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El aviso de la Universidad de Harvard sobre las cifras de colesterol bueno
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Niveles saludables

El aviso de la Universidad de Harvard sobre las cifras de colesterol bueno

Reducir los lípidos malos (LDL) y subir los buenos (HDL) es lo deseable para evitar infartos y problemas circulatorios, pero cuanto más 'bueno' no significa mejor. Al contrario, se puede volver contra nosotros y ser peor que el denostado LDL

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En estos tiempos de guerra, decir que el colesterol es el ‘Putin del corazón' es insistir, nuevamente, en que esta lipoproteína, así en genérico, es la gran amenaza de la salud cardiaca y, en consecuencia, de nuestra supervivencia (no nos cansamos de escuchar que las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en el mundo y en España).

La guerra contra este terrible enemigo se libra desde hace décadas y los objetivos han ido cambiando a lo largo del tiempo. Los últimos rebajan hasta 200 mg/dl las cifras de colesterol total consideradas como saludables, pero más importante que ese límite es la cantidad que hay de cada uno de los dos tipos de colesterol que existen: el de la LDL (lipoproteína de baja densidad), el malo, que se deposita en las paredes de las arterias y aumenta el peligro de desarrollar patologías cardiacas y circulatorias, y el de la HDL (lipoproteína de alta densidad), el bueno, que devuelve el colesterol sobrante (el que no ha utilizado el organismo para sintetizar hormonas, vitamina D o formar ácidos biliares) al hígado para que lo elimine.

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Los valores ‘normales’ son 100 mg/dl para el LDL y por encima de 40 para el HDL, unas indicaciones generales que, sin embargo, tienen que adaptarse a criterios individuales. Estos son los niveles de referencia, pero muchos (científicos y pacientes) creen que es mejor cuanto más alto esté el colesterol bueno, y de hecho se ha llegado a desarrollar fármacos para subirlo. Sin embargo, en contra de lo esperado, muchas veces tienen un efecto boomerang e incrementan el peligro de un ataque cardiaco o ictus.

La proteína del fracaso

¿Por qué sucede esto? Científicos de la Universidad de Harvard han descubierto que hay unas proteínas en esa HDL que son potencialmente dañinas, como la apoC3, y al aumentar la cifra de colesterol bueno podría haber también más apoC3, un resultado que explican en un artículo publicado en la revista de la Sociedad Americana del Corazón.

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Jeremy Furtado, del Departamento de Nutrición de la Escuela de Salud Pública TH Chan y primer firmante del trabajo, explica que esos medicamentos -cetrapib (desarrollado por Eli Lilly) y torcetrapib (Pfizer)- son unos inhibidores de la CETP -una proteína que hace que el colesterol pase de las lipoproteínas buenas a las malas- que “obtuvieron resultados positivos en los ensayos clínicos, es decir, aumentaban el HDL, pero al llegar a la fase 3 [comparación en humanos entre la eficacia del nuevo tratamiento y la del convencional] se vio que no conseguían reducir las enfermedades cardiovasculares”. Este hecho llevó a los investigadores a sospechar que lo que había detrás era un aumento de las proteínas perjudiciales y, efectivamente, constataron un incremento de la apoC3.

Hay más de 200 subespecies de HDL y hay que averiguar sus funciones antiinflamatorias, antioxidantes e inmunológicas

Para Furtado, lo más relevante de su investigación es que pone de manifiesto la necesidad de aprender más de las subespecies de HDL -hay más de 200- y averiguar sus funciones, ya que “no son solo transportadoras de colesterol, también tienen propiedades antiinflamatorias, antioxidantes e inmunológicas que afectan al riesgo de desarrollar enfermedades”. E insiste: “No se trata únicamente de desarrollar terapias farmacológicas”, también de determinar los efectos de las dietas saludables asociadas con la reducción de enfermedades del corazón que aumentan el colesterol HDL.

Fármacos nonatos

Sin embargo, si se trata de subir el colesterol bueno, es fácil pensar que una pastilla conseguirá resultados positivos más pronto que la constancia dietética.

La historia de esos medicamentos “es antigua y tremendamente complicada”, cuenta a El Confidencial el profesor José María Ordovás, director de Nutrición y Genómica de la Universidad de Tufts, en Boston. Los estudios epidemiológicos mostraban que cifras más altas de HDL se relacionaban con un menor riesgo cardiovascular, pero “lo importante que hay que tener en cuenta para entender el resto de la historia (de la que fui partícipe) es que correlación no demuestra causalidad. Así, por ejemplo, había mutaciones genéticas que daban lugar a niveles muy bajos de HDL (que deberían resultar en riesgos cardiovasculares altos) y que protegían contra la enfermedad, mientras que otras mutaciones daban lugar a niveles muy altos de HDL y alto riesgo de enfermedad cardiovascular”.

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Estos descubrimientos llegaban en “el contexto de una batalla entre las compañías farmacéuticas para conquistar mayores mercados. Había en circulación una gran cantidad de estatinas, algunas de ellas con su patente a punto de expirar”. Así es que era imperativo encontrar nuevas dianas farmacológicas y “las HDL eran las candidatas. Las compañías se lanzaron a por ellas ignorando las señales de tráfico que había en al camino: cuidado curvas peligrosas, terreno resbaladizo, reducir la velocidad, buscar vías alternativas”.

La estrategia era “con un puño (las estatinas) golpeábamos el colesterol malo (LDL) y con el otro (los inhibidores de CETP) aumentábamos el colesterol bueno (HDL). ¡Historia perfecta y sencilla!”, resume Ordovás. Pero al llegar a la hora de la verdad, la de los ensayos clínicos, las cosas no salieron según lo previsto: “En 2007 se publicó que torcetrapib aumentaba tremendamente el colesterol bueno, pero no solo no beneficiaba el riesgo cardiovascular, sino que posiblemente lo aumentara. Estocada de muerte para el fármaco. En el 2015, evacetrapib llegó a la misma conclusión y Eli Lilly tiró la toalla, y lo mismo le pasó a dalcetrapib, de Hoffman-La-Roche”.

Algunos buscan la manera de recuperar los inhibidores de CETP y resucitarlos para subgrupos específicos de personas

Esta es la crónica de la muerte de unos ‘fármacos nonatos’. Pero algunos no se resignan a perderlos, y buscan la manera de recuperarlos y resucitarlos para subgrupos específicos de personas en los que pudieran tener beneficio. “Esto sería parte de la medicina personalizada, pero también es un camino de menos interés para las grandes farmacéuticas, que no están tan interesadas en resucitar a los muertos como en crear nuevas criaturas”, añade Ordovás, que es uno de los pioneros mundiales en nutrigenómica.

El artículo de la Universidad de Harvard apunta directamente a la proteína apoC3 como responsable de ese mayor riesgo cardiovascular, una proteína que también es válida para justificar los diferentes suplementos de omega-3. Según el profesor de Tufts, “el mayor beneficio cardiovascular de los EPA puede ser porque reducen la apoC3 más que el DHA, un resultado consistente con toda esta historia”.

Genética manda

La clave de que no necesariamente más HDL ofrezca más protección cardiovascular está en la genética, y fue el grupo de Ordovás el que descubrió los genes que conducen a la predisposición de sintetizar apoC3. La creencia extendida de que es mejor cuanto más colesterol bueno haya es “uno de los dogmas de la ciencia/medicina. Es una historia sencilla y fácilmente vendible: colesterol bueno, colesterol malo, yin/yang”.

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José María Ordovás subraya las diferentes respuestas interindividuales a los medicamentos y, en línea con Jeremy Furtado, subraya la importancia que tiene la alimentación: “La nutrición equilibrada beneficia a todo nuestro metabolismo y sin daños colaterales. Asi es que sigamos con el empeño de que la gente coma mejor y no tenga que recurrir tanto a los fármacos y a exponerse a sus daños potenciales”. Y mirando al futuro defiende que “con la medicina de precisión y la nutrición de precisión, muchos de estos problemas quedarán en el pasado, como quedaron los inhibidores de la CETP”.

¿Qué pasa en la consulta?

Los argumentos anteriores también se aplican en la práctica clínica diaria. La doctora María Rosa Fernández Olmo, de la Asociación de Riesgo Vascular y Rehabilitación Cardiaca de la Sociedad Española de Cardiología, aclara que los niveles ideales de HDL son por encima de 55 mg/dl para las mujeres y 50 mg/dl en hombres, y “valores superiores pueden traducir HDL disfuncionantes. Además, hay que relacionarlos con los niveles de triglicéridos y de LDL. Por tanto, no nos sirve el decir que el HDL, colesterol bueno, cuanto más alto mejor”.

Insiste en que no se prescriben medicamentos para tener más HDL, sino “tratamientos no farmacológicos, como ejercicio físico y dietas cardiosaludables, que nos permiten tener unos niveles adecuados”.

Una vez más, la ciencia descubre que los mejores medicamentos y más seguros están en nuestra despensa.

En estos tiempos de guerra, decir que el colesterol es el ‘Putin del corazón' es insistir, nuevamente, en que esta lipoproteína, así en genérico, es la gran amenaza de la salud cardiaca y, en consecuencia, de nuestra supervivencia (no nos cansamos de escuchar que las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en el mundo y en España).

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