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Las consecuencias de usar el salero en la mesa, según un estudio
Entre los 40 y los 69 años

Las consecuencias de usar el salero en la mesa, según un estudio

Una investigación con más de medio millón de personas demuestra que agregar sodio a las comidas delante del mantel eleva el riesgo de morir por cualquier causa

Foto: Foto: Unsplash/@taynamorey.
Foto: Unsplash/@taynamorey.

La Organización Mundial del Corazón (OMS) recomienda que los adultos no consuman más de 5 g de sal al día (lo que corresponde a 2,3 g de sodio/día). La última guía de la Sociedad Europea de Cardiología, junto con otras nacionales e internacionales, caracteriza una dieta saludable como una ingesta diaria de sal por debajo de 5 g, o alrededor de una cucharadita por día.

Sin embargo, la mayoría de los estudios disponibles sobre el consumo de sodio en las poblaciones establecen que solo una pequeña proporción cumple con la recomendación de la OMS. Por ejemplo, el estudio Prospective Urban Rural Epidemiology (PURE, por sus siglas en inglés) de 102.216 participantes de 18 países de ingresos bajos, medios y altos encontró que el 2,1% tenía una excreción de sodio estimada de menos de 3 g por día, y solo el 0,2% excretaba menos de 2,3 g por día. En consecuencia, cambiar la ingesta de la población mundial al nivel recomendado representaría un cambio importante.

Con más de medio millón de personas

Ahora, ‘European Heart Journal’ publica un estudio que constata que agregar sal adicional a su comida en la mesa supone un mayor riesgo de morir prematuramente por cualquier causa. El trabajo se llevó a cabo con más de medio millón de personas.

"Agregar siempre sal a la comida sugiere que una persona más de cada cien puede morir antes de tiempo en el grupo de 40 a 60 años"

En comparación con los que nunca o rara vez añadían sal, los que siempre ponían más a sus alimentos tenían un 28% más de riesgo de morir prematuramente. En la población general, unas tres de cada cien personas con edades comprendidas entre los 40 y los 69 años mueren prematuramente. El mayor riesgo de agregar siempre sal a la comida observado en el estudio actual sugiere que una persona más de cada cien puede morir antes de tiempo en este grupo de edad.

Además, el estudio encontró una esperanza de vida más baja entre las personas que siempre añadían sal en comparación con las que nunca o rara vez lo hacían. A los 50 años, se redujeron 1,5 años y 2,28 años en la esperanza de vida de las mujeres y los hombres, respectivamente, que siempre añadían sal a sus alimentos frente a los que nunca, o rara vez, lo hacían.

Los investigadores, dirigidos por el profesor Lu Qi, de la Facultad de Salud Pública y Medicina Tropical de la Universidad de Tulane, Nueva Orleans (EEUU), afirman que sus hallazgos tienen varias implicaciones para la salud pública.

"Hasta donde yo sé, nuestro estudio es el primero en evaluar la relación entre agregar sal a los alimentos y la muerte prematura", asevera. "Proporciona evidencia novedosa para respaldar las recomendaciones de modificar los comportamientos alimentarios para mejorar la salud. Incluso una reducción modesta en la ingesta de sodio, agregando menos o nada los alimentos en la mesa, es probable que dé como resultado beneficios sustanciales para la salud, especialmente cuando se logra en la población general".

placeholder Foto: Unsplash/@emsmith.
Foto: Unsplash/@emsmith.

Evaluar la ingesta total de sodio es notoriamente difícil ya que muchos alimentos, en particular los alimentos preparados y procesados, tienen altos niveles de sal añadida incluso antes de que lleguen a la mesa.

Los estudios que examina el consumo por medio de pruebas de orina a menudo solo toman una muestra y, por lo tanto, no reflejan necesariamente el comportamiento habitual. Además, los alimentos ricos en sal suelen ir acompañados de los ricos en potasio, como frutas y verduras, lo cual es beneficioso. Se sabe que el potasio protege contra el riesgo de enfermedades cardiacas y metabólicas, como la diabetes, mientras que el sodio aumenta las probabilidades de sufrirlas.

Dieta occidental

"Agregar sal a los alimentos en la mesa es un comportamiento alimentario común que está directamente relacionado con la preferencia a largo plazo de un individuo por los productos con sabor salado y el consumo habitual de sal", asevera el profesor Qi. "En la dieta occidental, añadirla en la mesa representa del 6% al 20% de la ingesta total de sal y proporciona una forma única de evaluar la asociación entre el consumo habitual de sodio y el riesgo de muerte", agrega.

Los investigadores analizaron datos de 501.379 personas que participaron en el estudio del Biobanco del Reino Unido. Cuando se unieron al mismo entre 2006 y 2010, se les preguntó a los participantes, a través de un cuestionario de pantalla táctil, si agregaban sal a sus alimentos: nunca/rara vez, a veces, generalmente, siempre o preferirían no contestar.

Aquellos que prefirieron no contestar no fueron incluidos en el análisis. Los investigadores ajustaron sus análisis para tener en cuenta los factores que podrían afectar los resultados, como la edad, el sexo, la raza, las privaciones, el índice de masa corporal (IMC), el tabaquismo, el consumo de alcohol, la actividad física, la dieta y afecciones médicas como diabetes, cáncer y enfermedades del corazón y de los vasos sanguíneos. Siguieron a los participantes durante una media de nueve años. La muerte prematura se definió como la que aconteció antes de los 75 años.

Además de encontrar que agregar siempre sal a los alimentos estaba relacionado con un mayor riesgo de muerte prematura por todas las causas y una reducción en la esperanza de vida, los investigadores hallaron que estos riesgos tendían a reducirse ligeramente en las personas que consumían las cantidades más altas de frutas y verduras, aunque estos resultados no fueron estadísticamente significativos.

"Este hallazgo no nos sorprendió, ya que las frutas y verduras son fuentes importantes de potasio, como se menciona anteriormente, que tiene efectos protectores y está asociado con un menor riesgo de muerte prematura", cuenta el profesor Qi.

Y añade: "Dado que nuestro estudio es el primero en informar una relación entre agregar sal a los alimentos y la mortalidad, se necesitan más para validar los hallazgos antes de hacer recomendaciones".

El debate

En el editorial que acompaña al trabajo, la profesora Annika Rosengren, investigadora sénior y profesora de medicina en la Academia Sahlgrenska de la Universidad de Gotemburgo (Suecia), que no participó en la investigación, escribe que el efecto neto de una reducción drástica en la ingesta para los individuos sigue siendo controvertido.

"Dado que una ingesta muy baja puede no ser beneficiosa, es importante distinguir entre las recomendaciones individuales y a nivel de la población"

"Dados los diversos indicios de que una ingesta muy baja de sodio puede no ser beneficiosa, o incluso dañina, es importante distinguir entre las recomendaciones individuales y las acciones a nivel de la población", escribe.

Ella concluye: "La epidemiología clásica argumenta que se logra un mayor beneficio neto con el enfoque de toda la población (logrando un pequeño efecto en muchas personas) que al enfocarse en individuos de alto riesgo (un gran efecto pero solo logrado en un pequeño número de personas)”.

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Foto: Unsplash.

Para ella, “la estrategia obvia y basada en la evidencia con respecto a la prevención de enfermedades cardiovasculares en individuos es la detección temprana y el tratamiento de la hipertensión, incluidas las modificaciones del estilo de vida, mientras que las estrategias de reducción de sal a nivel social reducirán los niveles de presión arterial promedio de la población, lo que dará como resultado que menos personas sufran la enfermedad y necesiten tratamiento”.

Una fortaleza del estudio del profesor Qi es la gran cantidad de personas incluidas. También tiene algunas limitaciones, que incluyen: la posibilidad de que agregar sal a los alimentos sea un indicio de un estilo de vida poco saludable y un nivel socioeconómico más bajo, aunque los análisis intentaron ajustar todo ello. Tampoco había información sobre la cantidad de sal añadida, y la adición de la misma puede estar relacionada con la ingesta total de energía y entrelazada con el consumo de otros alimentos.

Recuerdan, además, que la participación en UK Biobank es voluntaria y, por lo tanto, los resultados no son representativos de la población general, por lo que se necesitan más estudios para confirmar los hallazgos en otras poblaciones.

El profesor Qi y sus colegas llevarán a cabo más ensayos sobre la relación entre agregar sal a los alimentos y diversas enfermedades crónicas, como las cardiovasculares y la diabetes. También esperan poder realizar posibles estudios clínicos para probar los efectos de una reducción en la adición de sal en los resultados de salud.

La Organización Mundial del Corazón (OMS) recomienda que los adultos no consuman más de 5 g de sal al día (lo que corresponde a 2,3 g de sodio/día). La última guía de la Sociedad Europea de Cardiología, junto con otras nacionales e internacionales, caracteriza una dieta saludable como una ingesta diaria de sal por debajo de 5 g, o alrededor de una cucharadita por día.

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