Los peores mitos sobre la próstata desmentidos por los expertos
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Día de la Salud Prostática

Los peores mitos sobre la próstata desmentidos por los expertos

Enfermedades de viejos, una buena actividad sexual o el ciclismo no es bueno son ideas falsas relacionadas con esta glándula. Lo realmente peligroso son el miedo y los tabús

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La próstata es una glándula del tamaño de una nuez que se encuentra debajo de la vejiga y delante del recto; su función es segregar líquido seminal y producir los espasmos de la eyaculación. Este apunte anatómico carece de interés para la inmensa mayoría de los varones hasta que se ‘rebela’ y se hace notar. ¿Cómo? Pues de diferentes maneras, pero sobre todo como alteraciones en la micción (frecuencia, cantidad, fuerza del chorro, etc) o dolor.

En ese momento, el hombre toma conciencia de su próstata -su pareja también debería hacerlo, sugieren los urólogos- y se da cuenta de los tópicos que hay en torno a ella. Para informar de la importancia que tiene prestar atención a esta parte del aparato reproductor masculino y no infravalorar ningún síntoma, hoy se conmemora el Día Europeo de la Salud Prostática. Pero para sospechar que puede existir un problema, lo primero es saber qué es verdad y desmontar las ‘fake news’ relacionadas con la próstata.

En Alimente hablamos con el doctor José Manuel Cózar, presidente de la Fundación para la Investigación en Urología (FIU), que aclara ideas falsas muy extendidas

La próstata es un ‘problema de viejos’

Este es el mito más aceptado, pero la realidad es que todos los hombres están expuestos a afecciones prostáticas, y a cada edad le corresponde una enfermedad.

Los varones jóvenes (de 20 a 45 años) pueden sufrir prostatitis que llegan a complicar su calidad de vida

Prostatitis. Es la patología más frecuente en hombres jóvenes, de entre 20 y 45 años de edad. “Todos los varones tenemos próstata desde que nacemos y es imprescindible para la fertilidad. La próstata se va desarrollando al llegar a la adolescencia y, a partir de la segunda década, la patología infecciosa e inflamatoria es la más frecuente”, resume Cózar, que aclara: “Hay multitud de variables en torno a la prostatitis, y la Asociación Española de Urología ha creado una sección para pacientes en la que responde todas las dudas”. Pero hay una cosa clara: “Cuando el proceso se repite, la calidad de vida disminuye, por eso no hay que banalizarla y consultar con el urólogo, que dispone de los test necesarios para hacer el diagnóstico”.

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Hiperplasia próstatica benigna (HPB). Es lo que comúnmente se llama próstata agrandada, y aparece a partir de los 50 años, cuando el cuerpo del hombre comienza a cambiar. “Es un proceso natural, y a partir de los 70 u 80 años todos los varones tienen hiperplasia de próstata”. Es equiparable a los cambios asociados a la menopausia en la mujer, aunque, para ser precisos, “en los hombres no hay una retirada hormonal, pero sí cambios”.

Los síntomas más frecuentes son: disminución de la fuerza del chorro miccional -es la primera señal de que la próstata ha aumentado de tamaño-, urgencia miccional, levantarse más de una vez por la noche a orinar o escozor al orinar, entre otros, y aumentan con la edad.

Con todo, la HPB “no siempre es sintomática. A los 50 años, el 10% de los hombres tiene síntomas prostáticos; a los 60 años, el 20% y a los 80 años, el 60% de los afectados”.

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Cáncer. Es la neoplasia más frecuente en los hombres, y la que más muertes causa después de los tumores de pulmón y colorrectal, según la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). El 90% de los casos se diagnóstica a partir de los 65 años, aunque la edad media de los afectados es de 75 años. “El gran problema es que el cáncer de próstata muchas veces no da síntomas y, cuando lo hace, se pueden confundir con los de la hiperplasia. Por eso hay que hacer análisis de sangre para determinar el PSA (antígeno prostático específico), que orienta sobre la presencia o no de un cáncer y de la necesidad de acudir al urólogo”.

El PSA no es muy fiable

Existe controversia acerca de fiabilidad de este marcador biológico para determinar si realmente existe o no un tumor maligno en la próstata, un debate que zanja el doctor Cózar: “Sobre este parámetro hay una leyenda negra, pero lo que sucede es que tiene que interpretarlo un especialista”.

La Asociación Americana de Urología reconoce la utilidad del PSA y, cuando es elevado, “se hace una biopsia, que es la prueba definitiva para confirmar si existe un cáncer o es una hiperplasia benigna”.

Las pruebas que hay que hacer a un paciente con síntomas urinarios son: tacto rectal, ecografía y determinación del PSA

Cuando un paciente acude a una consulta de urología con síntomas urinarios, la forma de proceder es siempre la misma: tacto rectal, ecografía y determinación del PSA. Los siguientes pasos dependerán de los hallazgos obtenidos con esas pruebas. “El PSA es el único marcador que tenemos de órgano específico. Ningún cáncer tiene un marcador tan bueno como este y, a pesar de ello, lo denostamos”, lamenta.

Practicar ciclismo aumenta el tamaño de la próstata

Esta es otra de las grandes leyendas que desmonta el presidente de FIU: “Es un deporte como otro cualquiera y no aumenta el riesgo de desarrollar una enfermedad. Lo que sucede es que si se tiene prostatitis, el golpeteo continuo sobre la zona, como ocurre al hacer ciclismo, empeora los síntomas, pero no los provoca”.

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Una intensa actividad sexual previene el cáncer de próstata

Son mitos basados en estudios aislados que carecen de rigor científico, pero “encuentran eco en la prensa y se acaban creyendo”.

Cózar insiste en que se desconocen muchos aspectos desencadenantes del cáncer de próstata, aunque sí existe una relación genética (los familiares directos de un enfermo tienen un riesgo elevado), pero sí está claro que “la vida sedentaria, las dietas abundantes en grasas saturadas y la obesidad van en contra de la salud prostática”.

Alimentos y hábitos que ayudan

Existe evidencia científica de que la dieta es un factor que influye en la salud de la próstata. La Universidad de Harvard apunta a estos alimentos:

  • Café: un estudio realizado en cerca de 48.000 varones encontró que aquellos que tomaban más de 3 tazas al día reducían un 30% el riesgo de desarrollar cáncer de próstata agresivo. El efecto puede responder al contenido del café en compuestos antioxidantes y antiinflamatorios.
  • Tomate y sandía: el licopeno (un carotenoide presente en estos vegetales) inhibe la capacidad de formar nuevos vasos sanguíneos que alimentan el tumor. Un estudio encontró reducciones de hasta el 25% del riesgo de desarrollar cáncer de próstata en los hombres que tenían niveles altos de licopeno en la sangre.
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  • Dieta mediterránea: diferentes investigaciones han apuntado al efecto protector del patrón mediterráneo. Uno de los últimos trabajos señala directamente al aceite de oliva como agente protector frente a este cáncer masculino.

Y al margen de la dieta, otro factor relevante es dormir bien: un trabajo epidemiológico de Harvard ha encontrado que los hombres que duermen más horas seguidas tienen niveles de melatonina más altos que se asocian a una disminución del riesgo de cáncer de próstata del 75%.

Sin miedo al urólogo

El pronóstico de la mayoría de las enfermedades depende de la rapidez en detectarlas y tratarlas. Esto también es válido para la patología prostática, y por eso los médicos recomiendan las revisiones rutinarias con el especialista a partir de los 50 años, antes si existen antecedentes familiares de cáncer de próstata u otras condiciones individuales. “Muchos hombres no quieren ir al urólogo porque no quieren que les hagan un tacto rectal. Se hacen muchos chistes sobre este asunto, pero los chistes pueden matar”, lamenta el especialista. “Los urólogos queremos reproducir el exitoso modelo de detección precoz de la patología mamaria en la mujer, y eso pasa por no hacer bromas”, añade.

Y lanza un mensaje a los hombres: “Con frecuencia se suele relacionar la próstata con el envejecimiento, y eso da miedo. Vivimos de la presión social, y nadie quiere ser viejo”. Aunque, peor que serlo es no llegar a consecuencia de la ignorancia y las creencias erróneas.

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