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¿Pastillas de yodo ante un ataque nuclear? No las busques en la farmacia
Riesgo radiactivo

¿Pastillas de yodo ante un ataque nuclear? No las busques en la farmacia

Son candidatas a relevar al papel higiénico en la carrera del pánico libre, pero a diferencia de este, la utilidad de las presentaciones que se venden en las boticas es nula para prevenir los efectos de la radiactividad, advierten los expertos

Foto: Pastillas de yoduro de potasio en una farmacia de Amberes. (EFE/Dirk Waem)
Pastillas de yoduro de potasio en una farmacia de Amberes. (EFE/Dirk Waem)

Hace dos años que la población mundial vive de sobresalto en sobresalto: primero fue el coronavirus (que ha provocado más de 18 millones de muertes, según un estudio internacional publicado en la revista 'The Lancet'); el pasado noviembre, Austria alertó del peligro de apagón energético (“La cuestión no es si se va a producir, sino cuando”, decía la ministra de Defensa austriaca, Klaudia Tanner), y ahora es Putin el que está agitando la amenaza de un ataque nuclear como estrategia en su guerra contra Ucrania.

¿Qué hacemos los ciudadanos para protegernos de esas amenazas? Las compras compulsivas de papel higiénico marcaron el comienzo de la pandemia; los 'camping gas' (y las linternas) fueron los artículos ‘estrella’ en las últimas semanas del otoño, y ahora son las pastillas de yoduro potásico las que acaparan el interés (aunque para ser fieles a la verdad, el aceite de girasol es el ‘objeto del deseo’ indiscutible). Si no fuera por la terrible realidad que hay detrás de estas respuestas desmedidas (sobre todo el covid y la guerra en Ucrania), bien se podría calificar la situación de 'carrera de relevos del pánico libre', con acciones irracionales y poco eficaces.

Foto: Tupolev Tu-160. (Vitaly Kuzmin)

El interés por las pastillas de yodo se disparó hace unos días, cuando las autoridades de Noruega decidieron distribuirlas en colegios y guarderías para proteger a los niños de un eventual accidente nuclear. La medida tuvo un efecto contagio en otros países europeos, que han visto dispararse la demanda de yoduro de potasio en las farmacias, informa Euronews.

Las preparaciones que se dispensan en la farmacia son inútiles para prevenir los efectos de un potencial escape radiactivo

España no ha sido inmune al contagio y el interés por este compuesto se ha disparado entre los ciudadanos, hasta el punto de que desde diversas organizaciones sanitarias piden calma a la población, alertan de los riesgos de su consumo indiscriminado y, sobre todo, enfatizan que las preparaciones que se dispensan en la farmacia son inútiles para prevenir los efectos de un potencial escape radiactivo.

Dosis necesarias, dosis reales

Iván Espada, responsable del Área de Información del Medicamento del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos (CGCOF), subraya a El Confidencial que “actualmente no hay una justificación que autorice el uso de yoduro potásico para tratar una situación que todavía no se ha producido”.

Por otra parte, los fármacos que se encuentran en las boticas “están aprobados por la Agencia Española del Medicamento para tratar situaciones muy concretas: déficit de yodo y como suplemento durante el embarazo”; solo se pueden comprar con receta médica, y “se presentan con dosis de 100 a 300 microgramos”, muy por debajo de las dosis indicadas para protección radiológica, que son de 130 miligramos, como recoge un documento del Ministerio del Interior sobre protección civil en emergencias nucleares. Por tanto, “habría que tomar entre 400 y 1.300 comprimidos de los que se venden en la farmacia para poder alcanzar la dosis recomendada”.

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El interés por el yodo es porque, después de un accidente nuclear -por una explosión o una fuga de material radioactivo de una central nuclear -, “se libera, entre otros elementos, yodo radioactivo, que puede ser captado por la glándula tiroides y de este modo incrementar el riesgo de cáncer en esta glándula”, refieren los doctores Lluis Vila y Juan Carlos Galofré, del área de Tiroides de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (TiroSEEN).

Las hormonas que sintetiza la glándula tiroidea contienen yodo, por ello "de manera natural va a captar yodo para poder sintetizar sus hormonas”. Si la glándula está llena, no absorbe más yodo, pero si los depósitos no están repletos, "la glándula tendrá más avidez por el elemento. Si en esta situación aparece el yodo radioactivo, el tiroides lo captará y el riesgo es más elevado”, añaden los endocrinólogos.

Consecuencias reales

Los niños y los jóvenes son los más vulnerables a la exposición al yodo radiactivo, aunque a la vista de los informes parece que el miedo es superior a las consecuencias reales. Al menos es lo que se desprende de un informe de la ONU sobre el impacto de Fukushima diez años después del escape radiactivo de la central nuclear. Según ese documento, efectivamente aumentaron los casos de cáncer de tiroides entre los menores, pero no fue por la radiación sino por el mayor control sanitario a la población.

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Todos los expertos coinciden en apuntar que el yoduro potásico protege el tiroides de la radiación, pero no a otros órganos, de forma que puede haber otras consecuencias, incluido el desarrollo de cáncer (sobre todo de la sangre).

Esta no es la única limitación a ese ‘uso profiláctico’ del yodo, y Espada alerta de que puede tener efectos indeseables, “hipertiroidismo, hipertensión arterial, taquicardias, arritmias, etc”. En definitiva, “los riesgos superan los beneficios”, dice.

Ruido en las redes

Poniéndonos en el peor de los escenarios, que es el de que de verdad llegue a ocurrir un ataque nuclear, correr a la farmacia a por tabletas de yodo tampoco es, a priori, solución, ya que “en España, esas presentaciones de altas dosis no están autorizadas como medicamentos”, reitera el portavoz del CGCOF. ¿Entonces? Hay planes de actuación ante posibles accidentes nucleares, como el causado por un terremoto en Fukushima en el año 2011, y “las autoridades gubernamentales serían las que repartirían las pastillas entre la población, y las farmacias estarían abiertas a colaborar en esta situación de emergencia”, admite Espada. “Pero ahora mismo no hay nada contemplado”, subraya.

Hay mucho revuelo en las redes y, aunque no hay datos de consumo, sí que ha aumentado la búsqueda de información en las farmacias

El Confidencial se ha puesto en contacto con diferentes farmacias para ver si realmente está aumentando la demanda de yoduro potásico, pero la mayoría han admitido que ese no es el caso de su oficina, pero “hay mucho revuelo en las redes”. Iván Espada admite no saber qué ha sido antes, si el revuelo en las redes o la presión sobre las farmacias, pero “al ser medicamentos que se venden con receta y ser una situación muy reciente, no tenemos datos de consumo”.

Entonces, ¿está aumentando o no? “En mi opinión creo que no, porque son medicamentos destinados a situaciones muy concretas que no han cambiado de unas semanas a ahora. Pero sí sé que hay un aumento de consultas en las farmacias".

¿Dónde se encuentra el yodo que necesitas?

Para que los depósitos de yodo estén bien repletos, lo más importante es que la ingesta de yodo diaria sea la adecuada, insisten los doctores Vila y Galofré. Las necesidades diarias están alrededor de 150 microgramos de yodo en población adulta, 90-120 microgramos en población infantil y 250 microgramos en mujeres gestantes o que mantienen lactancia. "Para cubrir estos requerimientos tenemos que tomar alimentos ricos en yodo y, además, consumirlos de modo habitual, como la sal yodada".

Los alimentos más ricos en yodo son:

  • La sal yodada. En España la concentración de yodo de la sal yodada es de las más elevadas de Europa (60 microgramos de yodo/g de sal), por lo que consumiendo poca sal basta para cubrir las necesidades de yodo diarias en la mayoría de la población.
  • Los lácteos, especialmente la leche. Un vaso de leche puede aportar entre 40 y 50 microgramos de yoduro. El contenido de yodo de las bebidas vegetales es un 2% comparado con el que contiene la leche de vaca.

Hace dos años que la población mundial vive de sobresalto en sobresalto: primero fue el coronavirus (que ha provocado más de 18 millones de muertes, según un estudio internacional publicado en la revista 'The Lancet'); el pasado noviembre, Austria alertó del peligro de apagón energético (“La cuestión no es si se va a producir, sino cuando”, decía la ministra de Defensa austriaca, Klaudia Tanner), y ahora es Putin el que está agitando la amenaza de un ataque nuclear como estrategia en su guerra contra Ucrania.

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