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El exceso de grasa corporal reduce las capacidades mentales
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Deterioro cognitivo

El exceso de grasa corporal reduce las capacidades mentales

El sobrepeso pasa factura al cuerpo y a la mente. La ciencia confirma que la adiposidad repercute en la memoria o el aprendizaje, con independencia de la formación académica u otras enfermedades circulatorias

Foto: Foto: Unsplash/@canweallgo.
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La ciencia estrecha cada día más el ya reducido círculo en torno a la obesidad. Repetir que está detrás de los grandes problemas de salud que aflijen a la mayoría de los países -diabetes, enfermedades cardiovasculares y cáncer- nunca está de más, y hablar de que sus consecuencias económicas son impactantes (solo en España, ascienden a 25.000 millones de euros, y hasta el año 2060 crecerán un 211% hasta alcanzar el 2,4% del PIB, según cálculos de un estudio de la Federación Mundial de Obesidad y publicado en ‘BMJ Global Health’ ) también es necesario. Hasta aquí, nada nuevo.

Lo menos conocido es que un exceso de grasa corporal o visceral disminuye las capacidades cognitivas (las que nos permiten aprender, memorizar, hablar, comprender, etc) en personas sanas jóvenes y maduras (pero no especialmente ancianas) y, además, envejece el cerebro. A más grasa, más deterioro mental, independientemente del nivel educativo.

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Esta es la conclusión a la que ha llegado un equipo multidisciplinar de científicos canadienses después de examinar a más de 9.000 adultos de una edad media de 57,8 años (los extremos son 30 y 70 años), que no tenían enfermedades cardiovasculares y pertenecían a diferentes grupos étnicos (europeos blancos, del sur de Asia, negros e indígenas).

En su trabajo, que se ha publicado en la revista ‘Jama Network’, los autores, liderados por Sonia Arnal, del Departamento de Medicina y Epidemiología de la Universidad McMaster (Ontario), partieron de la premisa de que la obesidad se asocia a un estado de inflamación crónica, que aumenta el riesgo cardiovascular, independientemente de otros factores. También aclaran que la obesidad visceral se relaciona con un riesgo de infarto de miocardio más alto. Estas diferencias indican que los dos tipos de grasa tienen propiedades metabólicas distintas y es importante porque se podría achacar la pérdida de facultades mentales a problemas circulatorios.

Test y estudios de resonancia magnética

Para evaluar las capacidades cognitivas utilizaron el test DSST, que se realiza en dos minutos y que requiere que los participantes asocien símbolos con números según un código. La prueba mide la velocidad y coordinación visual y motora, la capacidad de aprendizaje, atención, concentración y memoria a corto plazo. Las puntuaciones van de 0 a 133, y cuanto más bajas sean, peor es el rendimiento.

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Foto: iStock.

Los participantes también se sometieron al test de evaluación cognitiva de Montreal (MoCA), que evalúa en 10 a 15 minutos la fluidez verbal o la capacidad de cálculo, entre otras capacidades. En esta, las puntuaciones oscilan de 0 a 30, y se establece que 26 se corresponde con una función cognitiva normal.

Finalmente, se hicieron resonancias magnéticas para estudiar la existencia de lesiones en el cerebro y la distribución de la grasa.

¿Qué dicen los resultados?

Lo que se esperaba: que más grasa corporal aumenta los factores de riesgo cardiovascular clásicos, como la hipertensión y la diabetes. Y las imágenes de resonancia mostraban que cuanta más grasa corporal, hay más lesiones cerebrales asintomáticas (que repercuten en las capacidades cognitivas).

Un aumento del 9,2% de grasa corporal o de 36 ml en la grasa visceral equivale a un año de envejecimiento cognitivo

Lo menos conocido es que un aumento de 9,2% de grasa corporal o de 36 ml en la grasa visceral implica una reducción de 0,8 en la puntuación del DSST, que equivale a un año de envejecimiento cognitivo, y para 2 puntos menos, el envejecimiento mental es de 2,8 años. El resultado era el mismo en el test de Montreal.

Los científicos canadienses admiten que su trabajo no es el único que aborda la relación entre grasa corporal y visceral y capacidades mentales. Un estudio anterior liga una mayor cantidad de grasa visceral con el deterioro mental, una relación que no encontraron para la grasa corporal.

También hay datos que prueban que los niños que pierden peso (grasa visceral) mejoran sus capacidades mentales (esto es relevante, porque la obesidad infantil es un problema creciente en todo el mundo).

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Más reciente es el análisis realizado a partir de los datos de 15.000 participantes en el Biobanco del Reino Unido y que ha encontrado que la asociación entre la adiposidad y la función cognitiva reducida responde a los factores de riesgo cardiovascular tradicionales y los marcadores inflamatorios. Además, determina que una mayor inflamación se asocia con un razonamiento espacial, una memoria a corto plazo, una competencia verbal, un aprendizaje y una memoria más deficientes, así como con cambios en la estructura del cerebro (menos materia gris y blanca en las áreas relacionadas con las capacidades mentales, como el hipocampo).

A pesar de lo exhaustivo del trabajo, los canadienses insisten (como casi siempre ocurre en ciencia) en que hay que hacer más estudios y ensayos clínicos para determinar las vías por las cuales los altos niveles de adiposidad reducen las puntuaciones cognitivas, independientemente de su efecto sobre otros factores de riesgo cardiovascular.

La ciencia estrecha cada día más el ya reducido círculo en torno a la obesidad. Repetir que está detrás de los grandes problemas de salud que aflijen a la mayoría de los países -diabetes, enfermedades cardiovasculares y cáncer- nunca está de más, y hablar de que sus consecuencias económicas son impactantes (solo en España, ascienden a 25.000 millones de euros, y hasta el año 2060 crecerán un 211% hasta alcanzar el 2,4% del PIB, según cálculos de un estudio de la Federación Mundial de Obesidad y publicado en ‘BMJ Global Health’ ) también es necesario. Hasta aquí, nada nuevo.

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