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La mejor dieta durante el embarazo para tener bebés más saludables
Estudio español

La mejor dieta durante el embarazo para tener bebés más saludables

El estilo de vida durante la gestación repercute en el feto y las consecuencias se pueden prolongar hasta la vida adulta. Investigadores españoles han encontrado que mejorar la nutrición y el estrés de la madre reduce el riesgo de bajo peso al nacer

Foto: Madre participante en el estudio publicado en 'JAMA'. (BCNatal)
Madre participante en el estudio publicado en 'JAMA'. (BCNatal)

España tiene un grave problema de natalidad; la cifra de nacimientos dibuja una acusada pendiente descendente desde el año 2010 (en esta década, la caída ha sido del 30%), y solo en 2020, nacieron 21.411 niños menos que en 2019 (un 5% menos, según los datos del Instituto Nacional de Estadística). Paralelamente, la edad de las madres es cada vez más alta (ahora la media es de 32,2 años para el primer hijo) y un 10% de los nacimientos corresponde a mujeres de más de 40 años, y aunque la obstetricia y la medicina perinatal están altamente especializadas, es inevitable que esa maternidad tardía, junto con un estilo de vida estresado, pueda tener repercusiones en el feto.

El bajo peso al nacer conlleva peor desarrollo neurológico en la infancia y con más problemas cardiovasculares durante la edad adulta

Entre las consecuencias está la del bajo peso al nacer -producido por un retraso del crecimiento fetal- que afecta hasta el 10% de los embarazos. Esta circunstancia es reconocida por la OMS como una de las causas más importantes de mortalidad perinatal en el mundo y se asocia con un peor neurodesarrollo en la infancia y con más problemas de salud metabólica y cardiovascular durante la edad adulta. Hasta ahora, no se sabía cómo mejorar este parámetro, pero científicos españoles han dado con la clave que puede mejorar mucho esta circunstancia, un hallazgo que se ha publicado en la revista 'JAMA'.

Dieta mediterránea, mindfulness o control

Un equipo de investigadores del BCNatal (de los hospitales Clinic-IDIBAPS y San Joan de Deu, de Barcelona) y la Universidad de Barcelona, con el apoyo de Fundación La Caixa, han demostrado por primera vez que modificando el estilo de vida de las embarazadas -reduciendo su nivel de estrés y con intervención dietética- es posible disminuir más de un tercio (entre el 29 y el 36%) los bebés nacidos con bajo peso.

El estudio, coordinado por los doctores Eduard Gratacós, Francesca Crovett y Fàtima Crispi, se ha llevado a cabo sobre 1.221 embarazadas, con una edad media de 37 años.

El equipo de investigación que lidera Gratacós ha explorado durante años las posibles causas y consecuencias del bajo peso en el nacimiento. “Vimos que las madres de los bebés que nacen con bajo peso, muchas veces, tenían una dieta subóptima y altos niveles de estrés”, explica. De esta observación surgió la idea de realizar un ensayo clínico para estudiar si intervenciones estructuradas de dieta mediterránea o de reducción del estrés podrían evitar el retraso de crecimiento fetal y otras complicaciones del embarazo.

placeholder Participantes en el estudio de BCNatal.
Participantes en el estudio de BCNatal.

Así surgió el estudio IMPACT Barcelona, en el que a lo largo de más de tres años han participado 1.221 gestantes con alto riesgo de tener un bebé pequeño. Las mujeres fueron divididas al azar en tres grupos: uno, las embarazadas tenían visitas con una nutricionista para seguir una dieta mediterránea; otro en que les asignaron a un programa de mindfulness para reducir el estrés, y el grupo de control, con el seguimiento habitual.

Medición objetiva

La intervención sobre la dieta se basó en los métodos utilizados en el estudio Predimed (Prevención con Dieta Mediterránea), que puso de manifiesto los beneficios de la dieta mediterránea en la prevención de enfermedades cardiovasculares y que ha sido avalado por la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association). Las embarazadas asignadas a este grupo acudieron a visitas mensuales con una nutricionista para cambiar el patrón de la dieta y adaptarlo a la dieta mediterránea incorporando más fruta y verdura, carne blanca, pescado azul, lácteos y cereales integrales. Además, se les proporcionó de forma gratuita productos altos en omega-3 (aceite de oliva virgen extra y nueces). “Para evaluar la adherencia a esta intervención de una manera objetiva, medimos biomarcadores en sangre y orina relacionados con la ingesta de nueces y aceite de oliva”, refiere Francesca Crovetto.

Foto: Foto: iStock.

Para disminuir el estrés, se recurrió al programa MBSR (Mindfulness Based Stress Reduction), desarrollado por la Universidad de Massachusetts y adaptado a la gestación por los investigadores de Barcelona. Se formaron grupos de 20-25 mujeres que siguieron el programa adaptado al embarazo durante 8 semanas. El nivel de estrés antes y después de la intervención se determinó a partir de cuestionarios y del análisis de niveles de hormonas del estrés (cortisol y cortisona).

Los resultados de ambas intervenciones fueron claros: cuando las embarazadas siguen, bajo control, una dieta mediterránea o hacen mindfulness hay menos nacidos con bajo peso y, además, disminuyen las complicaciones de la gestación. Los datos son reveladores: en el grupo control, el 21,9% de los bebés tenía bajo peso; en el de mindfulness, fue el 15,6%, y en el de dieta mediterránea, el porcentaje fue del 14%.

Así pues, nuevamente, queda de manifiesto que nuestros hábitos tienen un fuerte impacto a lo largo de toda la vida, y que son fundamentales en nuestra salud.

España tiene un grave problema de natalidad; la cifra de nacimientos dibuja una acusada pendiente descendente desde el año 2010 (en esta década, la caída ha sido del 30%), y solo en 2020, nacieron 21.411 niños menos que en 2019 (un 5% menos, según los datos del Instituto Nacional de Estadística). Paralelamente, la edad de las madres es cada vez más alta (ahora la media es de 32,2 años para el primer hijo) y un 10% de los nacimientos corresponde a mujeres de más de 40 años, y aunque la obstetricia y la medicina perinatal están altamente especializadas, es inevitable que esa maternidad tardía, junto con un estilo de vida estresado, pueda tener repercusiones en el feto.

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