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¿Realmente existen los delgados que comen mucho y no engordan?
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¿Realmente existen los delgados que comen mucho y no engordan?

Todos conocemos a alguien que, aparentemente, puede ingerir todo lo que quiera sin ganar ni un gramo de peso. Son los delgados recalcitrantes, que parecen haber sido agraciados con la lotería genética. Un nuevo estudio deja al descubierto el secreto

Foto: Foto: iStock.
Foto: iStock.

Lo de los delgados recalcitrantes tiene algo de leyenda urbana. Todos conocemos o tenemos referencias de personas que, aparentemente, no cuidan su alimentación y, sin embargo, se mantienen delgadas y (aparentemente) sanas. Pero más allá del mito o la anécdota, lo cierto es que hay datos que corroboran este hecho.

Acaba de publicarse un importante estudio que ha explorado las razones por las que estas personas mantienen un peso corporal controlado, por debajo incluso del normopeso. En este estudio, liderado por John Speakman, de la Universidad de Aberdeen, se reclutó a 150 personas con infrapeso (definido como índice de masa corporal inferior a 18,5) y se les comparó con otras 175 personas con normopeso (índice de masa corporal de 21,5 a 25).

Foto: Foto: Unsplash/@fatladattheback. Opinión

Se excluyeron del estudio a aquellas personas con causas específicas de infrapeso, como pueden ser trastornos de la conducta alimentaria, VIH o pérdida previa de peso por otras enfermedades. Para valorar su nivel de actividad física, se usaron acelerómetros, mientras que para conocer la cantidad de energía que consumían en los alimentos se midió su peso corporal y se usó el método del agua doblemente marcada.

Este método consiste en facilitar a los sujetos una dosis de agua que contiene dos isótopos no radiactivos: deuterio y oxígeno 18. Se toman muestras de orina antes de administrar la dosis, y 7 y 14 días después. El deuterio solo se elimina a través del agua corporal, mientras que el oxígeno 18 se elimina en el agua, pero también en el dióxido de carbono a través de la respiración. Midiendo la diferencia en la velocidad de eliminación de deuterio y de oxígeno 18, se puede conocer la producción de dióxido de carbono, que está relacionada con la producción de energía en el organismo. Es una forma muy precisa de conocer el gasto energético de los individuos.

Verdades al descubierto

Con los datos de las dos semanas de seguimiento en la mano, los investigadores se encontraron con varios resultados sorprendentes. El primero de todos ellos fue que estas personas extremadamente delgadas no eran físicamente muy activas, una de las posibles causas a las que podríamos recurrir para explicar su delgadez. De hecho, los datos procedentes de los acelerómetros indican que, por el contrario, estas personas eran un 23% menos activas que aquellas con normopeso. Y en relación con la alimentación, otra sorpresa: aunque la leyenda urbana dice que estas personas comen tanto o más que las personas con peso normal, y no engordan, en este estudio se encontró que comían menos que los individuos con normopeso, un 12% menos de energía.

placeholder Los muy delgados realmente comen mucho menos de lo que dicen. (iStock)
Los muy delgados realmente comen mucho menos de lo que dicen. (iStock)

Los investigadores analizaron otros datos adicionales, como la tasa metabólica basal, esto es, la energía que el organismo consume en reposo por el simple hecho de estar vivos. Y en este caso los datos sí que acompañarían a la lógica: estas personas con infrapeso tenían una tasa metabólica basal mucho más elevada que lo que correspondería por su composición corporal. Y además tenían niveles elevados de hormonas tiroideas, en concreto T3, T4 y T4 libre. Y para colmar el vaso de los que miran con envidia a estas personas, su perfil metabólico es bueno, a pesar de que eran incluso menos activas que los sujetos con peso normal. Tenían menores niveles de triglicéridos y de LDL, y niveles más altos de HDL.

Derribando mitos

Trabajos como este son importantes porque encuentran explicación a algo que incluso es 'vox populi' y percepción cotidiana entre la población. Ahora sabemos que ese amigo, compañero o familiar que es un delgado recalcitrante ni come tanto o más que nosotros, ni es físicamente muy activo, corriendo a horas intempestivas y no confesándolo. Son personas cuyo organismo sí pareciera consumir energía a una mayor tasa que el resto, algo relacionado con los altos niveles de hormonas tiroideas que poseen. Y también son personas que comen algo menos y que son menos activas. Para tener la imagen completa, hace falta algo más de información. Conocer con más detalle la composición de la dieta de estos individuos, o también la regulación de sus mecanismos de apetito, a través de hormonas como la grelina.

Afortunadamente, los investigadores están preparando una segunda parte de este estudio, que tenga en cuenta estos aspectos, así como las diferencias genéticas entre estas personas y el resto. Datos preliminares indican que sí podría haber algunas variantes genéticas relacionadas, ya que cuando las han transferido a ratones, estos han desarrollado ciertas características de los individuos delgados.

Foto: Foto: iStock. Opinión

Otro mito similar del que hemos hablado aquí es el de los obesos metabólicamente sanos: algo que cada vez queda más descartado, ya que se van obteniendo más datos que indican que estas personas tienen riesgo elevado de enfermedades metabólicas y cardiovasculares, a pesar de tener aparentemente buen control glucémico, niveles de lípidos en sangre o capacidad cardiorrespiratoria.

El índice de masa corporal tiene muchas limitaciones a la hora de valorar el estado de salud de una persona

Del mismo modo que los fofisanos no existen (o existen con fecha de caducidad), sí que lo hacen, sin embargo, sus opuestos: los delgordos o gordiflacos. Estas personas tendrían un índice de masa corporal normal e incluso bajo, siendo delgadas en apariencia. Sin embargo, estos individuos cuentan con una composición corporal inadecuada, ya que su porcentaje de masa muscular es bajo, y el de grasa corporal, elevado. Esto lleva a que suelan tener resistencia a la insulina y mal control glucémico, hipercolesterolemia y un mal perfil metabólico general.

Medidas engañosas

Unido al nuevo estudio sobre los delgados recalcitrantes, esto nos lleva a algo que cada vez queda más claro: el índice de masa corporal tiene muchas limitaciones a la hora de valorar el estado de salud de una persona. Podemos tener delgordos o delgados recalcitrantes, con un IMC muy bajo, del mismo modo que alguien con un IMC dentro de sobrepeso puede ser alguien con mala salud y elevada grasa corporal, o bien un atleta muy musculado.

placeholder La bioimpedancia da una información más precisa de la composición corporal. (iStock)
La bioimpedancia da una información más precisa de la composición corporal. (iStock)

Algunas mediciones, como el perímetro de cintura, son complementarias y fáciles de tomar, y dan información sobre la obesidad central, tan relacionada con la inflamación y las enfermedades metabólicas y cardiovasculares. Otras, como la bioimpedancia, cada vez están más extendidas, pueden dar información más precisa sobre composición corporal. Y como método clínico ideal para la valoración de la composición corporal tenemos la morfodensitometría, que se hace con el mismo aparato, el DXA, con el que se determina la densidad mineral ósea.

Volviendo al artículo de referencia, ahora podemos entender por qué hay personas delgadas o muy delgadas que nunca engordan y están sanas. Tienen su metabolismo basal más elevado, pero ni comen tanto como dicen, ni hacen mucho ejercicio que justifique su bajo peso. Al final, lo importante es estar metabólicamente sanos, ya sea en un bajo peso o en un sobrepeso, y para la mayoría de los mortales esto se consigue moviéndose más y comiendo menos y mejor.

Lo de los delgados recalcitrantes tiene algo de leyenda urbana. Todos conocemos o tenemos referencias de personas que, aparentemente, no cuidan su alimentación y, sin embargo, se mantienen delgadas y (aparentemente) sanas. Pero más allá del mito o la anécdota, lo cierto es que hay datos que corroboran este hecho.

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