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Tres nuevas advertencias a tener en cuenta (y los consejos) para que tu hijo nazca sano
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Tres nuevas advertencias a tener en cuenta (y los consejos) para que tu hijo nazca sano

Llegan recientes investigaciones que revelan otras formas de cómo el alcohol, la acumulación de tejido graso o los accidentes de la madre afectan gravemente al bebé. Hablamos con los autores de los tres ensayos y dos expertas españolas

Foto: Foto: Unsplash/@isaacquesada.
Foto: Unsplash/@isaacquesada.

No hay ni padres, ni madres, ni hijos perfectos. Ningún papá o mamá lo tiene todo, lo hace todo o lo sacrifica todo, y eso está bien, porque son humanos. La mayoría de los progenitores quiere lo mejor para su descendencia, que crezca sana y feliz. Pero todo empieza mucho antes de que el bebé nazca y, cómo no, durante el embarazo. Ahora llegan tres nuevos estudios y en cada uno de ellos se apunta una nueva consecuencia de factores de riesgos conocidos para el recién nacido que los futuros papás deberían tener en cuenta. Eliminar dos de estos factores está en sus manos.

De problemas y de defectos congénitos (DC) saben, y mucho, los científicos que desde 1976 trabajan en el Estudio Colaborativo Español de Malformaciones Congénitas (ECEMC), el único proyecto nacional dedicado a cuantificar e investigar las causas por las que un bebé puede nacer ya enfermo y que ha logrado un gran prestigio internacional con tan alta trayectoria y enfoque.

Foto: Foto: iStock.

Eva Bermejo, directora del Instituto de Investigación de Enfermedades Raras (IIER), coordinadora científica del ECEMC y su Red Clínica y Unidad de Investigación sobre Anomalías Congénitas del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), comenta para El Confidencial los datos obtenidos en esta larga trayectoria.

“El ECEMC está basado en un sistema permanente de registro de recién nacidos con defectos congénitos (casos) y los alumbrados sanos (controles), con base hospitalaria. Está organizado como una red, en la que se dispone de datos de 163 hospitales de todas las CCAA de España y del Principado de Andorra. A lo largo de su extensa trayectoria se han controlado 3.367.297 nacimientos y se han registrado más de 47.000 recién nacidos con defectos congénitos y un número similar de bebés sanos (que constituyen el grupo de comparación para la investigación de las causas)”, asevera.

"Se han controlado 3.367.297 nacimientos y se han registrado 47.000 recién nacidos con defectos congénitos y un número similar de sanos"

Precisamente, un estudio publicado en Medicina de Familia, realizado a partir de los registros del ECEMC, establece que “la frecuencia global de recién nacidos con DC en España ha venido disminuyendo a lo largo del tiempo para muchos de ellos. Ese descenso es consecuencia, fundamentalmente, del impacto de las interrupciones voluntarias del embarazo (IVE) tras la detección de alteraciones en el feto. No obstante, otros factores, como el mejor cuidado de los embarazos, la planificación de los mismos y el aumento de la cultura sanitaria de la población, podrían estar teniendo algún efecto, aunque mucho menos patente que el derivado de la realización de IVE”.

Recuerda el ensayo que “la prevalencia general de DC se sitúa, en todos los países y grupos humanos, entre el 2% y el 3% en el momento del nacimiento. Sin embargo, algunos casos son difícilmente detectables en los recién nacidos, por lo que si se amplía el periodo de observación a los primeros años de vida, esa cifra se eleva hasta el 6%-7%, al incluir los defectos de aparición evolutiva, como los funcionales e intelectuales”. Y señala que, a pesar de la disminución de la frecuencia, esta no ha sido uniforme en todas las comunidades autónomas.

Primer advertencia: cero alcohol

Volviendo a las nuevas investigaciones, nos encontramos con que la primera de ellas retoma a un viejo y bien conocido enemigo de la gestante y su bebé: el alcohol. Realizado con pruebas de resonancia magnética, el trabajo reveló que su ingesta, incluso en cantidades bajas a moderadas, puede cambiar la estructura del cerebro del bebé y retrasar su desarrollo. Los resultados se han presentado en la recién concluida reunión anual de la Sociedad Radiológica de Norteamérica (RSNA).

placeholder Cerebro fetal después de la exposición intrauterina al alcohol en fetos entre 25 y 29 semanas de gestación.
Cerebro fetal después de la exposición intrauterina al alcohol en fetos entre 25 y 29 semanas de gestación.

Se ha reiterado hasta la saciedad que ninguna cantidad es segura durante el embarazo; sin embargo, los expertos reconocen que es un mensaje que no termina de calar en las futuras madres. En este sentido, la Dra Bermejo señala: “El impacto del alcohol es ampliamente conocido desde 1973, pero aun así seguimos viendo casos de lo que se conoce como síndrome alcohólico fetal (afecta a unos 5.000 recién nacidos en nuestro país). Es común pensar en grandes exposiciones a esta bebida, como sucede en otros países como Reino Unido, pero hay que ser conscientes de que aquí cada celebración va acompañada de una copa”.

Valora como muy positivo el trabajo, porque “identifica daños objetivables (con las pruebas de imagen) que causa el alcohol en el feto. Estos se habían visto anteriormente en ensayos con animales: cómo ciertas áreas del cerebro, incluso ingiriendo pequeñas cantidades, se ven afectadas, pero ahora se han podido medir en humanos. Hay que decir que no todos los futuros bebés van a sufrir las mismas consecuencias por la ingesta, depende también de su genética y de la de su madre. En el caso del síndrome alcohólico fetal, también tenemos efectos objetivables medibles cuando llega el recién nacido; sin embargo, otros son más sutiles. Hay que preguntar a la madre en consulta, como se hace normalmente, cuánto alcohol consume al día (sin culpabilizar) para recomendarla que si va a tener otro hijo no debe beber nada”.

Foto: Si estás embarazada, el alcohol ha de salir de tu dieta

Reconoce la experta que la nueva investigación “nos confirma que ninguna cantidad de alcohol es segura, pero también es importante dejar de beber cuando se planifique el embarazo o se deje de usar anticonceptivos. El papel del padre también es clave. Debe acompañar a su pareja en esa abstinencia durante la gestación para colaborar. Y por otro lado recordar que, por ejemplo, una mujer gestante que tiene epilepsia no puede dejar la medicación, pero quitarse de estas bebidas es una elección y supone una prevención del 100%. Y es la responsabilidad de la madre y del padre, y no tanto de las autoridades sanitarias”.

Desafortunadamente, como nos recuerda la Dra. Tamara Sánchez Miguel, especialista en ginecología y obstetricia de OnelifeCenter, “el consumo es muy frecuente entre mujeres en edad fértil: hasta un 30% de las gestantes lo han ingerido esperando un hijo o hija y un 3% en forma de borrachera. Tiene efectos negativos demostrados durante el embarazo, como malformaciones fetales y riesgo de aborto. No existe relación dosis-efecto para ellos”.

"Evitar el alcohol es una elección y supone una prevención del 100%. Y es la responsabilidad individual, no tanto de las autoridades sanitarias"

Coincide con Bermejo en que se recomienda la abstinencia durante la gestación y el periodo preconcepcional. "El alcohol es un teratógeno conocido en cualquier momento o trimestre de la gestación. Su efecto malformativo depende de muchos factores. Las consecuencias más graves son la muerte fetal intraútero y el síndrome alcohólico fetal antes mencionado, un cuadro polimalformativo físico (múltiples malformaciones congénitas) y mental (alteraciones del comportamiento, disfunciones motoras, etc) con diferentes tipos de manifestaciones y combinaciones. También se relaciona con disfunción placentaria”.

Los autores de esta investigación sobre el alcohol reconocen a este diario que “la resonancia magnética fetal es un método de examen altamente especializado y seguro que nos permite hacer afirmaciones precisas sobre la maduración del cerebro antes del nacimiento", en palabras de uno de sus autores, Gregor Kasprian, profesor asociado de radiología del Departamento de Imágenes Biomédicas y Terapia Guiada por Imágenes de la Universidad de Medicina de Viena, en Austria.

Insisten tanto el Dr. Kasprian como el investigador Patric Kineast: "No solo es nuestra responsabilidad como médicos y científicos investigar los cambios estructurales del cerebro después de la exposición al alcohol durante el embarazo, sino también educar preventivamente a la población sobre sus efectos".

Haciendo memoria, los investigadores apuntan a que "los estudios anteriores se han centrado en gran medida en el desarrollo posnatal. En el nuestro podemos detectar el comienzo de los cambios estructurales del cerebro durante el periodo fetal mediante el uso de resonancia magnética prenatal como un método de examen altamente especializado", ilustran.

Para el trabajo, los investigadores analizaron exámenes por imagen de 24 fetos con exposición prenatal al alcohol. Tenían entre 22 y 36 semanas de gestación en el momento de la prueba. La exposición al alcohol se determinó mediante encuestas anónimas a las madres. En los fetos expuestos, la puntuación de maduración total fetal (fTMS) fue significativamente menor que en los controles de la misma edad, y el surco temporal superior derecho (STS) fue más superficial. El STS está involucrado en la cognición social, la integración audiovisual y la percepción del lenguaje.

placeholder Foto: Unsplash/@lunarts.
Foto: Unsplash/@lunarts.

Según los investigadores, el retraso en el desarrollo del cerebro fetal podría estar específicamente relacionado con una etapa retrasada de mielinización y una girificación menos marcada en los lóbulos frontal y occipital. El proceso de mielinización es fundamental para el funcionamiento del cerebro y del sistema nervioso. La mielina protege las células nerviosas, lo que les permite transmitir información más rápido. Los hitos importantes del desarrollo de los bebés, como darse la vuelta, gatear y el procesamiento del lenguaje, están directamente relacionados con la mielinización. La girificación se refiere a la formación de los pliegues de la corteza cerebral. Este plegamiento amplía el área superficial de la corteza con espacio limitado en el cráneo, lo que permite un aumento en el rendimiento cognitivo. Cuando se disminuye la girificación, se reduce la funcionalidad.

Insisten desde el otro lado del Atlántico en que "no está claro hasta qué punto los cambios cerebrales estructurales respectivos detectados en la resonancia magnética podrían manifestarse clínicamente después del nacimiento. Una posible sintomatología en el contexto del TEAF puede manifestarse en grados muy diferentes y requiere una terapia muy individual para promover de manera óptima el desarrollo de los niños. En principio, sin embargo, los cambios cerebrales estructurales que pudimos observar mediante resonancia magnética prenatal".

Y adelantan: "Estamos planificando un estudio de seguimiento para continuar con el seguimiento de los niños que pudimos estudiar antes del nacimiento y para estudiar los efectos a largo plazo durante el desarrollo infantil".

Segundo advertencia: nada de acumulación de tejido graso

El sobrepeso y la obesidad se han convertido en una pandemia en el mundo y también dentro de nuestras fronteras. Así, según la Encuesta Europea de Salud en España del año 2020 del Instituto Nacional de Estadística (INE), un 16,5% de hombres de 18 y más años y un 15,5% de mujeres padecen obesidad. En los grupos de edad de 35 a 74 años, un 44,9% de hombres y un 30,6% de mujeres padecen sobrepeso.

"La obesidad y el sobrepeso son el principal factor de riesgo, junto a la edad materna avanzada, para complicaciones en la gestación"

La doctora Sánchez adelanta que “ambos trastornos son el principal factor de riesgo, junto a la edad materna avanzada, para las complicaciones durante la gestación, parto y riesgo de la salud del futuro hijo. La ganancia excesiva de peso durante la gestación también se puede relacionar con las siguientes complicaciones. La obesidad es una enfermedad sistémica que afecta al metabolismo, sistema vascular y produce disfunción de los órganos mediada por la inflamación, ya que el tejido graso o adiposo es un órgano endocrino activo que produce múltiples sustancias”.

Así y durante el embarazo, “aumenta el riesgo de aborto espontáneo, diabetes gestacional, hipertensión asociada al embarazo (preeclampsia), parto prematuro, gestaciones cronológicamente prolongadas de más de 41 semanas, embarazo múltiple, apnea obstructiva del sueño, síndrome del túnel carpiano y dificultad para la detección de anomalías congénitas al tener menor calidad de la imagen ecográfica adquirida", insiste.

Foto: Una médica toma la tensión a una mujer embarazada. (iStock)

"En cuanto al recién nacido, se relaciona con DC, entre ellos, defectos del tubo neural, como la espina bífida, cardiacos, labio leporino y paladar hendido, atresia anorrectal y alteraciones en las extremidades fetales”, apostilla. Y no solo. “Aumenta la mortalidad perinatal, como la muerte fetal anteparto sin otra causa conocida y también durante el parto y en el primer mes de vida (aumentando el riesgo con el grado de obesidad). Se asocia, además, a prematuridad, fetos macrosómicos o de gran tamaño para la edad gestacional (que, a su vez, se relaciona con mayor riesgo de distocia de hombros en el parto y predisposición a la obesidad y la enfermedad cardiovascular en edad adulta), alteraciones en el neurodesarrollo, incluida la parálisis cerebral e incluso mayor incidencia de asma”, recalca la especialista.

Pero hay más, tal y como revela la nueva investigación, publicada en ‘Nature Metabolism’. El estudio, llevado a cabo en roedores, constata que la dieta alta en grasas de la madre provoca que las células inmunitarias en los cerebros en desarrollo de los ratones machos, pero no de las hembras, durante la gestación consuman en exceso la serotonina, un químico cerebral que influye en el estado de ánimo, lo que lleva a un comportamiento depresivo.

En declaraciones a El Confidencial, una de sus autores, la Dra. Staci Bilbo, de los Departamentos de Psicología y Neurociencia, Neurobiología y Biología Celular y directora asociada de Estudios de Posgrado, Psicología y Neurociencia en la Universidad de Duke, Durham (Carolina del Norte, EEUU), insiste en que el trabajo muestra varios aspectos.

placeholder La Dra. Staci Bilbo. (Cedida)
La Dra. Staci Bilbo. (Cedida)

“Primero, la dieta materna afecta el comportamiento de la descendencia masculina y femenina, pero de diferentes maneras. Los machos exhiben comportamientos depresivos mientras que las hembras exhiben déficits sociales en respuesta a una dieta materna rica en grasas”, comenta.

Para la investigadora, en segundo lugar, se debe tener en cuenta que “el sistema neuroinmune es importante en el desarrollo neuronal, en el sentido de que la microglía engulle las neuronas serotoninérgicas en desarrollo dentro del cerebro embrionario, y esto se ve alterado por la dieta materna. Sin embargo, la alimentación solo afecta este comportamiento de la microglía en los hombres, en los que esta se alimenta en exceso de las neuronas de serotonina en respuesta a una dieta rica en grasas. Esto conduce a una disminución a largo plazo en la producción de la misma en los varones, lo que subyace al comportamiento depresivo”.

"La dieta materna afecta el comportamiento de la descendencia, pero de formas distintas"

En palabras de Eva Bermejo, el trabajo demuestra “cómo los fetos masculinos y femeninos responden de forma diferente a la dieta de la progenitora. Aunque está hecho en roedores y los resultados aún no se pueden trasladar a los humanos, ayuda a comprender los mecanismos que subyacen en relación con los efectos de la dieta de la gestante en el feto”.

En este sentido, la Dra. Bilbo apunta a que sí es probable que los resultados sean similares en humanos, “ya que analizamos tejidos fetales humanos y descubrimos que los niveles más altos de triglicéridos deciduales maternos (un indicador de la grasa dietética) se correlacionaron con niveles más bajos de serotonina en el cerebro fetal, pero nuevamente solo en los hombres. Todavía no sabemos qué media en el cambio de comportamiento en las mujeres, ¡pero estamos trabajando en ello”.

El estudio muestra que los ratones machos deprimidos de madres con una dieta alta en grasas tenían menos serotonina en el cerebro tanto en el útero como en la edad adulta, lo que sugiere que estos impactos tempranos tienen consecuencias de por vida. Sin embargo, al complementar la comida rica en grasas de los roedores gestantes con triptófano, el precursor químico de la serotonina, se restauraron los niveles cerebrales de esta. Aun así, no está claro cómo la acumulación de grasa en la madre reduce la serotonina en su descendencia.

Para llegar a esto, el equipo investigó las células inmunitarias residentes del cerebro: la microglía (células que proceden de la médula ósea y se encuentran en todas las regiones del sistema nervioso central, participando en la respuesta inmune.) Vigilan e inspeccionan constantemente el sistema nervioso central, siendo muy sensibles a los cambios en su entorno. Para ver si esta se estaba excediendo en la serotonina, se analizó el contenido de su 'estómago' celular, el fagosoma, con imágenes en 3D y se descubrió que los varones nacidos de madres con dietas ricas en grasas tenían microglía repleta del neurotransmisor que los nacidos de madres con una dieta típica. Esto indica que la acumulación elevada de grasa durante el embarazo de alguna manera envía señales a través de los fetos masculinos pero no de los femeninos a la microglía y les invita a que coman en exceso las células de serotonina. Sin embargo, seguía siendo un misterio cómo la grasa puede enviar señales a través de la barrera placentaria.

Por ahora, esta investigación destaca que no todas las placentas se crean por igual. Este trabajo puede algún día ayudar a guiar a los médicos y padres en una mejor comprensión y posible tratamiento o prevención de los orígenes de algunos trastornos del estado de ánimo al considerar factores ambientales tempranos, como la acumulación de grasa durante la gestación.

Así debe ser la dieta

Es un importante factor modificable que puede afectar a los resultados obstétricos y afectar a largo plazo en la salud del recién nacido. "Las recomendaciones generales son una ganancia de peso adecuada durante la gestación, alimentación variada sin alimentos procesados, que asegure las necesidades nutricionales durante la gestación, suplementación polivitamínica y mineral. Es importante explicar cómo tener una correcta higiene alimentaria y de manipulación de alimentos y qué alimentos y complementos no consumir, como, por ejemplo, para evitar la transmisión de toxoplasmosis o listeriosis. Se debe insistir en una correcta ingesta de líquidos, unos 2 litros por día. No es necesario aumentar nuestra ingesta calórica durante el primer trimestre", recuerda la Dra. Sánchez.

"En mujeres con obesidad solo se debe aumentar de peso entre 5-9 kilos. La gestación no es incompatible con la pérdida de peso"

En cuanto a la ganancia de peso durante la gestación, "va a depender de dos factores fundamentalmente. Primero, en las gestaciones múltiples, puede ser un poco mayor frente a gestaciones únicas. Lo segundo y más importante, depende del peso o índice de masa corporal al inicio del embarazo. Para gestantes con peso normal (índice de masa corporal o IMC entre 18.5-24.9 kg/m2), la ganancia varía entre 11-16 kilos. En gestantes con sobrepeso (IMC de 25 a 29.9 kg/m2), esta debe ser menor, entre 7 y 11.5 kilos. En mujeres con obesidad (IMC por encima de 30 kg/m2), solo se debe aumentar entre 5-9 kilos. La gestación no es incompatible con la pérdida de peso, siempre y cuando la dieta sea adecuada y el aporte nutricional correcto", apostilla.

Tercera advertencia: los accidentes

Las lesiones afectan aproximadamente del 6% al 8% de las mujeres embarazadas, y la mayoría de ellas no son intencionadas, siendo los accidentes automovilísticos y las caídas las dos más comunes (88%-92%), como documenta un trabajo de ‘The Journal of Health Women’.

Son la causa principal de lesiones maternas no obstétricas, mortalidad durante el embarazo y están asociadas con complicaciones tanto en la madre como en el bebé. A la futura mamá le pueden producir ruptura uterina, parto prematuro y desprendimiento de placenta y al bebé: numerosas complicaciones fetales y neonatales, como asfixia fetal.

Ahora una nueva investigación, publicada en el último JAMA Pediatrics, constata que la exposición a lesiones maternas en el útero se asocia con un mayor riesgo de parálisis cerebral (PC).

placeholder La investigadora Asma Ahmed. (Cedida)
La investigadora Asma Ahmed. (Cedida)

En declaraciones a este diario, Asma Ahmed, de la Universidad McGill en Montreal (Canadá), documenta: "Los resultados sugieren que los niños expuestos en el útero a lesiones maternas no intencionales, particularmente con mayor gravedad, podrían beneficiarse de un control regular del desarrollo neurológico. El trabajo incluye la siniestralidad vial como factor causante del daño, pero existirían otro tipo de siniestros que pueden causar el mismo efecto. Nuestros resultados mostraron que las lesiones maternas relacionadas con accidentes automovilísticos o fuerzas mecánicas (p. ej., ser golpeado por un objeto o una persona) se asociaron con un mayor riesgo de parálisis cerebral".

"Las lesiones maternas relacionadas con accidentes automovilísticos se asociaron con un mayor riesgo de parálisis cerebral"

Para la especialista Bermejo, se trata de una investigación de “una cohorte de población tan amplia que probablemente hay pocos sesgos de selección del grupo de estudios. Esto implica que, sabiendo estas consecuencias, podemos anticiparnos un poco más y mantener la vigilancia en las madres e hijos que sufran estos incidentes”.

Las reglas básicas

No todas las malformaciones congénitas son prevenibles, pero sí podemos disminuir en gran medida el riesgo de ellas con una adecuada consulta preconcepcional, documenta la Dra. Sánchez. "Antes de buscar activamente el embarazo, se debe realizar una historia clínica completa y examen de salud, para establecer factores de riesgo modificables y poder actuar sobre ellos antes de la gestación, como la obesidad, el tabaquismo y consumo de otras sustancias, déficits nutricionales y complementos alimenticios (el más conocido, el ácido fólico). También se debe saber que la edad materna avanzada influye, y aunque no se pueda modificar, debemos hacer conscientes a la sociedad de este hecho. El calendario vacunal debe ser completo, sobre todo, estar inmunizada frente a rubeola. No hay que olvidar que muchos DC se deben a infecciones durante la gestación", recalca.

Foto: Foto: Unsplash/Camilla Battany.

Esta consulta, insiste, "es de vital importancia también para el control de algunas enfermedades, que, en su caso, pueden incluso contraindicar la gestación o deben mejorar su control antes de lograrlo. Ejemplos son la diabetes gestacional, cardiopatías, enfermedades como el lupus, enfermedades crónicas como patologías respiratorias, renales, neurológicas, etc. En muchas de ellas, además, algunas medicaciones deben ser modificadas o eliminadas antes de la concepción por su relación directa con las malformaciones congénitas por ser teratógenos".

Afortunadamente, son más los bebés que nacen sanos y fuertes que los que sufren problemas. Lo importante: no correr riesgos, y estas nuevas anotaciones contribuyen a mejorar la salud de la madre y del feto durante el embarazo.

No hay ni padres, ni madres, ni hijos perfectos. Ningún papá o mamá lo tiene todo, lo hace todo o lo sacrifica todo, y eso está bien, porque son humanos. La mayoría de los progenitores quiere lo mejor para su descendencia, que crezca sana y feliz. Pero todo empieza mucho antes de que el bebé nazca y, cómo no, durante el embarazo. Ahora llegan tres nuevos estudios y en cada uno de ellos se apunta una nueva consecuencia de factores de riesgos conocidos para el recién nacido que los futuros papás deberían tener en cuenta. Eliminar dos de estos factores está en sus manos.

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