Descubren cómo influye la microbiota en las enfermedades neurodegenerativas
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Investigación en 'Science'

Descubren cómo influye la microbiota en las enfermedades neurodegenerativas

Las bacterias intestinales expulsan sus 'residuos' a la sangre y de ahí llegan al cerebro. Este mecanismo influye en el desarrollo de trastornos como ELA o alzhéimer

placeholder Foto: El archivo y la silla de Stephen Hawking se conservarán en museos de Londres. (EFE)
El archivo y la silla de Stephen Hawking se conservarán en museos de Londres. (EFE)

El estudio de la microbiota es uno de los campos más activos y apasionantes de las ciencias de la salud y cada día revela nuevos hallazgos con un gran potencial para el bienestar humano. Uno de los aspectos más esperanzadores es su implicación en el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas, como el párkinson, el alzhéimer o la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), que afectan a millones de personas y sobre las que persisten grandes dudas acerca de cómo y cuándo comienzan.

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Los últimos descubrimientos de esa relación llegan de la investigación de Eran Blacher, del departamento de Neurología de la Universidad de Stanford (California), y demuestran que conocer en profundidad el microbioma y su metabolismo puede ofrecer nuevos enfoques para abordar las enfermedades neurodegenerativas. "Creo que algunas respuestas pueden estar en el intestino y que el estudio de los procesos biológicos que ocurren fuera del cerebro arroja una nueva luz sobre algunas viejas preguntas en este campo y, tal vez, incluso revolucionar la neurociencia", afirma el investigador.

Destino, el cerebro

Eran Blacher es el ganador del premio Noster Science 2021 por su ensayo ‘En busca del eslabón perdido entre el microbioma, los metabolitos y la neurodegeneración’, que se publica hoy en la revista 'Science'. "La conclusión principal del ensayo es que el microbioma intestinal y sus metabolitos tienen un gran impacto en la salud y las enfermedades humanas, un enfoque en el cerebro es una nueva frontera fascinante".

La conexión intestino-cerebro está demostrada científicamente. Una de las formas de esa relación es el paso de metabolitos bacterianos a la sangre a través de la cual consiguen llegar al cerebro, donde modulan la actividad de las células (neuronas y astrocitos).

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Eran Blacher. (Foto: Universidad de Stanford)

Sin embargo, el microbioma intestinal es muy sensible a factores ambientales, como la nutrición, los ritmos circadianos, la actividad física, la higiene y la exposición a fármacos o contaminantes, que pueden hacer que su composición cambie rápidamente y eso tenga un impacto significativo en la salud.

El grupo de Eran Blacher ha estudiado el papel de la microbiota y sus metabolitos en la ELA, una enfermedad neurodegenerativa progresiva que afecta a las células nerviosas del cerebro y la médula espinal. Para ello, destruyeron con antibióticos los microorganismos del intestino de ratones transgénicos propensos a ELA, lo que les permitió identificar alteraciones en los metabolitos que preceden a los trastornos de movimiento que marcan el inicio de la enfermedad y 11 cepas microbianas distintas que se correlacionan con su gravedad.

Respuesta a un probiótico

El tratamiento probiótico de los ratones con el microbio intestinal Akkermansia muciniphila o su metabolito asociado (nicotinamida ó vitamina B3) mejoró los síntomas de la ELA (fundamentalmente los motores). En un estudio observacional preliminar en humanos, los investigadores encontraron cambios similares en la composición y función del microbioma de los pacientes con ELA, asociados con niveles reducidos de nicotinamida en suero y líquido cefalorraquídeo.

"Los resultados de este estudio merecen un estudio clínico intervencionista más grande que puede llevar algunos años"

"Desafortunadamente, la ELA todavía es una enfermedad incurable y devastadora, y los hallazgos de la investigación están muy lejos de sugerir algún tratamiento", subraya Blacher. "Sin embargo, los resultados de este trabajo merecen un estudio clínico intervencionista más grande que puede llevar años y, con suerte, permitir apreciar el potencial de la nicotinamida como un posible fármaco modificador de la enfermedad en la ELA humana".

Con su investigación, el neurólogo de la Universidad de Stanford abre grandes interrogantes, como si el examen del microbioma será útil para conocer en qué momento comienzan a originarse las enfermedades neurodegenerativas. “Es cierto que algunas se inician mucho antes de que podamos diagnosticarlas en un paciente, y una vez que aparecen los síntomas pueden representar una fase de la secuencia patológica. Sin embargo, en este punto no podemos establecer una conexión”, señala el científico a El Confidencial. “Para responder a esta pregunta tendríamos que seguir longitudinalmente a los individuos y monitorizar sus composiciones de microbioma, funciones y metabolomas a lo largo de la vida a partir de una edad muy temprana. Dado que se trata de un área de investigación relativamente 'nueva' y algunas de sus tecnologías asociadas tienen solo entre 8 y 10 años, este tipo de estudios aún no se pueden extender a muchas personas".

La frontera entre el laboratorio y la vida real

El neuroinmunólogo insiste en su entrevista con este periódico que sus hallazgos se quedan, por ahora, en el terreno puramente experimental. Aun así, las expectativas que se abren son enormes, por ejemplo, la posibilidad de modular el riesgo para retrasar la enfermedad neurodegenerativa. “El microbioma es muy 'flexible' en su composición y funciones, y hay muchos casos en los que un solo factor ambiental, como el uso de antibióticos, probióticos o una enfermedad infecciosa, puede cambiarlo de forma irreversible. Con todo, en la mayoría de los casos, los cambios en el microbioma no tienen ninguna consecuencia clínica significativa”.

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Foto: iStock

En su opinión, el próximo gran desafío es encontrar científicamente relaciones causales clínicamente relevantes entre microbiomas y enfermedades humanas y, remarca, “no solo asociaciones y correlaciones”. Blacher defiende la necesidad de desarrollar grandes estudios con personas para confirmar lo encontrado en animales, y “solo cuando los resultados de dichos estudios estén disponibles, será posible encontrar un vínculo clínicamente relevante”.

"La nutrición es uno de los factores ambientales clave que da forma a nuestro microbioma"

Uno de los mensajes más claros que nos llegan a los ciudadanos acerca de la microbiota es que es extremadamente sensible a nuestro estilo de vida. “Una extensa investigación realizada durante la última década muestra que el microbioma integra señales ambientales y puede responder rápidamente a ellas cambiando su composición y/o función. La nutrición es uno de los factores ambientales clave que da forma a nuestro microbioma, pero también los ritmos circadianos que dictan el tiempo de alimentación a lo largo del día, la actividad física, la higiene y la exposición a contaminantes”.

La vía del conocimiento

La capacidad para responder (para bien o para mal) a nuestras acciones cotidianas y así influir en la salud es un gran potencial de la microbiota. Por ello, la perspectiva de poder prevenir enfermedades neurodegenerativas con un probiótico es altamente atractivo y ¿demasiado optimista? El investigador, nuevamente, nos sumerge en la realidad: “No podemos pensar en eso basándonos en los datos de los que disponemos hasta ahora. De ninguna manera estamos dando a entender que hemos detenido, curado o revertido la enfermedad. Ni siquiera podemos pensar que estos hallazgos sean una nueva cura o tratamiento que las personas puedan hacer en su casa”.

En cualquier caso, lo que sí queda confirmado es que las bacterias intestinales desempeñan un papel fundamental en la salud neurológica y que conocerlas es avanzar en la prevención y el abordaje de las afecciones neurodegenerativas y psiquiátricas. El doctor Blacher reconoce que es posible “aprender muchas cosas nuevas e interesantes de los microbios intestinales sobre el estado metabólico de sus huéspedes, y estos hallazgos pueden ayudarnos a comprender mejor los procesos fisiológicos y fisiopatológicos”. E insiste en su mensaje: “El camino para desarrollar un tratamiento basado en estos hallazgos es todavía muy largo y no es probable que un cambio en un solo metabolito o una bacteria explique toda la etiología de estas complejas enfermedades multifactoriales”.

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