El cloro de la piscina puede hacer que la salud de tus dientes se resienta
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El cloro de la piscina puede hacer que la salud de tus dientes se resienta

Para evitar el aumento de la sensibilidad, el cúmulo de sarro o el desgaste, es importante cuidar la alimentación

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España es el cuarto país del mundo y el segundo de Europa en número de piscinas. Desde la Asociación Española de Profesionales del Sector Piscinas calculan que en nuestro país hay más de 1,3 millones, sumando las de uso residencial, las públicas y las colectivas. Para mantener el agua en buen estado, el cloro un gran aliado. Sin embargo, este elemento químico puede dañar diferentes partes del cuerpo: los ojos, los oídos e incluso nuestra boca.

Aunque el cloro no tiene por qué causar daños severos en los bañistas ocasionales, sí que conviene saber qué puede implicar para la salud de dientes y encías. Así, no habrá que preocuparse de ningún problema dental a lo largo del verano.

Jorge Ferrús, periodoncista, implantólogo y cofundador de la Clínica Dental Ferrus & Bratos de Madrid explica cómo afecta el cloro a la cavidad oral y de qué forma podemos protegernos para cuidar nuestra sonrisa.

La sensibilidad dental

Por sus propiedades reactivas, el cloro provoca a largo plazo un aumento de la sensibilidad dental. Aunque este problema se achaca generalmente a la ingesta de alimentos o bebidas muy frías –refrescos, sorbetes, helados…–, lo cierto es que también puede aparecer al ingerir comidas a temperatura ambiente.

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“Esta sensibilidad aparece debido a un debilitamiento o desgaste en el esmalte, que es la capa externa del diente y la más resistente. Cuando esta se vuelve más fina, las piezas se vuelven más sensibles ante los agentes externos”, explica el doctor Ferrús.

Incluso el aire frío puede hacer que notemos ese característico dolor punzante y localizado. Por ello, el cloro hace que el esmalte se vaya volviendo más fino con el paso del tiempo.

Hidratación: elemento clave para protegernos de las caries

Al igual que el cloro hace que tengamos la piel más irritada y reseca, provoca una disminución de saliva en la cavidad oral. Esto, unido a que los días en los que la temperatura es más alta y experimentamos una mayor deshidratación, puede propiciar la aparición de caries.

En este sentido, el dentista explica que “una de las funciones de la saliva es equilibrar el Ph de la boca, controlando el nivel de ácidos producidos por la placa bacteriana y por las comidas que ingerimos.”

Pero es que una boca con una baja secreción salival es el entorno idóneo para la aparición de lesiones cariosas, ya que no se diluyen los azúcares presentes en ciertos alimentos.

“La saliva contribuye, además, a la mineralización de los dientes y refuerza el esmalte. Esto, unido a su acción antibacteriana, protege las piezas dentales del efecto corrosivo de las caries”, añade el cofundador de la Clínica Dental Ferrus & Bratos.

Protege tus dientes si vas a la piscina

“Como decía, estos problemas suelen darse con mayor frecuencia en deportistas profesionales o nadadores habituales más que en bañistas ocasionales. Aun así, es importante conocer los efectos del cloro en la boca”, incide el doctor.

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Con el fin de evitar estos inconvenientes, es aconsejable que bebamos abundante agua tras bañarnos y nos mantengamos bien hidratados.

Del mismo modo, la dieta tiene un papel esencial dentro de nuestro organismo y, cómo no, afecta directamente al estado de nuestra boca.

“Por ello, hay una serie de alimentos que no debemos olvidar consumir en verano con el fin de disfrutar de una sonrisa estética y muy sana: productos lácteos, verduras, pescados y carnes que aportan los nutrientes y vitaminas necesarios para el cuerpo”, concluye.

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