El ejercicio a largo plazo sí reduce la progresión del párkinson
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El ejercicio a largo plazo sí reduce la progresión del párkinson

De moderado a intenso, pero sin dejar de practicarlo, se apuntala como el 'mejor medicamento' para la enfermedad neurodegenerativa. Mejora su curso, el equilibro, la capacidad de andar y proporciona protección cognitiva. Hablamos con un experto

Foto: Michael J. Fox. (Reuters/Andrew Kelly)
Michael J. Fox. (Reuters/Andrew Kelly)

Son el rostro público de la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente del planeta y a todos nos viene a la memoria su ‘nombre y apellidos’ cuando pensamos en temblores de una persona que está en reposo, en su rigidez muscular, sus balanceos o su inestabilidad postural. Hablamos, claro está, del párkinson.

En la retina, por tanto, tenemos el caso de Michael J. Fox, que lo padece desde hace tres décadas, lo que le empujó de forma decidida a crear una fundación que lleva su nombre. El actor de 'Regreso al futuro' confesaba el año pasado en una entrevista: “La gente a menudo piensa en él como algo visual, pero las imágenes no son nada. En un día cualquiera, mis manos apenas podrían estar temblando o podrían estar… Es lo que no puedes ver: la falta de un giroscopio interno, de un sentido de equilibrio, de percepción periférica. Quiero decir, estoy navegando en un barco en mares tormentosos en los días más brillantes”.

Foto:  Michael J. Fox. (Getty)

Hay otras caras conocidas. Es el caso de Helen Mirren, la artista británica ganadora de un Oscar a mejor actriz por su interpretación de Isabel II en 'La reina' o el actor fallecido Robin Williams. Pero en el anonimato padecen el mismo mal entre 120.000 y 150.000 personas en España, según la Sociedad Española de Neurología (SEN), que adelanta la llegada de una ‘legión’ de afectados en los próximos años: “Los casos se duplicarán en las próximas dos décadas y se triplicarán para 2025”.

placeholder Helen Mirren. (Reuters/Johanna Geron)
Helen Mirren. (Reuters/Johanna Geron)

Es más frecuente entre los mayores de 65 años. No obstante, no es exclusiva de ellos: el 15% de los pacientes no superan los 50 años y también se pueden encontrar casos en los que la enfermedad se inicia en la infancia o en la adolescencia.

“Los casos se duplicarán en las próximas dos décadas y se triplicarán para 2025”

En la búsqueda del santo grial que ponga freno a su inevitable evolución hacia sintomatología más severa (se mide en cinco escalas), y que dependerá de distintos factores para cada persona (edad, respuesta a la medicación, descanso, dieta equilibrada), la ciencia apunta como mejor arma para ponerle freno a su curso al ejercicio, como destaca una nuevo estudio.

Antes, recordar que por detrás del alzhéimer en incidencia se caracteriza, como apunta la Federación Española de Párkinson, por la pérdida (o degeneración) de neuronas en la sustancia negra, una estructura situada en la parte media del cerebro. Esta pérdida provoca una falta de dopamina en el organismo, una sustancia que transmite información necesaria para que realicemos movimientos con normalidad. Su carencia hace que el control de los mismos se vea alterado, dando lugar a los síntomas motores típicos, como el temblor en reposo o la rigidez.

Las herramientas para doblegarla

En la batalla contra la enfermedad se han desarrollado varios tratamientos farmacológicos y procedimientos quirúrgicos, como la estimulación cerebral profunda, pero desde hace unos años la práctica de ejercicio se empezó a posicionar como una de las mejores estrategias para abatirla.

Foto: El neurocirujano Andrés Lozano. (Efe)

Lo confirma a El Confidencial el doctor Diego Santos, coordinador del Grupo de Estudio de Trastornos del Movimiento de la SEN, además de miembro del Servicio de Neurología de Enfermedad de Párkinson y otros Trastornos de Movimiento y Neurología General en el Hospital San Rafael (A Coruña): “Cada vez hay más evidencias en la literatura científica que lo corroboran. De hecho, es la única terapia capaz de neutralizar su evolución, y el motivo es porque el deporte libera factores neurotróficos (una familia de proteínas) que favorecen la supervivencia de las neuronas".

Da fe de sus palabras un estudio que adelantaba 'JAMA Neurology', llevado a cabo por especialistas de la Rush University Medical Center (Estados Unidos) con 120 participantes afectados de entre 40 y 80 años. Los resultados: “El ejercicio intenso puede mejorar la 'plasticidad' del cerebro, protege contra la degeneración del sistema nervioso e, incluso, revierte las insuficiencias motrices, de ahí su relevancia”.

Los nuevos hallazgos

La novedad del nuevo trabajo, que acaba de ser publicado en 'Neurology', es que hace hicanpié en las repercusiones de la actividad física practicada al inicio de la enfermedad en personas que la mantienen a lo largo del tiempo.

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El Dr. Diego Santos.

Para el doctor Santos, que es asimismo vicepresidente de la Fundación DEGEN, “lo primero es reconocer que se trata de una revista de prestigio y que el trabajo parte de la Iniciativa de Marcadores de Progresión de Párkinson, que incluye evaluaciones longitudinales y exhaustivas de muchos parámetros clínicos, que examinan a largo plazo los efectos de la actividad física regular y hábitos de ejercicio en el curso de la enfermedad”.

Y añade: “En este estudio observacional de cohortes analizaron los efectos de interacción de su actividad física regular y niveles de ejercicio de moderados a vigorosos, medidos mediante el cuestionario Escala de Actividad Física para Ancianos sobre la evolución de los parámetros clínicos, tras ajustar factores como la edad, el sexo, dosis equivalente de levodopa (fármaco empleado) y duración de la enfermedad”.

Una o dos horas dos veces por semana

Así, los datos sugieren que los pacientes en etapas tempranas que regularmente hacen de una a dos horas de ejercicio moderado dos veces por semana, como andar o hacer jardinería, pueden tener menos problemas para mantener el equilibrio, caminar y realizar actividades diarias más adelante.

"Quizás nunca sea demasiado tarde para que alguien con párkinson haga ejercicios para mejorar el curso de su enfermedad"

Los investigadores encontraron también que aquellos que lo practicaron de forma moderada a marcada intensidad durante cinco años obtuvieron mejores resultados en las pruebas cognitivas y tuvieron una progresión más lenta de la enfermedad en varios aspectos.

"Nuestros resultados son emocionantes, porque sugieren que quizás nunca es demasiado tarde para que alguien con párkinson comience un programa de ejercicios para mejorar el curso de su enfermedad", dijo el autor del estudio, Kazuto Tsukita, de la Universidad de Kyoto, en Japón, y miembro de la Academia Americana de Neurología.

"Eso se debe a que descubrimos que, para retrasar su progresión, era más importante mantener un programa de ejercicios que estar activos al comienzo de la enfermedad", apostilla.

Seguimiento por seis años

Comenta el especialista español que “el estudio analizó a 237 pacientes en el inicio de la patología. Tenían una edad promedio de 63 años y los investigadores los siguieron hasta por seis años”.

Los niveles de ejercicio de los participantes al comienzo del ensayo se determinaron mediante un cuestionario que mide el tiempo y la intensidad durante la semana anterior de actividades de ocio, como caminar y andar en bicicleta; actividad doméstica, como la jardinería; y actividad ocupacional, como cuidar a los demás. Se utilizaron pruebas cognitivas comunes para medir las habilidades verbales y de memoria de las personas y cuánto tiempo les llevó completar las tareas mentales.

Uno de los datos es que “los investigadores encontraron que el nivel de actividad física de las personas al comienzo del estudio no estaba asociado con la progresión de la enfermedad más adelante. En cambio, sí que era más importante mantener la actividad física a lo largo plazo”, destaca el doctor de la SEN.

Las personas que hacían al menos cuatro horas a la semana de deporte de moderado a vigoroso, como caminar o bailar, tenían una disminución más lenta del equilibrio y la marcha cinco años más tarde, en comparación con las que no hacían tanto ejercicio.

placeholder Foto: iStock.
Foto: iStock.

Los investigadores utilizaron una prueba común para calificar los síntomas de párkinson de cada persona en una escala de cero a cuatro, donde las puntuaciones más altas indican un deterioro más grave. Las personas que lo practicaron por debajo del promedio de moderado a vigoroso, o menos de una a dos horas, una o dos veces por semana, aumentaron de un puntaje promedio de 1.4 a 3.7 durante seis años. Esto se comparó con aquellos que obtuvieron niveles superiores al promedio de ejercicio moderado a vigoroso, quienes en promedio aumentaron su puntaje de 1.4 a 3.0 durante ese tiempo.

En el cerebro

Para “la prueba cognitiva se usó una común de papel y lápiz que se emplea para medir la velocidad de procesamiento mental. El test otorga al participante 90 segundos para unir números con figuras geométricas y tiene un puntaje máximo posible de 110. Las personas que se ejercitaron menos de 15.5 horas por semana, en promedio, bajaron de 44 a 40 en ella seis años después. Una cifra que se comparó con una caída promedio de un puntaje de 44 a 43 para los que hacían deporte más de 15.5 horas durante el mismo periodo”, argumenta el Dr. Santos.

Foto: Foto: iStock

“Descubrimos que la actividad física regular, incluidas las tareas del hogar y el ejercicio moderado, en realidad puede mejorar el curso de la enfermedad a largo plazo. Lo mejor de todo es que el ejercicio es de bajo costo y tiene pocos efectos secundarios”, señalan los investigadores.

El especialista español reconoce que "recomendar deporte a las personas con la enfermedad ya es una práctica habitual en nuestro país”.

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