¿Sabes realmente si estás teniendo una relación tóxica?
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Aprender a descubrirlas

¿Sabes realmente si estás teniendo una relación tóxica?

La relación es equilibrada, recíproca y simétrica en general, en la que las dos personas dan y reciben a partes iguales, se cuidan y crecen a la vez. Cuando no es así, uno da más que el otro. Y entonces es desigual

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Todas las relaciones, del tipo que sean, se hacen y dependen de dos personas. Entonces, ¿por qué hay o generamos relaciones tóxicas? Principalmente por dos motivos: nadie nos ha enseñado a identificar una relación de este tipo o no hemos tenido un modelo saludable de relación.

Resulta muy fácil identificar una relación agresiva, donde uno de los miembros de la pareja falta de forma grave al respeto al otro. En las relaciones tóxicas, por el contrario, dicha toxicidad comienza poco a poco, en pequeñas dosis, tan sutiles que, al principio, la ceguera del amor nos impide identificar esas pequeñas señales que no nos gustan, que pasamos por alto o les quitamos importancia. Este tipo de relaciones se hace día a día, a base de pequeños detalles que merman a una de las dos personas en favor de la otra.

Cómo se identifica

Para poder diferenciar una relación saludable de una tóxica, tenemos que tener una idea de ambos modelos. En el primero, la relación es equilibrada, recíproca y simétrica en general; es una relación en la que las dos personas dan y reciben a partes iguales, se cuidan y crecen a la vez.

Cuando no es así, cuando no es recíproca, en ella, uno da más que el otro. Tampoco es equilibrada, porque favorece a uno de los dos en detrimento del otro. Es una relación desigual.

Este tipo de relaciones no solo se da en la pareja, sino en cualquier otro ámbito en el que nos relacionemos, puede ser en el trabajo, entre amigos o en la familia. Por ello, saber identificarlas es el primer paso para poder modificarlas.

Foto: Leonardo DiCaprio, en una de las escenas de 'El lobo de Wall Street'.

Las señales que nos dicen que estamos ante una relación tóxica pueden ser múltiples, variadas y sutiles. Desde comentarios, bromas, críticas, gestos o conductas, demandas, exigencias o un estilo de comunicación, incluso no verbal, que genera malestar e inseguridad en el otro. Podríamos resumirlo diciendo que comprenderían cualquier comportamiento que, de algún modo, reste seguridad o perjudica a la otra persona. El problema es que, a menudo, resulta difícil identificarlos, más aún si van acompañadas de un 'te quiero mucho', creando un refuerzo intermitente y una disonancia cognitiva que aumentan la dependencia e indefensión de la víctima.

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Podemos comparar la toxicidad en la relación a inocular un veneno en pequeñas dosis, que no mata pero va debilitando a la persona poco a poco. En el caso de una relación tóxica, el veneno se inocula en forma de comportamientos miniagresivos, que generan en la víctima un malestar difuso, que no logra identificar, pero que día a día va minando su autoestima. Cuanto más dure la relación, mayor será dicho malestar.

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Para evitarlo, y sin entender muy bien qué lo provoca, la víctima de una relación tóxica renuncia a hacer cosas o relacionarse con personas para amoldarse a las demandas del agresor, el único modo que encuentra de disminuir dicho malestar, todo ello en nombre del amor, sin ser consciente de la manipulación, pero no por falta de capacidad o inteligencia, sino por todos los mecanismos que el manipulador pone en marcha desde el comienzo de la relación.

Es culpa de los dos o de uno

Las relaciones siempre son cosa dos. La persona que agrede debe aprender a relacionarse de una forma más honesta, y quien sufre este tipo de actuaciones tiene que aprender a identificarlas, ponerles límites y, si es necesario, establecer contacto cero con el agresor.

"La persona que agrede debe aprender a relacionarse de una forma más honesta y quien sufre estas actuaciones tiene que identificarlas"

Existen dos perfiles especialmente tóxicos, que generan relaciones muy dependientes en sus víctimas, que son el narcisista y el psicópata manipulador. En el caso del primero, lo da todo al principio, enamorando a la víctima y manteniendo el hechizo a base de 'te quieros', al tiempo que, de forma paralela, comienza a minar su autoestima, para quien es muy difícil identificar un comportamiento claramente abusivo; por el contrario, suele pensar que ha encontrado a su príncipe azul o su princesa rosa. El narcisista, tras elegir a su víctima, ha estudiado cuidadosamente sus puntos débiles, sus carencias, creando en la víctima la ilusión de ser la persona que siempre ha estado buscando. Este tipo de relaciones, de gran intensidad, generan en la víctima una gran dependencia emocional de la imagen que proyecta el abusador.

Qué 'ingredientes' lleva una relación tóxica

Suelen utilizar la seducción, la manipulación, el engaño y la crítica para mantener a la otra persona en un estado de dependencia, bloqueo e indefensión que hace que la relación se extienda a lo largo del tiempo.

Por qué se produce

Se producen porque nadie nos ha explicado cómo identificar este tipo de relaciones y porque no hemos tenido un modelo de relación saludable del que aprender; es habitual que las víctimas de una relación tóxica provengan de una familia disfuncional, donde no se les ha enseñado a poner límites, ayudado a tener una sana autoestima o confianza en sí mismos, convirtiéndolas así en víctimas perfectas para cualquier tipo de manipulador; aunque no debemos olvidar que cualquiera de nosotros podemos ser víctimas de dicha manipulación.

Foto: Las 27 reglas que rigen el maltrato habitual, redactadas por el Supremo. (EFE)

Qué consecuencias tiene en el individuo

Dependerán del tipo de relación y de su duración. Puede conllevar una pérdida de seguridad en uno mismo/a, de autoestima, una pérdida económica, social…; lo habitual es que se produzca un daño o pérdida en diferentes ámbitos.

Cómo frenarla

Hay varios síntomas: cuando tu pareja no te deja ser tú mismo/a, intenta boicotear tu desarrollo profesional o personal, trata de aislarte de tu familia o amigos, te falta al respeto, utiliza el chantaje emocional, el ghosting o el silencio para lograr que te comportes como él/ella quiere, critica constantemente todo lo que haces o invalida tus opiniones, etc.

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Una vez que ya sabes que estás en una relación tóxica, debes armarte de seguridad, paciencia, autoestima y asertividad para aprender a crear o establecer unos límites saludables y así mantener a raya cualquier comportamiento que nos dañe.

Tiene solución

¡Claro! Todo tiene solución. Quien ha sido víctima de una relación tóxica tiene que recomponer todo eso que ha perdido en el camino: su seguridad, autoconfianza, autoestima, amistades, familia, etc; y, sobre todo, aprender a identificar este tipo de personas, para evitar de nuevo caer en su juego manipulador.

En cuanto a quienes, por la razón que sea, les cuesta relacionarse de forma sana con los demás, también pueden modificar dicha conducta. La terapia EMDR ayuda a identificar la raíz de este tipo de comportamientos que les lleva a servirse de los demás para su propio bienestar.

Ana Lucas es psicóloga sanitaria especializada en adultos y adolescentes. Es licenciada en Psicología por la UNED, tiene también un máster en terapia cognitivo-conductual y es especialista en EMDR. Es creadora de Psico-Salud.

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