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La revolución tecnológica que está cambiando a los cardiólogos
  1. Bienestar
Imagen cardiovascular

La revolución tecnológica que está cambiando a los cardiólogos

Las técnicas de imagen están ayudando a los profesionales a detectar con más precisión, y antes que aparezcan, muchas afecciones cardiacas. Hoy se celebra el Día Mundial del Corazón para concienciar del interés de cuidar la salud cardiovascular

Foto: Foto: iStock.
Foto: iStock.

Dos de las principales características de la enfermedad cardiovascular son su gran prevalencia en la población general y su alta complejidad. Esta última se ve reflejada en la organización de los servicios de cardiología de referencia, ya que cuentan con unidades específicas centradas en cada una de las patologías cardiacas, como son las unidades de prevención, arritmias, valvulopatías, insuficiencia cardiaca, rehabilitación o cardiopatías congénitas, entre otras. Como veremos, el punto de unión que ha impulsado el desarrollo de este tipo de unidades es la imagen cardiovascular, pieza clave en el diagnóstico precoz, planificación y realización del intervencionismo en estos pacientes.

Imagen en la consulta y la cabecera del enfermo

Hasta el momento, el cardiólogo clínico basaba su exploración física en la observación, palpación y auscultación. Hoy en día, los equipos ultraportátiles, que son capaces de conectarse a nuestro smartphone o tablet, le permiten ver el corazón, los vasos principales e incluso los pulmones en la misma consulta o en la cabecera del enfermo, agilizando la toma de decisiones y evitando pruebas innecesarias. Esta primera visualización del corazón es útil para establecer no solo el diagnóstico, pronóstico y tratamiento, sino también para saber qué profesional o unidad es el más indicado para ayudarle en el futuro.

Foto: Los doctores Jorge Solís y Leticia Fernández-Friera. (S.B.)

Pieza imprescindible en la prevención

Durante décadas, los factores de riesgo cardiovascular, como la hipercolesterolemia, la obesidad, diabetes mellitus o el tabaquismo, han sido la piedra angular en la estratificación de riesgo para clasificar a la población en riesgo bajo, intermedio o alto para desarrollar una complicación. Sin embargo, todos los esfuerzos científicos siguen encaminados a llegar mucho antes de desarrollar la enfermedad.

placeholder Ecografia carotídea. (iStock)
Ecografia carotídea. (iStock)

Con esta necesidad, surgen las nuevas técnicas de imagen, en las que destacan la cuantificación de calcio de las arterias coronarias y la ecografía vascular centrada en la visualización de placas de colesterol en el interior de las principales arterias de nuestro sistema vascular. Trabajos publicados demuestran el valor añadido de explorar todo el territorio vascular frente a la evaluación clásica de riesgo, ayudando a definir con mayor exactitud el riesgo individual de cada persona al realizar un mapa de su propia salud vascular.

Nuevos avances, como la ecografía vascular tridimensional, nos aportan información de la existencia de enfermedad, pero esta también es capaz de cuantificarla, punto clave en la valoración de tratamientos y predicción de eventos. Actualmente, esta técnica requiere de tiempo para su adquisición y análisis; por este motivo, la implicación de los técnicos en ecocardiografía está siendo de vital importancia para su incorporación en la práctica clínica diaria, evitando que los cardiólogos tengan que dedicar tiempo a esta tarea, centrándose una vez más en las personas.

Las técnicas de deformación miocárdica pueden identificar cambios en el músculo cardiaco antes de ser detectados por el ojo humano

Incorporar esta nueva tecnología a la práctica clínica mejora la comunicación con el paciente e incluso su adherencia a nuestras recomendaciones, al ser capaces de enseñarles su propia placa de colesterol y explicarles las consecuencias que podrían suceder si no mejoran sus factores de riesgo. El estudio WAKE-UP, pionero en España y dirigido por la Dra. Fernández-Friera, tiene entre sus objetivos utilizar las imágenes de ecografía vascular para motivar cambios saludables en el estilo de vida de la mujer, lo que conllevaría una reducción de su riesgo cardiovascular.

Técnicas adaptadas a cada tipo de la enfermedad

Nuevas técnicas en ecocardiografía, como las de deformación miocárdica (myocardial strain), son capaces de detectar cambios en el músculo cardiaco mucho antes de ser detectados por el ojo humano. Su potencial clínico radica en la precocidad para detectar cambios morfológicos y funcionales del corazón relacionados con patologías tan diferentes como la hipertensión arterial, las valvulopatías o la cardiotoxicidad de pacientes en tratamiento con quimioterapia. En las guías europeas de cardio-oncología presentadas en agosto de este año en el congreso de la Sociedad Europea de Cardiología, consideran este tipo de tecnología imprescindible en el seguimiento de este perfil de pacientes.

Foto: Foto: iStock.

En la misma línea, la ecocardiografía tridimensional ha revolucionado la forma de ver y analizar la función del corazón. Conseguimos un análisis más preciso y reproducible, necesario no solo en el diagnóstico precoz, sino también en el seguimiento y planificación de cualquier tipo de intervención. Especialmente significativo es su uso en la patología valvular, hasta tal punto que su desarrollo ha sido decisivo para el implante de válvulas a través de acceso vascular, sin necesidad de abrir el tórax. Aunque es una técnica extendida en la práctica clínica, requiere de una curva de aprendizaje y la subespecialización de los cardiólogos en esta técnica.

Por su parte, las técnicas de imagen avanzada, como la cardio-resonancia y el cardio-TC ya forman parte estructurada de las unidades de imagen cardiaca, abarcando un amplio espectro de indicaciones en nuestro día.

placeholder Imagen de resonancia magnética. (iStock)
Imagen de resonancia magnética. (iStock)

El cardio-TC es una de las técnicas que ha revolucionado la forma de entender y afrontar las enfermedades de las arterias coronarias. Poder visualizar y reconstruir el corazón a partir de las imágenes de un TC evita la realización de pruebas invasivas y posibilita adelantarnos a la aparición de los síntomas con años de antelación. Las nuevas guías de práctica clínica acercan esta técnica al campo de la prevención o detección precoz de la aterosclerosis.

La resonancia cardiaca ha demostrado mejorar el diagnóstico de muchas enfermedades al ser capaz de analizar la composición de los tejidos cardiacos (caracterización tisular). Esta propiedad es especialmente útil tras un infarto de miocardio, donde es esencial diferenciar entre la cicatriz producida por el infarto y las regiones todavía sanas que pueden compensar el funcionamiento del corazón. También ha sido clave durante la pandemia para diagnosticar de forma precoz los casos de inflamación del corazón (miocarditis) producidos por covid.

Programas de gestión informática

Como hemos visto, el potencial de las técnicas de imagen en el ámbito del corazón es casi ilimitado, pero debemos aprender a gestionar la gran cantidad de información que nos aporta e integrarla en la práctica clínica diaria en beneficio de nuestros pacientes.

Foto: Foto: iStock.

Los programas de gestión que se han desarrollado hacen posible tener toda la información clínica y de imagen cardiovascular en un solo punto, accesible a todos los profesionales implicados en el diagnóstico de la enfermedad y a lo largo de todo el seguimiento, que en algunos casos puede ser de años o décadas. Conseguir esta forma de visualizar y analizar las imágenes tiene un impacto directo sobre el paciente, ya que nos permite ser más precisos y ganar tiempo para escucharlos.

Para lograr este objetivo es imprescindible que los servicios de cardiología entiendan la implicación de este tipo de sistemas y que los cardiólogos que coordinan las unidades de imagen actúen como auténticos directores de orquesta para poder desarrollar todo su potencial.

El Dr. Jorge Solís es cardiólogo, coordinador de la Unidad de Imagen Cardiaca y Unidad de Valvulopatías del Hospital Universitario 12 octubre y socio fundador de Atria Clinic. Se ha especializado en valvulopatías e Imagen Cardiaca en EEUU, primero durante un año en Montana con el prestigioso cirujano cardiaco Carlos Duran y, posteriormente, en la Unidad de Imagen Cardiaca del Massachusetts General Hospital (Boston, Harvard Medical School) durante cuatro años. Sus líneas de investigación son las valvulopatías, incluido el prolapso valvular mitral y estenosis aórtica.  Fue finalista como Young Investigator por la Sociedad Americana de Ecocardiografía (ASE) y la Sociedad Americana del Corazón (AHA). Pertenece a la red de investigación Ciber-CV.

Dos de las principales características de la enfermedad cardiovascular son su gran prevalencia en la población general y su alta complejidad. Esta última se ve reflejada en la organización de los servicios de cardiología de referencia, ya que cuentan con unidades específicas centradas en cada una de las patologías cardiacas, como son las unidades de prevención, arritmias, valvulopatías, insuficiencia cardiaca, rehabilitación o cardiopatías congénitas, entre otras. Como veremos, el punto de unión que ha impulsado el desarrollo de este tipo de unidades es la imagen cardiovascular, pieza clave en el diagnóstico precoz, planificación y realización del intervencionismo en estos pacientes.

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