Diez personas se suicidan cada día en España: factores de riesgo y señales de alerta
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Día Mundial para la Prevención del Suicidio

Diez personas se suicidan cada día en España: factores de riesgo y señales de alerta

La mayoría de estos casos son ocultados bajo el estigma, el tabú y el silencio que envuelven una realidad de nuestra sociedad

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Durante el año 2020 y todo lo que llevamos del 2021, hemos convivido con dos pandemias. Por un lado, nos hemos enfrentado a una visible y con efectos a nivel mundial, la ocasionada por el coronavirus. Además, por otro, hemos sufrido una silenciosa, amenazante y globalizada, que lleva años instalada en nuestra sociedad: el suicidio. Y es que, según datos de la propia Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada 100 muertes en el mundo es un suicidio, siendo una de las principales causas de deceso en todo el planeta.

Teniendo en cuenta estos datos tan alarmantes –que suelen pasar desapercibidos–, desde el año 2003 la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio –en colaboración con la OMS– ha promovido el 10 de septiembre como el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. El objetivo de esta fecha es concienciar a nivel mundial de que el suicidio puede prevenirse.

En España, en torno a 10 personas se suicidan cada día, según calcula el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid. La mayoría de estos casos son ocultados bajo el estigma, el tabú y el silencio que envuelven una realidad que causa alrededor de un millón de fallecimientos en el mundo cada año, una muerte cada 40 segundos.

Los últimos datos que recoge el Instituto Nacional de Estadística en el año 2019 reflejan una cifra que no deja de sorprender a profesionales, a agentes de prevención, a una sociedad que necesita de herramientas y estrategias de prevención ante un grave problema de atención pública. En total, 3.671 personas murieron por suicidio en 2019, de las cuales 2.771 eran hombres y 900 eran mujeres.

“Visibilizar el suicidio salva vidas”, señala a El Confidencial el decano del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid (COP Madrid), José Antonio Luengo. Y continúa: “Hay que hablar del suicidio, pero no como se hace normalmente, que se centra en un suicida y en el morbo. Hay que tratarlo sin que haga falta que haya una noticia. Debemos hablar de los trastornos del estado de ánimo, del dolor psicológico crónico y la desesperanza. Para que todo el mundo, en diferentes contextos, entienda que hay salida y que se sabe ya qué se puede hacer”.

Factores de protección y de riesgo para el suicidio

El psicólogo educativo y sanitario explica que hay unos factores de riesgo y protección que están muy acuñados en la literatura científica en relación con el suicidio. "Valen para toda la población. Eso sí, no es lo mismo un chaval de 10 años que empieza a tener ideas suicidas ligadas a un ‘shock’ que ha vivido que una persona de 30 que vive otra distinta", apunta.

“Hay factores protectores que tienen que ver con el ambiente familiar y en el caso de los adolescentes los modelos educativos que viven como individuos. Cuanto mejor es el ambiente familiar y la relación entre los miembros de la familia, más protección tienen las personas ante posibles situaciones traumáticas insospechadas que puedan llevarles a una situación muy dolorosa”, asegura Luengo.

Asimismo, el psicólogo destaca como factores protectores “las características personales del individuo, sus características cognitivas, la manera de ver la vida, de interpretar lo que le rodea”. “Cuantas más habilidades sociales tenga un individuo, que son un factor de protección, evidentemente tiene más protección en relación con sucesos estresantes, la confianza en sí mismo, el autoconcepto, la autoestima con tu propia situación”, añade.

Además, es importante “la capacidad para buscar ayuda cuando surgen dificultades. Ser capaz de buscar ayuda y explicar lo que pasa”. Del mismo modo, hace hincapié en la importancia de saber tomar decisiones y afrontar los problemas.

Por otro lado, subraya también como factores protectores los elementos culturales y sociodemográficos: “Por ejemplo, tener una buena integración social, más allá de tu rutina, tener ocio, actividades deportivas, saber que hay espacios donde vas a disfrutar y perderte un poco, liberarte y desconectar”.

Más concretamente, en cuanto a factores de riesgo el experto en salud mental enumera:

  • Una pérdida reciente y seria.
  • Rupturas, divorcios.
  • Pérdidas de empleo o que puedan suponer un cambio de estatus en el caso de personas que están trabajando y se queden fuera de juego, sin expectativas, lo que podría llevarles a peder la autoestima.
  • Sufrir un trastorno como una depresión, estrés mantenido o una ansiedad invalidante.
  • Consumir alcohol y otras sustancias.
  • Problemas disciplinarios.
  • Comportamientos de riesgo que fácilmente lleven a vivir experiencias muy oscuras.
  • Falta de apoyo social.
  • Enfermedad mental. Pero, a pesar de la estigmatización que existe, Luengo matiza que no tiene por qué relacionarse con el suicidio, para nada, sino que simplemente la persona “haya sufrido una experiencia muy dolorosa que provoca un grave dolor, sin tener que ser un trastorno mental”.

Señales de alerta del suicidio

“A veces una persona con un cuadro depresivo lleva dos años y no mejora, vas viendo cuando hablas con ella que sigue sufriendo, que habla de que ‘esto no merece la pena’ y no hace nada para salir de ello. Estas son señales bastante claras, aunque no te diga ‘me quiero morir”, ejemplifica Luengo.

Más concretamente, el psicólogo afirma que es importante observar “las tres D”: dolor psicológico, desesperanza y desconexión. “Son claves muy marcadas”, apostilla

“Lo importante para los especialistas es saber leer entre líneas, cuando no se dice directamente ‘no quiero vivir”, recalca.

Pero en ocasiones ocurre que una persona no acude a un especialista y su entorno no es capaz de interpretar las señales. O no se da importancia a ciertos comentarios, pensando que es una forma de llamar la atención. En caso de enfrentarse a una situación propia o de un conocido que no se sepa manejar, lo más recomendable es acudir a un especialista.

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