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Terror por Korsakoff: así es la enfermedad que te obliga a vivir el mismo día una y otra vez
El auténtico día de la marmota

Terror por Korsakoff: así es la enfermedad que te obliga a vivir el mismo día una y otra vez

A finales del siglo XIX, el médico ruso Sergey Korsakoff observó que los bebedores empedernidos de vodka que no comían perdían la capacidad de recordar, olvidando cualquier información nueva a los pocos minutos

Foto: Foto: iStock.
Foto: iStock.

De todas las enfermedades serias que podemos padecer, las neurológicas son, en muchos aspectos, de las peores. Esto se debe a que pueden comprometer nuestra propia identidad, quienes somos, quienes fuimos y, lo peor de todo, quienes seremos. Eso, si pasamos por alto el hecho de que también pueden afectar a todas nuestras funciones vitales, desde nuestra coordinación hasta la capacidad que tenemos para hablar. La lista, claro está, no es corta, siendo algunas de las más destacadas el alzhéimer, el párkinson o la demencia.

Pero hay otra, mucho menos común y autoinfligida cuyos efectos parecen sacados o de una comedia romántica mala o de una película de terror: no poder generar nuevos recuerdos. Esta dolencia, causada por una desnutrición acompañada de un consumo excesivo de alcohol, adquiere el nombre de 'síndrome de Korsakoff'. El doctor Patrick Verstichel explica en un artículo publicado en 2008 una anécdota clínica personal relacionada con esta terrible enfermedad: "Sé que esta mañana, cuando abra la puerta de la habitación 1037 del servicio de neurología, volveré a encontrarme con una situación difícil de creer: '¡Ah! Otra vez alguien nuevo', exclamará el paciente desde la cama".

"Al entrar de nuevo en la habitación, el paciente exclama: ¡Ah! Otra vez alguien nuevo. ¡Hay tanta gente aquí!"

El doctor Verstichel narra la vida diaria de uno de sus pacientes (al que solo se refiere como 'Señor F'). En su artículo, el facultativo explica que el paciente empezó a padecer amnesia un año y medio antes de este relato. El Señor F era un hombre soltero, técnico de mantenimiento y bebedor empedernido: "Bebía con desmesura y prescindía a menudo de la comida". Esto, según cuenta el doctor, le llevó un día a perder el equilibrio, ver doble y a desvariar. Estos síntomas, claro está, lo mandan directo a la sala de urgencias del hospital más cercano. "Tan solo un análisis de sangre fue suficiente para emitir un diagnóstico: carencia grave de vitamina B1".

Por supuesto, sus médicos procedieron a restaurar los niveles normales de tiamina (B1), una vitamina necesaria para la correcta metabolización de los hidratos de carbono y que adquirimos, principalmente, por el arroz, la pasta de trigo y la carne (en particular la de cerdo o la trucha). Es muy fácil conseguir la cantidad diaria recomendada (media taza de arroz nos da el 117% de lo que necesitamos cada día). Según se explica en la encuesta ENIDE, elaborada por el Ministerio de Sanidad y que evalúa la nutrición de los españoles, se especifica que "las ingestas observadas de vitamina B1 oscilan entre 1,7 y 2,1 mg al día y están por encima de las ingestas diarias recomendadas (IDR), por lo que se considera que los niveles de esta vitamina en la población española no presentan deficiencias". Lo que sí aclara el informe es que "en los países industrializados su deficiencia se relaciona con el consumo crónico de grandes cantidades de alcohol".

placeholder El consumo alcohólico es la principal causa del Korsakoff. (iStock)
El consumo alcohólico es la principal causa del Korsakoff. (iStock)

Tras administrarle al Señor F toda la tiamina que pudiera necesitar, el paciente recuperó la vista y el equilibrio, pero, como detalla Patrick Verstichel, "había perdido para siempre la memoria. Padecía el síndrome de Korsakoff". Esta enfermedad, producida como hemos dicho por el abuso de alcohol, unido a graves déficits alimentarios, provoca lesiones en los dos cuerpos mamilares del cerebro y en el tálamo, lo que impide generar recuerdos nuevos. Dicho de otro modo, todo lo que veamos, leamos o escuchemos lo olvidaremos al cabo de 1 o 2 minutos, para el resto de nuestra vida. El nombre de esta afección proviene de su descubridor, el neurólogo y psiquiatra ruso Sergei Sergeievich Korsakoff, uno de los pioneros en el estudio de los trastornos mentales relacionados con el consumo de alcohol, que descubrió esta afección estudiando el comportamiento de consumidores empedernidos de vodka en Moscú.

El doctor Patrick Verstichel fue el neurólogo que le fue asignado al Señor F y entre el verano de 1999 (año de su ingreso) y el 21 de julio de 2001 le visitó 10 veces: "Aunque el diálogo se reitera en cada una de las ocasiones, él cree siempre que es la primera vez". Y continúa narrando el doctor: "Le pregunto: '¿Hace mucho que está aquí? A esto el paciente responde 'un día o dos, no más. Va siendo hora de que vuelva a casa'".

placeholder No existe tratamiento de este tipo de fallo de la memoria. (iStock)
No existe tratamiento de este tipo de fallo de la memoria. (iStock)

Relata el doctor que, al preguntarle sobre dónde se encontraban, el Señor F no tenía el menor problema para usar la lógica y deducirlo: "Vaya pregunta, pero eh... al verle vestido así, yo diría que... ¿En el hospital?". En lo que concierne al tiempo, el paciente sí tenía más problemas: "Yo creo que debemos estar en verano". Al responder afirmativamente, Verstichel procedía a preguntarle "¿de qué año?", a lo que el paciente contestaba: "¿1999?".

Uno de los fundamentales problemas de la enfermedad surgía en este punto, cuando enseñándole un periódico del día, se informaba al Señor F de que en realidad era el 21 de julio de 2001. "¿Qué tipo de broma es esta?". En ese momento, el doctor, según sus propias palabras, abandonó la sala para visitar a otro paciente, volviendo al cabo de 3 minutos. Al entrar de nuevo en la habitación, el paciente exclama: "¡Ah! Otra vez alguien nuevo. ¡Hay tanta gente aquí!".

placeholder Provoca lesiones en los cuerpos mamilares y en el tálamo. (iStock)
Provoca lesiones en los cuerpos mamilares y en el tálamo. (iStock)

El Señor F no era capaz de retener ningún tipo de información. Para él, a partir de ese momento, cada día estará situado en el verano de 1999. Verá a los mismos doctores y enfermeros, día tras día, y olvidará sus caras, volviendo a presentarse como a un desconocido a los pocos minutos de que hayan abandonado la habitación.

Los pacientes de Korsakoff están, en gran medida, condenados como Bill Murray en 'Atrapado en el tiempo' a vivir su particular día de la marmota, con el especial giro de que no son conscientes de haberlo vivido con anterioridad. Todo es nuevo, todo el tiempo. Sus seres queridos envejecen y ellos no son conscientes de por qué. Se miran en el espejo y ven a alguien mucho más anciano que el que eran el día anterior. Es una jaula para la mente.

Foto: Cervezas ecológicas en la feria Organic Food Iberia. (EFE/Hidalgo)

Por 'suerte', las condiciones que pueden llevarnos a sufrir esta terrible enfermedad son muy extremas como para tener una prevalencia alta (se trata de una enfermedad rara), pero el consumo excesivo de alcohol no está exento de muchos otros y peligrosos riesgos como el coma etílico o la cirrosis. Tengamos en cuenta que, a pesar de que se trata de una droga socialmente (y legalmente) aceptada, también es la única tan potente como para que su deprivación pueda causar la muerte.

De todas las enfermedades serias que podemos padecer, las neurológicas son, en muchos aspectos, de las peores. Esto se debe a que pueden comprometer nuestra propia identidad, quienes somos, quienes fuimos y, lo peor de todo, quienes seremos. Eso, si pasamos por alto el hecho de que también pueden afectar a todas nuestras funciones vitales, desde nuestra coordinación hasta la capacidad que tenemos para hablar. La lista, claro está, no es corta, siendo algunas de las más destacadas el alzhéimer, el párkinson o la demencia.

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