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Científicos españoles hallan una ingeniosa estrategia para frenar el daño en el ADN
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Científicos españoles hallan una ingeniosa estrategia para frenar el daño en el ADN

Investigadores del CSIC, junto con el Instituto Karolinska, han encontrado una molécula capaz de reparar las ‘lesiones’ en el material genético. El trabajo, publicado en ‘Science’, abre la puerta a soluciones para grandes problemas de salud

Foto: Carlos Benítez-Buelga, coautor de la investigación.
Carlos Benítez-Buelga, coautor de la investigación.

La sangre transporta a todas las células de nuestro cuerpo el oxígeno que necesitan para desempeñar sus funciones, pero esa actividad genera una serie de ‘residuos’ que son neutralizados por los antioxidantes y así nos mantenemos sanos. El ambiente, el estilo de vida y cumplir años afectan a nuestra capacidad para eliminar productos tóxicos y el ADN sufre un daño oxidativo. El proceso es natural (es decir, vivir nos oxida) y está detrás de muchos de los grandes males que nos afectan a las personas: envejecimiento, obesidad, enfermedades cardiovasculares, cáncer o problemas neurodegenerativos.

Foto: Foto: iStock. Opinión

Muchos equipos de investigación en el mundo centran sus esfuerzos en descubrir a todos los ‘implicados’ en el daño oxidativo a nuestro material genético y, lo más importante, cómo anularlos con el propósito de evitar -o al menos ralentizar – algunos de los grandes males de nuestro tiempo. Uno de los últimos hallazgos lo ha hecho un equipo internacional, liderado por el profesor Thomas Helleday del Instituto Karolinska, que incluye a investigadores españoles del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y del Instituto de Salud Carlos III. En concreto, se trata de una molécula (TH10785) capaz de estimular la reparación del daño oxidativo del ADN. “En presencia de esta molécula, la proteína encargada de corregir ese tipo de daño adquiere una nueva función enzimática para llevar a cabo su misión de una forma distinta y mucho más eficaz”, explica el doctor Carlos Benítez-Buelga, del Instituto de Investigaciones Biomédicas (IIB-CSIC) y primer firmante del trabajo, que se ha publicado en la revista ‘Science’.

Prevenir y curar

Cuando el ADN resulta dañado por los procesos oxidativos, entra en acción la enzima OGG1 para “eliminar una peligrosa lesión mutagénica, llamada 8-oxoG”. La pequeña molécula encontrada, la TH10785, aumenta diez veces la actividad de la enzima y genera una nueva función en OGG1. Es decir, “la molécula funcionaría como un catalizador de la enzima”, matiza Benítez-Buelga.

Los estudios preclínicos de seguridad y eficacia son fundamentales antes de pensar en desarrollar tratamientos para humanos

En declaraciones a El Confidencial, el investigador subraya que “la importancia de esta investigación es doble”. Por un lado, “esta nueva molécula podría utilizarse para prevenir las lesiones que se acumulan en el ADN como consecuencia del estrés oxidativo y que están relacionadas tanto con procesos naturales, como el envejecimiento, como con procesos patológicos, como el alzhéimer, el cáncer, la obesidad o las enfermedades cardiovasculares, autoinmunes y pulmonares”.

Por otro lado, este es el primer ejemplo de una molécula con la que se consigue “enseñar una función nueva” a una enzima de reparación del ADN, haciéndola más eficiente. “Este concepto puede abrir nuevas vías en la investigación y desarrollo de nuevos fármacos”.

Objetivo: uso humano

La aspiración de la mayoría de los científicos es ver su trabajo materializado, y en este caso, aplicado en las personas. ¿Cuál es el siguiente paso de esta investigación? “Tenemos que ser optimistas. Este es el primer paso de un camino que sin duda será largo y lleno de desafíos. Necesitamos probar esta molécula en ratones para ver si es segura y si funciona igual de bien que en los estudios celulares. A veces para conseguir estos objetivos es necesario hacer ciertos 'retoques' en la molécula para hacerla más efectiva. Estos estudios preclínicos son fundamentales antes de poder pensar en una terapia aplicada al ser humano” cuenta Carlos Benítez-Buelga, que hizo el trabajo durante su etapa posdoctoral en el Departamento de Oncología del Instituto Karolinska y ahora investiga en el IIB-CSIC gracias a la financiación que recibe de la Asociación Española Contra el Cáncer.

placeholder Laboratorio de investigación genética.  (iStock)
Laboratorio de investigación genética. (iStock)

Debido a la experiencia del primer autor en cáncer, es inevitable aventurar si este es el área que tiene un ‘mayor potencial’ de aplicación de esta investigación. “Desde luego es una de las aplicaciones con más posibilidades. El daño oxidativo es potencialmente mutagénico, y esta molécula podría ayudar a nuestras células a combatir mejor esta amenaza y así prevenir la aparición del cáncer”, sostiene.

Sin embargo, añade, "el potencial de esta molécula no se restringe exclusivamente al cáncer, ya que existen multitud de enfermedades asociadas al daño oxidativo y con opciones muy limitadas de tratamiento, como la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), en las que valdría la pena diseñar estrategias terapéuticas basadas en esta molécula".

En el estudio que publica 'Science' también han participado, entre otros autores españoles, Rosario Perona, actual subdirectora del ISCIII y científica del CIBER de Enfermedades Raras; Miguel de Vega, investigador del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CBM-SO); Ana Sastre-Perona, del Instituto de Investigación Sanitaria del Hospital La Paz (IdiPaz); y Ana Osorio, del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO).

La sangre transporta a todas las células de nuestro cuerpo el oxígeno que necesitan para desempeñar sus funciones, pero esa actividad genera una serie de ‘residuos’ que son neutralizados por los antioxidantes y así nos mantenemos sanos. El ambiente, el estilo de vida y cumplir años afectan a nuestra capacidad para eliminar productos tóxicos y el ADN sufre un daño oxidativo. El proceso es natural (es decir, vivir nos oxida) y está detrás de muchos de los grandes males que nos afectan a las personas: envejecimiento, obesidad, enfermedades cardiovasculares, cáncer o problemas neurodegenerativos.

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