maltrata todo lo que le rodea. Hemos maltratado muchísimo nuestra microbiota, y la forma más reciente y obvia es el mal uso y abuso de antibióticos. La gente, empezando por los médicos, pensaba que un antibiótico nunca hace daño; aunque no supiéramos si iba a mejorar, sí creíamos que daño no hacía. Por eso, muchas veces los utilizábamos ‘por si acaso’. El uso y abuso de antibióticos ha sido la causa del maltrato a la microbiota y está detrás del 90-95% de los casos de diarrea asociada a C. difficile, que hoy en día es la causa más habitual de infección hospitalaria (nosocomial).

Los sanitarios más jóvenes se han sacrificado y despreciado su seguridad personal para cumplir con lo que la sociedad les pedía

Aciertos y errores pandémicos

P. ¿Cómo valora la gestión de la pandemia?

R. Los profesionales sanitarios, y la sociedad en general, han dado un ejemplo de quitarse el sombrero. La voluntad de ayudar, de ser positivo y arrimar el hombro ha sido la derivada más positiva de la pandemia. En particular, los sanitarios más jóvenes, que han tenido un sacrificio y una entrega y un desprecio por su seguridad personal para cumplir con lo que la sociedad les pedía. Para mí ha sido un gran impacto. Yo esperaba mucho de los jóvenes, pero no tanto.

P. ¿Los gestores también han estado a la altura?

R. Está muy de moda meterse con los políticos, pero la gestión que yo he vivido más de cerca, que es la hospitalaria, ha sido magnífica. Yo puedo juzgar a los míos, a los que he visto matándose. Y de los otros hospitales de Madrid que conozco, puedo decir que se han dejado el alma en ello.

placeholder Aplausos de los sanitarios durante la pandemia. (EFE)
Aplausos de los sanitarios durante la pandemia. (EFE)

¿A nivel político se ha cumplido igual? Cada cual tenemos nuestra opinión; yo creo que todo es mejorable y el arte de la política, a veces, conlleva una cierta separación de la realidad, y eso no es siempre bueno.

P. Le nombraron portavoz del comité científico del grupo Covid-19 de Madrid, un cargo del que dimitió a las 48 horas. ¿Por qué?

R. No hay nada que ocultar y lo expresé en una carta. Yo fui convocado a una reunión entre las autoridades sanitarias de la Comunidad de Madrid y las del Estado sobre la base de que se iba a establecer un sistema de concordia en el que yo podía representar como portavoz y científico que lo que se acordara allí no era efecto de una pugna política. Me pidieron esto para dos meses y por mi trayectoria profesional no podía decir que no.

Pero, a las 24 horas, algunos políticos se encargaron de demostrarme que no había tal espiritu de concordia y lo que había era una lucha intestina por el control de la Comunidad de Madrid. Ese claramente no era mi sitio, no era el lugar para un científico y presenté mi dimisión en 48 horas.

P. Ahora se enfrenta a otro reto: es candidato al Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica (se conocerá el día 23 de junio). ¿Se ve fuerte?

R. La presentación de mi candidatura ha sido una profunda sorpresa y una iniciativa del Colegio de Médicos de Madrid, que luego trasladó al resto de colegios de médicos de toda España, a la Academia Nacional de Medicina, etc, y que ha recabado un enorme apoyo. Yo no he presentado la candidatura y yo nunca habría aspirado a este premio ni creo merecerlo.

Sí creo que es digno que la infectología española, y más despues de una pandemia como la del coronavirus, pudiera ser la premiada y no tanto yo como persona.

Me siento profundamente agradecido y apabullado por la distinción y premiado ya por lo que han hecho mis compañeros nominándome. Con esto he tenido el apoyo máximo que puede tener un profesional.

Estoy seguro de que hay gente que se merece el galardón mucho más que yo.

P. Haciendo un ejercicio de futurología: ¿qué microorganismos nos pueden volver a dar un susto como lo ha hecho el SARS-CoV-2?

R. Las causas de patología transmisible en humanos son virus, bacterias, hongos y parásitos, a los que se añaden los priones. Los que más me preocupan son los que conocemos peor y para los que no tenemos agentes terapéuticos. Tenemos buenos antibacterianos, antifúngicos y algunos antivirales (sobre todo para VIH). Por tanto, los virus preocupan extraordinariamente.

El bioterrorismo es una amenaza que mantenemos con carácter retórico, pero que merecería más atención por parte del Estado

Inquietan mucho agentes que no son microorganismos pero pueden causar un daño enorme por la capacidad de transmitirlos a mucha gente y muy rápidamente. Hablo del bioterrorismo, que es una amenaza que mantenemos con carácter retórico, pero que merecería por parte del Estado más atención, más pensamiento y más estructuración real que teórica y más recursos.

Mi preocupación principal es que España tenga un gran plan de catástrofes de gran magnitud -de cualquier naturaleza, las infecciosas incluidas- que puedan afectar a miles de personas.

P. Cincuenta años dan para mucho. ¿Le ha quedado algo por hacer en su vida profesional?

R. Muchísimo por aprender. Ahora me doy cada vez más cuenta de todo lo que ignoro; me encantaría volver a empezar sabiendo lo que sé hoy y adquirir nuevos conocimientos. La impresión es que me voy a ir de este mundo con unos conocimientos escasísimos y de poquísimas cosas.

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