El papel del farmacéutico en las gripes y resfriados
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El papel del farmacéutico en las gripes y resfriados

La Federación Farmacéutica Internacional (FIP), en colaboración con The Clean Breathing Institute, ha lanzado un manual para hacer frente a estas afecciones

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Las gripes y los resfriados están siendo los protagonistas de estos meses de invierno, unidos a las nuevas variantes de coronavirus como la ómicron y a las nuevas versiones y mutaciones de las infecciones como la flurona (que es el nombre que recibe el doble contagio por coronavirus y gripe), lo que hace que los sistemas de salud se estén viendo colapsados. Por eso, los farmacéuticos reclaman su papel como los agentes sanitarios más cercanos a los ciudadanos y piden que se les incluya como una parte más del Sistema Nacional de Salud.

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En esta línea, los farmacéuticos pueden contribuir a fomentar el autocuidado y a prevenir algunas patologías mediante el consejo farmacéutico. Y además, de cara a las infecciones comunes del tracto respiratorio superior (URTI, por sus siglas en inglés: 'upper respiratory tract infections'), que tan presentes están en estos meses, pueden ayudar de una manera segura y profesional.

"Los farmacéuticos pueden ayudar en la prevención de infecciones desde el autocuidado"

Así lo han querido hacer ver a través de la guía 'Resfriado, gripe y sinusitis: Manejo de los síntomas y apoyo al autocuidado', elaborada por la Federación Farmacéutica Internacional (FIP, por sus siglas en inglés), en colaboración con The Clean Breathing Institute (iniciativa científica financiada por GSK Consumer Healthcare).

Las funciones de los farmacéuticos son variadas y se han definido en el manual como: apoyo al autocuidado (por ejemplo, asesoramiento sobre el uso de medicamentos sin receta); prevenir infecciones y apoyar el bienestar respiratorio (por ejemplo, mediante el uso de mascarillas, higiene nasal y buena ventilación de los espacios interiores); evaluar los síntomas; derivar pacientes cuando sea necesario; educación y asesoramiento del paciente (por ejemplo, sobre la resistencia a los antimicrobianos y cómo administrar las formulaciones nasales); atención a través de planes de enfermedades menores; y asesoramiento basado en pruebas científicas sobre medicamentos complementarios.

20 millones de visitas por patologías respiratorias

Las infecciones del tracto respiratorio superior (URTI) son afecciones contagiosas, generalmente virales, que afectan a la cavidad nasal, la faringe y la laringe. Pueden incluir dolencias como el resfriado común, la gripe y la sinusitis. “Aunque en la mayoría de los casos estas afecciones respiratorias son leves y autolimitadas, pueden tener importantes repercusiones en la calidad de vida y la productividad de los pacientes, afectando incluso a los hijos y a los cuidadores de los infectados”, apuntan en la guía.

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La tos, el dolor de garganta, la rinitis, la rinorrea y el dolor de cabeza son algunos de los signos y síntomas de las infecciones urinarias y a menudo coexisten simultáneamente. “Por ello, es fundamental que los profesionales sanitarios, incluidos los farmacéuticos, sean capaces de discernir las posibles causas de los signos y síntomas respiratorios, y lo que es más importante, reconocer los síntomas de alerta que requieren una rápida evaluación por parte de un médico”, señalan.

Las infecciones respiratorias agudas son dolencias que se dan con frecuencia en los entornos comunitarios, incluidos los ambulatorios y de medicina general, así como en las farmacias ídem. “Se calcula que las enfermedades respiratorias suponen más de 20 millones de visitas a los farmacéuticos comunitarios cada año en Estados Unidos, y representan uno de los motivos más frecuentes, si no el más frecuente, por los que los pacientes buscan el consejo de un profesional sanitario”, apuntan en el manual.

Fomento del autocuidado como clave para prevenir

Uno de los puntos que pretende destacar este manual es la importancia del autocuidado. “Necesitamos un nuevo enfoque de la asistencia sanitaria que permita a las personas ocuparse de su propia salud”, indican. En este sentido, destacan que la mejora de los conocimientos y la educación en materia de salud pueden tener un efecto muy positivo en la vida de las personas. Sin embargo, denuncian que “su importancia no se tiene en cuenta en la elaboración de políticas sanitarias”.

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“Permitir que las personas gestionen su salud y el bienestar es un elemento clave para superar las múltiples crisis sanitarias en todos los países y territorios, y para aliviar la presión sobre los sobrecargados sistemas sanitarios. Para lograrlo, todas las partes interesadas deben comprometerse con iniciativas que sitúen al paciente en el centro del tratamiento, con un compromiso igual para mejorar la educación y con un mayor énfasis en el autocuidado”, comentan en el manual de FIP.

En esta línea, como profesionales sanitarios accesibles y de primera línea, los farmacéuticos, especialmente en entornos comunitarios, desempeñan un papel importante en “evaluar los signos y síntomas que se presentan a través del cribado, el triaje y la derivación si se considera necesario”.

Además, los farmacéuticos están bien equipados con los conocimientos clínicos y farmacológicos necesarios para recomendar los cuidados de apoyo adecuados y las opciones de tratamiento no farmacológico, además de orientar a los pacientes sobre la variedad de productos y medicamentos sin receta disponibles para estas indicaciones. “Los farmacéuticos también están disponibles para educar a los pacientes en el uso de medicinas complementarias que pueden presentar tanto riesgos como beneficios”, concluyen.

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