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El SOS de la OMS para salvar la salud humana del cambio climático
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Día Mundial de la Salud

El SOS de la OMS para salvar la salud humana del cambio climático

La evidencia científica sobre las consecuencias del calentamiento del planeta en nuestro bienestar es apabullante, pero nos resistimos a tomar medidas tajantes. La autoridad sanitaria mundial hace un llamamiento para que reorientemos comportamientos

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Todos los días hay un día mundial, internacional o nacional ‘de...’. Y hoy, como cada 7 de abril, desde el año 1950, se conmemora el Día Mundial de la Salud, instaurado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su primera Asamblea, celebrada en 1948, con el propósito de concienciar sobre un área de interés prioritario. En fin, nada nuevo, opinarán muchos; necesario y conveniente, dirán otros.

En cualquier caso, lo que nadie cuestiona es que, en mayor o menor medida, todos los asuntos elegidos por la Organización para la efeméride nos afectan a todos, y ningún país está completamente libre de sus efectos (por ejemplo, la salud mental, de la que tanto se habla en los últimos meses, ya preocupaba a la OMS en 1952, 1959, 2001 y 2017). Este año, el foco está en el impacto en la salud del cambio climático, un asunto que tampoco es un recién llegado, ya que centró las acciones de los años 1990 y 2008.

Foto: La vicepresidenta cuarta y ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera. Foto: EFE

Bajo el lema 'Nuestro planeta, nuestra salud', la OMS reclama la atención sobre las medidas urgentes que se necesitan para mantener el bienestar humano y el del planeta e incentivar un cambio para que las sociedades se preocupen de este asunto.   

La OMS calcula que cada año se producen más de 13 millones de defunciones debidas a causas ambientales evitables y advierte de que la crisis climática, que es la mayor amenaza para la salud a la que se enfrenta la humanidad, también es una crisis de salud.

Más del 90% de las personas respira un aire insalubre y la contaminación está detrás de 7 millones de muertes al año

En un comunicado, la autoridad sanitaria subraya que “nuestras decisiones políticas, sociales y comerciales están favoreciendo la crisis climática y sanitaria. Más del 90% de las personas respiran un aire insalubre que es consecuencia de la quema de combustibles fósiles”. El precio de la mala calidad del aire es la muerte de 7 millones de personas cada año, producidas por el papel de la contaminación en los accidentes cerebrovasculares, el cáncer de pulmón y las enfermedades cardiacas. Según la OMS, se trata de un efecto equivalente al de fumar tabaco y es mucho más grave que, por ejemplo, los efectos de ingerir demasiada sal.

Mosquitos, plásticos y procesados

Debido al calentamiento del planeta, los mosquitos propagan las enfermedades -particularmente malaria, dengue y zika- más lejos y más rápido que antes. Por otra parte, los fenómenos meteorológicos extremos, la degradación del suelo y la escasez de agua están desplazando a las personas y afectando a su salud.

Foto: Almería amanece cubierta de polvo sahariano. (EFE/Carlos Barba)

La contaminación y los plásticos también llegan hasta el fondo de los océanos y se han instalado en nuestra cadena alimentaria.

Y hasta los sistemas de fabricación de alimentos procesados y poco saludables generan un tercio de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, al margen de su impulso a la pandemia de obesidad, el aumento del cáncer y de las enfermedades cardiacas.

¿Qué se puede hacer?

Para facilitar la contribución de los diferentes agentes sociales y económicos en la lucha contra el cambio climático, la OMS ofrece una serie de propuestas.

Gobiernos:

  • Priorizar el bienestar humano en todos los objetivos empresariales, institucionales, sociales y ecológicos.
  • Detener las nuevas prospecciones y proyectos relacionados con combustibles fósiles y aplicar políticas de producción y uso de energías limpias.
  • Detener las subvenciones a los combustibles fósiles. Reinvertir dichas subvenciones en la salud pública.
  • Aplicar las directrices de la OMS sobre la calidad del aire.
  • Gravar los alimentos y bebidas altamente procesados con alto contenido en sal, azúcares y grasas no saludables.
  • Aplicar políticas para reducir el desperdicio de alimentos.
  • Reorientar las subvenciones agrícolas hacia la producción de alimentos sostenibles y saludables.
  • Diseñar políticas de reducción de residuos y plásticos.
  • Integrar la salud mental y el apoyo psicosocial en la acción y las políticas climáticas para prepararse y responder mejor ante la crisis climática.
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Empresas:

  • Apagar las luces después de la jornada de trabajo.
  • Apoyar el teletrabajo cuando sea posible.
  • Eliminar los alimentos altamente procesados y envasados del lugar de trabajo.

Centros sanitarios:

  • Identificar oportunidades para ahorrar energía.
  • Apoyar la compra de productos respetuosos con el medioambiente.
  • Abogar por que la salud sea el centro de las políticas sobre cambio climático.

Particulares:

  • Ir al trabajo a pie o en bicicleta al menos un día a la semana.
  • Utilizar el transporte público.
  • Cambiarse a un proveedor de energía renovable.
  • No sobrepasar de 21,5 °C la temperatura del hogar y apagar la luz cuando no esté en la habitación.
  • Comprar alimentos frescos a productores locales y evitar los alimentos procesados.
  • Dejar de consumir tabaco.
  • Comprar menos plástico y utilizar bolsas de la compra reciclables.

Todos los días hay un día mundial, internacional o nacional ‘de...’. Y hoy, como cada 7 de abril, desde el año 1950, se conmemora el Día Mundial de la Salud, instaurado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su primera Asamblea, celebrada en 1948, con el propósito de concienciar sobre un área de interés prioritario. En fin, nada nuevo, opinarán muchos; necesario y conveniente, dirán otros.

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