Hasta el año 2000, el uso de los prefijos "eco" y "bio" estaba regulado por el real decreto 1852/1993, que estipulaba que solo alimentos de producción ecológica podían hacer uso de esa terminología. En dicho año la legislación cambió. El Ministerio de Agricultura, presionado por el lobby de la industria alimentaria, hizo caso omiso a las directrices de la Unión Europea y puso como único requisito para utilizar el prefijo "bio" que el ingrediente principal del alimento en cuestión tuviese un origen animal o vegetal, dejando "eco" para los productos ecológicos. Esto abrió la puerta a que cualquier alimento que cumpliese este requisito (la inmensa mayoría) pudiese utilizar "bio" en sus estrategias de marketing.

Esto despertó un gran malestar en los productores ecológicos, dado que les igualaba con cualquier otro fabricante. Por ello, el Comité Andaluz de Agricultura Ecológica denunció la medida ante la Comisión Europea. Tras una larga resistencia por parte del Gobierno Español y la industria alimentaria, la legislación anterior fue restablecida el 1 enero de 2009. "Bio" y "eco" sólo lo podían utilizar productos ecológicos.

No existe diferencia entre el término "bio" y "eco". De hecho, según la Real Academia de la Lengua, la definición de ambos es que "implican un respeto al medio ambiente"

Para ser reconocidos como tal, los alimentos tienen que cumplir una serie de estrictos requisitos: elevado nivel de biodiversidad, buenas prácticas ambientales, preservación de los recursos naturales, respeto por el bienestar animal, ausencia de productos modificados genéticamente, asegurar las calidades esenciales del producto...

En el marco legal de la Unión Europea, no existe ningún tipo de diferencia entre el término "bio" y "eco". De hecho, según la Real Academia de la Lengua, la definición de los dos es que "implican un respeto al medio ambiente".

Si en el nombre de un alimento aparece "eco" o "bio" tendremos la absoluta seguridad de que su procedencia es ecológica

El cambio legislativo no solo significó una mayor seguridad para el consumidor, que ahora podía conocer la procedencia de los productos que consumía, sino que también obligó a muchos productos muy populares a hacer un cambio de nombre. Biomanán pasó a llamarse Bimanán y Biofrutas, tras hacer un breve tránsito por "Funciona" pasó a llamarse Bifrutas.

Hoy por hoy, si en el nombre de un alimento aparece "eco" o "bio" tendremos la absoluta seguridad de que su procedencia es ecológica. Y nadie podrá darnos gato por liebre.