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La guía de los expertos para luchar contra el sobrepeso y la obesidad
  1. Bienestar
'La despensa emocional'

La guía de los expertos para luchar contra el sobrepeso y la obesidad

La psicóloga Rosa Calvo Sagardoy pone en valor el lado emocional de la comida como clave para prevenir desórdenes alimentarios

Foto: Foto: EFE.
Foto: EFE.

La pandemia ha tenido un efecto directo en el aumento del peso de los españoles. Según un estudio de la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO), más del 44% de la población engordó entre 1 y 3 kg en los primeros confinamientos domiciliarios. Actualmente, en España el 53,8% de los españoles declara tener problemas de peso, un 36,6% con sobrepeso y un 17,2% con obesidad, según un último estudio de esta sociedad científica. Con estas cifras no es de extrañar que muchas personas busquen la solución rápida al problema, hacer dieta sin tener en cuenta su estado emocional.

En estos datos entra en juego la ausencia de 'calorías emocionales' y 'el sedentarismo mental' como dos de los principales problemas que amenazan la salud psíquica de las personas y que, junto a una mala alimentación, influyen en el aumento excesivo del peso y en la aparición de desórdenes alimentarios (anorexia, bulimia o trastorno por atracón).

Foto: Foto: iStock Opinión

Charlamos sobre todos estos problemas nutricionales con la psicóloga Rosa Calvo Sagardoy, que analiza en el libro ‘La despensa emocional’ (Arán Ediciones, 2022) estas cuestiones actuales. Su escrito es una guía que pone de manifiesto la importancia que damos a la dimensión afectivo-emocional de la comida.

PREGUNTA. ¿En qué consiste la ‘despensa emocional’?

RESPUESTA. La mayoría de la comida que tomamos no está asociada al hambre física, sino a un hambre emocional, un conjunto de situaciones diversas, como puede ser el aburrimiento, el vacío, la tristeza, la frustración, la falta de otros refuerzos alternativos… De este modo, la comida se convierte en una respuesta predominante en la vida que nos hace comer en exceso cuando no es necesario, no me refiero al pequeño capricho, sino a comer excesivamente por defecto. Y la mayoría de la gente no sabe sustituirla por otras respuestas más eficaces y más adecuadas a lo que esa persona siente.

La ‘despensa emocional’ es una despensa de recursos emocionales, valga la redundancia, para afrontar este deseo de comer que no está asociado al hambre física. El objetivo es que esa persona tenga herramientas que le permitan calmar una ansiedad, un malestar, una inquietud, un vacío…

P. ¿Por qué la comida se convierte en una respuesta tan fácil a los problemas de la vida?

R. La primera experiencia positiva que tuvimos cuando nacimos fue comer. Cuando nos dieron el pecho, nos cogieron; por tanto, nos dieron contacto físico, compañía, calor, cariño, posiblemente nos canturrearon... De este modo asociamos todas estas experiencias positivas al hecho de comer. Todos los seres humanos tenemos impreso en nuestro cerebro la experiencia primigenia que nos dice que comer es positivo, es tranquilizante, es compartir... Entonces, cuando no experimentamos bienestar, sin darnos cuenta, tendemos a ir a la comida sin tener ningún problema en sí, simplemente por ese hecho que ocurrió el primer día de nuestra vida, cuando el cerebro estaba tan fresco que todo, absolutamente todo, se grababa en él.

Además, no tenemos costumbre de afrontar las dificultades, queremos estar permanentemente bien en lugar de buscar por qué estamos mal y la respuesta que corresponde. Y como la comida es un recurso muy fácil, es inmediata y no se castiga como una droga… Llega un momento en que sin darnos cuenta nos enganchamos y cuando ya se convierte en una adicción es bastante complicado de subsanar.

placeholder Rosa Calvo. (Arán).
Rosa Calvo. (Arán).

P. Entonces, ¿la dimensión afectivo-emocional de la comida es enorme?

R. A través de la comida hemos conseguido el afecto y es una manera de relacionarnos socialmente. Cuando hay gente que tiene problemas de socialización, es mucho más fácil que una reunión sea con una comida de por medio, por ejemplo.

Además, la comida es uno de los mejores ansiolíticos. Por eso, aunque tomes pastillas, sigues comiendo. O sea que comer no es solo comer físicamente. Comer es sentirte bien, sentirte nutrido.

Lo nutritivo no es solo el alimento físico, también el cariño y el afecto con el que das ese alimento. Por eso, esas comidas de cajas y contenedores no valen nada, porque no alimentan y te quedas con ese vacío. Eso es la dimensión afectiva de la comida.

También hay que señalar que la comida es sagrada. Es un acto sagrado y de respeto total.

P. Asociabas anteriormente a la comida con la droga, ¿en general puede relacionarse con una adicción?

R. Llega un momento en que si no tienes ninguna alternativa en la vida, aunque tu vida no sea nefasta, pero estás en casa mucho tiempo y no sabes entretenerte, no tienes realmente aficiones que te emerjan de dentro, no te entretiene nada más... Claro, el acto de comer se convierte en entretenimiento. Se puede plantear el hecho de comer por comer como el problema con el juego, que lo que te hace adictivo es la acción.

Foto: Foto: iStock.

P. ¿Qué es el ‘sedentarismo mental’ del que se habla en el libro?

R. Una de las cosas que he visto en consulta es que la mayoría de pacientes con problemas de obesidad tienen mucha dificultad para tomar decisiones en nombre propio. En especial, la mayoría de mujeres obesas, por no decirte todas, están dedicadas de una manera inconsciente en la familia a ser las cuidadoras; es decir, personas que no tienen protagonismo, ni voto, tienen simplemente ese encargo de cuidar a los demás. A estas se les ha sustraído esa capacidad de iniciativa, de decisión y, por tanto, tienen una parálisis psíquica importantísima. Es decir, no toman decisiones porque no se atreven. Nadie les ha propuesto que las puedan tomar y no saben tomarlas porque nunca lo han hecho. En consecuencia, no solo hay una parálisis física cuando se tumban en el sofá o no se mueven, sino que psicológicamente no hay prácticamente iniciativa, que es lo que mueve el desarrollo de la personalidad y la toma de decisiones sobre cómo hacer tu vida.

P. Otro de los conceptos que aparecen en el libro es el de las ‘calorías emocionales’, ¿cuál es su acepción?

R. Es lo que hacer sentir a uno que vale, es decir, lo que tiene que llenar la ‘despensa emocional’. Pequeños conceptos, como que en determinados momentos puedas estrenar una prenda de ropa que no solo sea heredada, que escuchen tu opinión, que noten que son personas valiosas... Va más allá de la autoestima, es sentir que vales para alguien, que eres importante en su vida y que eres el protagonista de tu existencia.

Por supuesto, si lo necesitan, un abrazo físico. Y si también lo necesitan, sobre todo en la adolescencia, no dárselo. Se trata de respetar el espacio y de pedir su opinión.

P. La comida es una medicina emocional para muchas personas, por ejemplo algunos lo usan para calmar la ansiedad… ¿Cómo debemos actuar al respecto?

R. En primer lugar, no puedes quitarte la comida de golpe porque te ha ayudado a equilibrarte. Eso es una locura de la gente: “Pues me restrinjo la comida, la quito o no como tal”.

Hay que desenvolver la capacidad de saber estar bien sin nada. De hecho, hay que desenvolver la capacidad de autoconciencia corporal, sentimental y emocional. Es decir, tenemos que darnos cuenta de nuestras cosas e incorporar todas las técnicas meditativas que haya. Tenemos que enraizarlos en la vida.

Enraizarse es comer con conciencia, enraizarse a pasear sabiendo sentir tus pies y lo que es lo que mueve la madre naturaleza a tu alrededor.

Y lo más importante, finalmente, es desenvolver la capacidad de compasión, de perdón y de gratitud, que es el trípode del bienestar.

Foto: Comer en exceso se debe a una desregulación emocional. (iStock)

P. ¿Cuál es el riesgo de hacer dieta sin tener en cuenta el estado emocional?

R. La gran fortuna es que la mayoría no lo logran y eso les salva; curiosamente, el fracaso de las dietas es lo que protege a las personas.

Tenemos que colocar la comida en su sitio, en orden, en cantidad, en variedad, en ciclos y en una cierta flexibilidad para tener también esos pequeños disfrutes. Pero nunca hacer un control de la comida porque eso puede derivar en un trastorno más grave como el anoréxico, ser el prolegómeno de la obesidad o del sobrepeso. Porque muchas veces las dietas llevan finalmente a coger peso.

P. En general, ¿funcionan a largo plazo los tratamientos para cambiar los hábitos de vida?

R. Si los cambios se producen solo en menos de uno o dos años, no funcionan. Los tratamientos cortos no sirven para nada. Se pierden los resultados.

En el primer año hay un porcentaje elevadísimo que cumple, pero a los cinco años prácticamente ningún paciente que hizo el control de comer de una manera regulada y controlada consigue mantenerlo.

Lo que hay que hacer es, en paralelo, ver el desenvolvimiento de los otros hábitos de bienestar, de que todos los días posibles sea capaz de sentarme, respirar profundo, eliminar la tristeza, el aburrimiento o calmar la ansiedad. Entender por qué, plantearme los cambios que tengo que hacer en el enfoque de mi existencia.

Comprender que somos algo más que un cacho de carne, cultivar la mente, el espíritu, las relaciones, aportar a la vida algo…

Si la comida no se puede desligar de todo lo otro, si no sé controlar la comida y crear un hábito, eso no va a servir.

placeholder 'La despensa emocional'.
'La despensa emocional'.

P. ¿Cuál es el proceso de evaluación para detectar un problema alimentario?

R. Primero hay que analizar lo conductual, ver el comportamiento de esa persona y si hay déficits o excesos. Se hace un análisis funcional. Es decir, trabajas los antecedentes y las consecuencias para analizar la primera parte conductual.

Hay que trabajar algunos conceptos básicos de la vida, como la flexibilidad y la rigidez, que son factores de bloqueo de cualquier cambio. Y en el caso de la obesidad, una cuestión es la demora de la gratificación, es decir, la capacidad de tener un deseo y que no sea importante el cumplirlo. Eso nos deja pegados a los impulsos.

Tienes que trabajar todo eso para que realmente luego se pueda, como he dicho, colocar la comida en su sitio. Y eso en menos de un año ya te aseguro que no se puede hacer.

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P. Mucha gente cuando considera que tiene problemas con el peso, acude a un nutricionista simplemente para adelgazar, pero ¿cómo de importante es una evaluación multidisciplinar para abordar de verdad el problema?

R. Es esencial.

Desgraciadamente, yo me pongo a llorar cada vez que veo que un organismo como la OMS da las pautas para manejar la obesidad en el mundo y no incorpora de una manera explícita el tratamiento emocional. Como mucho hablan de lo cognitivo-conductual, que la mayoría de gente no sabe ni lo que es, que eso no se sostiene en el tiempo.

P. La psicología es muy importante en el ámbito nutricional…

R. A mí me parece esencial. Sin esa pata, la mesa no se sostiene.

P. ¿Y cuál es la importancia de familia, amigos, entorno... ?

R. Así como en la anorexia las familias son superactivas y colaboran, en los pacientes obesos prácticamente no he conseguido nunca que vinieran las familias, porque no les cabe en la cabeza qué tienen ellos que ver.

Las familias son esenciales. Y fuera de ellas, el entorno también, no te quiero decir ya el sufrimiento de las burlas, del maltrato…

P. Y como última pregunta, una que se hace mucha gente a diario, ¿qué es comer bien?

R. Comer bien es comer sin cabeza, sin control, pero con autorregulación. O sea, no controlar la comida no significa descontrolarla, significa que esté regulando la sabiduría de nuestro cerebro.

Lo que diferenciaría realmente a un trastorno es si hay saciedad o no. Es decir, si hay un tiempo en que tu cerebro al día no está interesado en la comida. Si tú comes y no te dejas de interesar por la comida, eso ya es un problema.

La pandemia ha tenido un efecto directo en el aumento del peso de los españoles. Según un estudio de la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO), más del 44% de la población engordó entre 1 y 3 kg en los primeros confinamientos domiciliarios. Actualmente, en España el 53,8% de los españoles declara tener problemas de peso, un 36,6% con sobrepeso y un 17,2% con obesidad, según un último estudio de esta sociedad científica. Con estas cifras no es de extrañar que muchas personas busquen la solución rápida al problema, hacer dieta sin tener en cuenta su estado emocional.

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