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El proyecto español que quiere imprimir corazones humanos para salvar a infartados
Una iniciativa multicentro

El proyecto español que quiere imprimir corazones humanos para salvar a infartados

Cardioprint espera llevar a la práctica clínica la investigación básica que se hace en medicina regenerativa con el objetivo final puesto en la fabricación de tejidos cardiacos

Foto: Manuel Mazo, coordinador científico de Cadioprint. (CUN)
Manuel Mazo, coordinador científico de Cadioprint. (CUN)

Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en todo el mundo y, dentro de ellas, la cardiopatía isquémica –conocida comúnmente como infarto– es la que más vidas se cobra en la Unión Europea.

El investigador Manuel Mazo, del Programa de Medicina Regenerativa del Cima, recuerda que “hoy en día, ante un infarto masivo, la única alternativa para el paciente es el trasplante, ya que el corazón no tiene la capacidad de regenerar ese daño celular”.

El doctor Mazo es el coordinador científico de Cadioprint, un proyecto que pretende impulsar la fabricación de tejido cardiaco a escala de órganos, lo que serviría para tratar a pacientes de infarto masivo, a los que se evitaría así un trasplante de corazón.

Esta iniciativa, liderada por la Clínica Universidad de Navarra (CUN) y el Cima, pretende desarrollar la metodología y la tecnología necesarias para la creación de estos tejidos. En ella también participan el Hospital Gregorio Marañón, la Universidad de Zaragoza, el Instituto de Bioingeniería de Cataluña y socios tecnológicos como Leartiker, NanoGUNE y Nadetech; y está financiada íntegramente por una línea estratégica del Ministerio de Ciencia e Innovación.

placeholder Equipo de investigadores del proyecto Cardioprint. (CUN)
Equipo de investigadores del proyecto Cardioprint. (CUN)

"En Cardioprint lo que vamos a intentar es dar solución a un bloqueo que hay en este campo de investigación, por el cual no hay una traslación a la clínica de la investigación básica que se hace en ingeniería de tejidos. Es decir, hoy en día somos capaces de construir el tejido cardiaco humano en el laboratorio, sin embargo, esto no se lleva a la clínica. Lo que queremos hacer con este y otros proyectos es ayudar a ese salto, combinando tecnología de última generación de muy diversos campos para crear un tejido cardiaco humano que tenga las mayores posibilidades terapéuticas posibles”, resume el investigador a El Confidencial.

Todo empezará en un cerdo

Mazo considera que en este campo, cualquier cosa que se prueba en un ratón funciona, pero cuando se cambia el modelo, las cosas son distintas. Por ello, para este proyecto han pensado ir directamente a un modelo porcino, ya que el cerdo es el animal con el sistema cardiovascular más similar al del ser humano.

Foto: Cerdos, ¿una solución? (EFE) Opinión

“La idea es tener la información cardiaca de unos cerdos sanos: cómo bombea ese corazón, su estructura, sus propiedades mecánicas, etc. Asimismo, también la misma información, pero del animal enfermo. Y simplificando mucho, haciendo la resta, si al animal sano le quitamos lo del animal enfermo, nos sale lo que tenemos que fabricar nosotros en el laboratorio específicamente para tratar esa enfermedad”, resume el investigador.

Una vez hayan descifrado el resultado de esa resta, “lo que utilizaremos es tecnología de células madre para generar todas las células cardiacas humanas que hacen falta para fabricar ese tejido. Asimismo, usaremos nuevos biomateriales y nuevas tecnologías de impresión para fabricar lo que el modelo animal y el modelado computacional nos ha dicho que necesitamos generar en el laboratorio para dar una solución”. Para ello, será necesario una impresora 3D que pueda combinar todos estos requisitos y que están desarrollando en Navarra.

“El techo es el cielo”

El objetivo en un futuro es poder llegar a fabricar un corazón entero. “En esta investigación, el techo es el cielo”, bromea Mazo. Pero, por el momento, la idea es fabricar tejido cardiaco que sirva “como un parche que funcione de la manera más eficaz posible, es decir, que tenga capacidad para controlar el movimiento normal del corazón y proporcionar esa ayuda constructiva donde sea necesario”.

En cuanto a la aplicación generalizada en humanos, el director del proyecto no se aventura a dar una fecha definitiva. La primera fase del proyecto finaliza en 2025, “si los resultados son medianamente buenos, iríamos a intentar iniciar un ensayo clínico, pero, claro, hablaríamos siempre de cinco o diez años hasta llegar a la práctica clínica”, señala comedidamente Mazo.

Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en todo el mundo y, dentro de ellas, la cardiopatía isquémica –conocida comúnmente como infarto– es la que más vidas se cobra en la Unión Europea.

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