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¿De qué dependen las donaciones de órganos? No todo es generosidad
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Bajo el microscopio

¿De qué dependen las donaciones de órganos? No todo es generosidad

Los españoles creemos que el altruismo es la clave del éxito de nuestro sistema de trasplantes. Es una verdad a medias, porque son los equipos de profesionales entrenados y coordinados los que realmente saben cómo actuar desde la donación al injerto

Foto: Equipo médico de trasplante de órganos. (iStock)
Equipo médico de trasplante de órganos. (iStock)

Si se hace esta pregunta sin más explicaciones, lo más probable es que la respuesta sea que se debe a la generosidad de la población, al hecho de que la gente esté predispuesta a donar sus órganos o los de sus familiares y que así lo haga si se da el caso. Todo muy bonito y políticamente correcto, solo que no es cierto. Aunque la necesidad de que haya una base de generosidad que posibilite la donación es cierta, el análisis detenido del problema no apoya esta hipótesis como mecanismo más importante.

A principios de la década de 1990, nada más crearse la ONT, se realizó una encuesta nacional sobre una serie de aspectos relacionados con la donación de órganos, entre los que probablemente el más relevante fuera una pregunta directa, sin más explicaciones previas: ¿donaría sus órganos después de morir?

En Suecia, Finlandia y Holanda hay más población favorable a donar sus órganos, pero las tasas reales de donación son muy inferiores a las de España

El porcentaje de españoles que contestaron afirmativamente fue un 58,4%, una cifra que permaneció en el mismo rango en una nueva encuesta con la misma pregunta en 1999 (56%) y de nuevo en una tercera en 2006 (58,3%). Durante este periodo, España multiplicó por cuatro su número de donaciones reales y pasó de la parte media baja en Europa en donaciones de órganos a líder mundial indiscutible, pero la proporción de españoles que donarían sus órganos espontáneamente permaneció virtualmente inalterada.

De la misma forma, cuando EUROSTAT comparó los resultados de la misma pregunta entre los países de la Unión Europea, España arrojó un resultado del 57%, similar al de la encuesta local, en la parte media de la UE y a mucha distancia de países como Suecia (81%) Finlandia (73%) u Holanda (69%), que, sin embargo, tienen unas tasas de donantes reales entre la mitad y la tercera parte de las españolas.

La forma importa, y mucho

No hay, por tanto, una relación directa entre la predisposición espontánea de la población y el número de donantes reales que se producen en un país o en un determinado entorno. Son factores externos ligados fundamentalmente a la forma y el entorno donde se plantea la donación los que van a condicionar que la respuesta sea positiva o negativa. Muy significativamente, mientras que en el Reino Unido las familias que dicen no a la donación de órganos rondan el 40%, entre los británicos fallecidos en hospitales españoles este porcentaje desciende al 9%. Solo factores externos relacionados con el cómo y el quién plantea la donación pueden explicar estas diferencias realmente curiosas.

placeholder Foto: iStock.
Foto: iStock.

Lo que cambió drásticamente la perspectiva de la donación en España tras la creación de la ONT en 1989 y nos hizo aumentar de manera espectacular el número de donantes fue la creación de una red de coordinadores de trasplantes, médicos y enfermeras en todos los hospitales con unidad de cuidados intensivos, perfectamente entrenados para detectar cualquier posible donante y para explicar el fallecimiento a la familia y solicitar la donación de órganos.

Eficacia del sistema

Esta situación, perfeccionada en todos los aspectos posibles a lo largo de los años y extendida a todo el país, es lo que constituye el modelo español de donación y trasplantes. La filosofía que acabamos de exponer supone, entre otras muchas cosas, dedicar los recursos disponibles al entrenamiento de profesionales para mejorar el proceso y no invertir en las llamadas 'campañas de concienciación' de la población, que pueden ser muy espectaculares, pero escasamente rentables salvo quizá para la imagen de quien las patrocina, y desde luego con una relación coste-beneficio totalmente desproporcionada.

Foto: Foto: iStock. Opinión

Lo esencial es, por tanto, la eficacia del sistema y ser consciente de que los encargados de la organización van a ser los responsables de que funcione o no. Si se producen menos donaciones de órganos en un hospital, una comunidad o un país, la culpa nunca es de la población: es que los responsables hemos hecho algo mal y, por tanto, hay que encontrar la solución en lugar de inventar excusas. Decir que hay pocas donaciones porque la gente no está concienciada o porque en una comunidad o un país hay muchos menos donantes potenciales que en el de al lado es poco realista y desde luego nada profesional.

Peculiaridades epidemiológicas

Lo que sí influye en el número de donantes de un determinado entorno es el grado de envejecimiento de la población. En un país como España, donde más de la mitad de los donantes tienen más de 60 años, un 30% más de 70 y un 9% más de 80, se comprende que aquellas comunidades más envejecidas, como las del norte, tengan más probabilidades de tener un mayor número de donantes en relación con su población que las mediterráneas, también con muchos ancianos, pero en menor medida que las anteriores.

placeholder Los accidentes de tráfico solo están detrás del 4% de las donaciones en España.  (iStock)
Los accidentes de tráfico solo están detrás del 4% de las donaciones en España. (iStock)

Estas diferencias epidemiológicas son limitadas dentro de un mismo país e incluso dentro de un entorno como la Unión Europea. En cambio, se hacen muy marcadas cuando se comparan con otras zonas del planeta como América Latina, Asia o África, con poblaciones mucho más jóvenes y con una siniestralidad vial o por traumatismos de todo tipo muy superior a la de cualquier país europeo. Mientras que en España los accidentes de tráfico representan tan solo un 4% de los donantes, en muchos países de otros continentes este porcentaje puede alcanzar cifras de más de un 60-70% (algo parecido a la España de hace 50 años) y, en cambio, las personas mayores con accidentes cerebrovasculares, muy mayoritarias entre nosotros, son allí muchas menos.

Crisis de opiáceos y donación

Un caso curioso que ilustra la importancia de las diferencias epidemiológicas es el de Estados Unidos. En 2021 ha sido el único país importante que no solo no ha visto reducida la donación por la epidemia de covid, sino que la ha aumentado significativamente. Ello es directamente atribuible a la llamada 'crisis de los opiáceos', una verdadera catástrofe de salud pública generada por la codicia de determinadas farmacéuticas que ha generado más de 2 millones de adictos a estos medicamentos en Estados Unidos, con alrededor de medio millón de fallecidos hasta ahora, unas cifras que superan a las producidas por armas de fuego o por accidentes de tráfico, con numerosos testimonios gráficos de grupos de drogadictos deambulando como zombis por las calles.

El año pasado, 2.245 donantes norteamericanos lo fueron por intoxicación medicamentosa frente a 1.032 por disparos de arma de fuego, dos causas anecdóticas en nuestro país

Pues bien, el pasado año nada menos que 2.245 donantes norteamericanos (un 16,2% del total, casi 3 veces más que en 2015) lo fueron por intoxicación medicamentosa frente a 1.032 (7,4%) por disparos de arma de fuego. Es decir, prácticamente la cuarta parte de los donantes norteamericanos fallecieron por causas afortunadamente anecdóticas en nuestro país. Dos mundos ciertamente muy diferentes.

En definitiva, el número de donantes de órganos en un entorno determinado va a depender desde luego de las características de su población y de su generosidad, pero muy fundamentalmente de que exista un sistema sanitario capaz de garantizar que toda aquella persona que cumpla los requisitos clínicos para ser donante finalmente lo pueda ser si esa es su voluntad.

Si se hace esta pregunta sin más explicaciones, lo más probable es que la respuesta sea que se debe a la generosidad de la población, al hecho de que la gente esté predispuesta a donar sus órganos o los de sus familiares y que así lo haga si se da el caso. Todo muy bonito y políticamente correcto, solo que no es cierto. Aunque la necesidad de que haya una base de generosidad que posibilite la donación es cierta, el análisis detenido del problema no apoya esta hipótesis como mecanismo más importante.

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