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La batalla de la obesidad realmente es una lucha de fondo cultural
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Aumento de patologías

La batalla de la obesidad realmente es una lucha de fondo cultural

En cualquier estudio epidemiológico, habitualmente se contaban más individuos sanos que enfermos. Sin embargo, por primera vez, esa razón se ha invertido en el siglo XXI

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No sé cuántas personas se habrán parado a pensar en esto, pero históricamente, en el mundo, para ninguna enfermedad hubo más personas enfermas que sanas.

Según la AHA (American Heart Association), la línea roja entre la salud y la enfermedad se define con las siguientes siete condiciones. Las personas que van a estar sanas no fuman; su índice de masa corporal es inferior a 25; hacen habitualmente actividad física, al menos moderada; mantienen una dieta sana, con poca sal, poco azúcar, mucha fruta y verdura, mucha fibra y mucho pescado; y tienen, bien en su sitio, la tensión arterial y los valores en sangre de colesterol y glucosa. A eso se le ha llamado 'La vida es simple 7'.

Foto: Foto: iStock. Opinión

Son criterios de los que claramente depende la salud. El balance solía ser positivo habitualmente. En cualquier estudio epidemiológico contábamos más sanos que enfermos. Sin embargo, por primera vez, esa razón se ha invertido en el siglo XXI. Ahora hay más enfermos que sanos. Un 60-40. ¿Y de qué sufrirán? De obesidad. Que les causará cáncer colorrectal, de esófago, de riñón, de endometrio. No se queda ahí la cosa. Esperen, que hay más. Aún tenemos que llegar hasta quince. En las mujeres posmenopáusicas, de mama. También tumores en la parte alta del estómago y cáncer de hígado, de vesícula, de páncreas, de tiroides. Y los meningiomas (tumores que se desarrollan en las delgadas membranas que cubren el cerebro y la médula espinal). Asimismo, el mieloma múltiple. El cáncer de próstata, el de mama en los varones y el linfoma difuso de células B. Para todos estos tumores, la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer ha encontrado pruebas suficientes de que la obesidad es una de sus causas. Dicho de otro modo, un tercio de todos los cánceres podría prevenirse si se controlara la obesidad.

La medicina preventiva, al igual que se ha demostrado con la pandemia del coronavirus, es clave para revertir esta situación. Por eso hay médicos que elegimos esta especialidad y nos dedicamos a investigar sobre la alimentación y otros factores que determinan la obesidad. Un asunto tan básico y aparentemente tan poco sofisticado que no le damos la importancia que tiene. Y eso, a pesar de que lo 'healthy' esté de moda.

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La actual pandemia de obesidad, llamada pandemia del siglo XXI hasta la llegada del SARS-CoV-2, es una lacra mundial gravísima. A diferencia del coronavirus, la pandemia de obesidad está aquí para quedarse. Creará una crisis de tal calibre que hará insostenibles los sistemas sanitarios de todo el mundo. Ya comienza a aplastarnos. No solo en cuanto al daño directamente sanitario, sino también por representar un problema económico de primer orden: genera un coste a los sistemas sanitarios equivalente a más del 3% del producto interior bruto mundial (más de dos veces el tamaño de la economía española). Y la cifra va a seguir creciendo si no se pone remedio. Pero ¿qué pasa? Que en medicina preventiva, o se llega antes, o se llega mal. Y ya se trata de una enfermedad que destruye prematuramente más de cuatro millones de vidas año tras año, y que afecta a más de 600 millones de personas. Solo el sobrepeso ya es un factor de riesgo para la enfermedad cardiovascular, la diabetes tipo 2, la insuficiencia renal, entre otras más… ¿De verdad tenemos necesidad de padecer tanto sufrimiento, por un problema que podría prevenirse?

Pienso que la raíz del problema está en la pérdida del autocontrol por parte de los individuos. La humanidad no ha sabido desarrollar los resortes educativos y culturales necesarios para afrontar esta era de la sobreabundancia en la que vivimos. Hay un sobreconsumo de alimentos y los profesionales de salud pública no hemos hecho bien nuestro trabajo. Hay que reconocerlo con humildad. No es tan sencillo porque no todo depende de nosotros, pero si en colaboración con otros agentes pudiéramos aportar lo necesario para que la población tuviera otros hábitos, otra cultura… Si a los menores se les dieran conocimientos y se trabajara su fuerza de voluntad para saber defenderse de la presencia de cierta industria alimentaria, desde pequeñitos, y se les enseñara a comer y disfrutar de una comida sana, otro gallo cantaría. Sé que es muy fácil decirlo, pero merece la pena intentarlo. Hay muchas iniciativas muy buenas (pienso en última campaña #LoReconozco, donde Gabriela Uriarte, Juan Llorca, la Gasol Foundation y el mismo Ministerio de Consumo entraron en acción).

Foto: El Dr. Miguel Ángel Martínez-González, jefe del estudio Predimed, posa con su nuevo libro, '¿Qué comes?', editado por Planeta.

Nuestra cultura debe cambiar su modo de gestionar el sobreconsumo y la falta de capacidad crítica. Porque culturalmente parecemos limitados para distinguir e identificar aquello que conduce a la frustración de lo que verdaderamente lleva a la felicidad, en cuanto a nutrición y estilo de vida se refiere. Pienso que aprender a gestionar mejor la abundancia y a estimar más la austeridad resulta imprescindible si queremos escapar de círculos viciosos. En muchas ocasiones, saber conformarse con un poco menos —en lo que se refiere a las gratificaciones placenteras inmediatas— y tener unos propósitos vitales a largo plazo más elevados permite alcanzar libertad interior. Es ese dominio sobre la propia apetencia, que nos hace ser fuertes y resistir las presiones de una sociedad tan consumista como la nuestra. La batalla de la obesidad es una batalla educativa y cultural.

Prof. Miguel Ángel Martínez-González 

Investigador Principal Grupo CIBEROBN 

Catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública 

Universidad de Navarra y Harvard University 

Autor de los libros 'Salud a ciencia cierta' y '¿Qué comes?'

No sé cuántas personas se habrán parado a pensar en esto, pero históricamente, en el mundo, para ninguna enfermedad hubo más personas enfermas que sanas.

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