El peligro real de la mosca negra va más allá de sus terribles mordiscos
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El peligro real de la mosca negra va más allá de sus terribles mordiscos

Hace unos años que invade los cauces de los ríos, sobre todo en verano, y sus picaduras son tan dolorosas que requieren atención médica. Dos científicos explican en qué ciudades suponen un gran problema y cómo frenar su expansión

placeholder Foto: Picaduras de la mosca negra. (AVA-ASAJA)
Picaduras de la mosca negra. (AVA-ASAJA)

La proliferación de mosquitos y moscas es un peaje que pagamos por disfrutar del buen tiempo, aunque sean muy moletos. Pero una cosa es aceptar que alguna picadura nos vamos a llevar a lo largo del verano y otra es tener miedo a ser ‘comidos’ por algunas especies de estos insectos. Es la pesadilla que se vive en algunas zonas de España (Cataluña, Murcia y Extremadura, entre ellas) con la mosca negra, especialmente en Zaragoza, donde, desde hace años, hay una auténtica explosión de Simulium erythrocephalum (que es el nombre propio del insecto) y este verano promete no ser una excepción, por lo que el Ayuntamiento de la capital aragonesa está fumigando a conciencia los márgenes del Ebro, hasta con drones, para que no quede ningún resquicio donde puedan anidar las larvas.

La 'renaturalización' de los ríos favorece el desarrollo de especies vegetales que sirven de sustento a las larvas

Madrid vive el mismo problema, que es completamente nuevo para la mayoría de los ciudadanos aunque ya lo veían venir los biólogos cuando se decidió ‘renaturalizar’ algunos ríos (lo que favorece el desarrollo de determinadas especies vegetales que son el soporte para la mosca negra). El investigador Óscar Soriano, del Museo de Ciencias Naturales-CSIC, aclara que S. erythrocephalum se encuentra en los tramos bajos y medios de todos los ríos de la Comunidad de Madrid (Henares, Jarama, Manzanares y Tajo), aunque lo que ha saltado a la opinión pública es la ‘invasión’ en el sur de la capital, en Villaverde y en los municipios de Perales del Río y Getafe (también hubo un brote en el Club Deportivo Puerta de Hierro).

Atención médica

Los médicos de la zona son testigos de la ‘voracidad’ de estos mosquitos (sí, aunque recuerde a la mosca de la fruta, en realidad es un mosquito). “Este año ya han venido pacientes con picaduras tremendas y muy dolorosas, que requieren tratamiento urgente con corticoides y antihistamínicos inyectados”, asegura el doctor Juan Carlos Fuentes, del Centro de Salud de Los Rosales, en Villaverde.

Pero la cosa no ha hecho más que empezar porque, indica Soriano, “en Madrid se alcanza el pico poblacional de S. erythrocephalum en el mes de julio”.

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Actuación en el Ebro contra la mosca negra (EFE)

Ignacio Ruiz Arrondo, del Centro de Enfermedades Transmitidas por Artrópodos, del Centro de Investigación Biomédica de La Rioja (Cibir), conoce bien la magnitud de la picadura de la mosca negra. En una investigación publicada en 'Environmental Research and Public Health', documenta el número creciente de personas (más de 20.000) que, desde el año 2011 (cuando la mosca negra se implantó en las orillas del Ebro a su paso por la ciudad), han tenido que recibir atención médica en Zaragoza por las picaduras de los insectos y que suponen un problema de salud pública (también para el ganado) que exige tomar medidas para controlarlo. Además, existe la agravante de que la mosca negra es capaz de desplazarse varios kilómetros desde el río, lo que explica que ‘actúe’ también en el centro de la ciudad.

Modus operandi

Un artículo publicado en el 'Boletín de la Sociedad Entomológica Aragonesa', del que Ruiz Arrondo es el primer firmante, describe: “Los simúlidos (la especie a la que pertenece la mosca negra) rasgan la piel ayudándose de unas mandíbulas serradas, produciendo una pequeña herida. En el transcurso de la picadura inoculan una saliva que posee sustancias anestésicas, vasodilatadoras, anticoagulantes que hacen que la 'víctima' no sienta dolor en el momento de la picadura. Pero la saliva introducida es la responsable de las graves reacciones alérgicas que posteriormente sufren muchos de los individuos afectados. Una vez pasado el efecto anestésico, las picaduras, que se producen durante el día aunque con mayor frecuencia al atardecer, se vuelven dolorosas”.

Las lesiones duran varios días y, en algunos casos, se pueden infectar.

placeholder Una mosca negra
Una mosca negra

Con todo, lo realmente importante es si transmite enfermedades graves. Los dos investigadores trabajan conjuntamente para determinar esa posibilidad en nuestro país. “Los simúlidos son el principal transmisor del parásito Leucocytozoon que afecta a las aves. También es capaz de transmitir otros parásitos como Onchocerca a los animales y al ser humano. De hecho, la enfermedad más importante que pueden difundir es la oncocercosis o ceguera de los ríos, que es endémica de África y ciertos países en América, pero no está presente en Europa”, describe el investigador del Cibir.

La mejor protección

Una vez admitido que ‘tenemos un problema’, lo que se debe hacer es intentar combatirlo. ¿Cómo? Individual y públicamente. “A nivel individual, los vecinos pueden evitar las horas de mayor actividad de este insecto (al amanecer y atardecer) en las orillas de los ríos afectados, vestir manga larga y colores claros, y utilizar repelentes o cremas hidratantes específicas que se ha visto que son eficaces contra este insecto”, recomienda Ignacio Ruiz.

placeholder Foto: iStock.
Foto: iStock.

Pero, como toda plaga, “requiere de un control y esa es responsabilidad municipal. Su control debe centrarse en la eliminación de las larvas en los cauces de los ríos aplicando un biolarvicida ecológico basado en la bacteria Bacillus thuringiensis israelensis (BTI). Además, los municipios afectados en una misma zona deberían mancomunarse para tratar conjuntamente esta plaga y los gobiernos regionales apoyar en su control”.

En Madrid, la aplicación de BTI “está dando muy buenos resultados”, y además se cortan (y retiran) las plantas acuáticas que sirven de sustento a las larvas", asegura Oscar Soriano.

Vieja conocida

Ambos científicos insisten en que la mosca negra no es una recién llegada ni una especie invasora, lleva instalada en nuestros ríos desde mediados del siglo pasado, pero desde hace años se han dado las condiciones para la 'tormenta perfecta' que ha favorecido su proliferación: ríos degradados que comienzan a recuperar su vegetación y calentamiento de temperaturas en invierno y en primavera que aceleran el ciclo de desarrollo. Pero no hay que caer en el pesimismo porque, en opinión de Óscar Soriano, “si los ríos siguen mejorando, el problema desaparecerá. Estamos en un momento crítico, pero volveremos a los años 40 del siglo pasado, cuando no había plagas de este mosquito”.

Tampoco representa, por ahora, amenaza para nuestra salud “Hasta donde sabemos, no nos van a transmitir ninguna enfermedad, aunque sí son un problema de salud pública por las picaduras masivas que ocasionan y los cuadros alérgicos”, insiste Ignacio Ruiz, sin pasar por alto que “afectan considerablemente el bienestar de la ciudadanía, además de suponer un freno económico en varios sectores como la agricultura, ganadería o el turismo”.

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