"¿Malas hierbas? ¡Ningún problema! Nada las mata mejor", anuncia la voz en off de un anuncio de los años 90 de Roundup, la marca con la que Monsanto comercializa su compuesto de glifosato, mientras un actor las 'tirotea' indiscriminadamente con su pulverizador a la manera de un habilidoso 'cowboy'.

El glifosato es un herbicida no selectivo que no tiene compasión alguna con sus víctimas. Cuando las plantas lo absorben, la sustancia llega hasta la raíz, bloqueando una enzima que posibilita que el vegetal lleve a cabo funciones básicas, hasta que la planta perece definitivamente tras una semana de agonía. La enzima en cuestión no se encuentra ni en seres humanos ni en animales y ha sido el principal pretexto para garantizar la inocuidad del compuesto de cara a los consumidores.

Con Roundup, Monsanto cambió las normas de juego de la agricultura estadounidense. En 1990, la multinacional empezó a comercializar sus semillas 'Roundup Ready' que conforman el 90% de la producción de soja, maíz o algodón de este país, y que se encuentran modificadas genéticamente para que los agricultores diseminen el herbicida sobre sus campos, aniquilando las malas hierbas, pero dejando intactas las plantaciones que ahora son resistentes a la sustancia.

Mientras la IARC lo clasifica en el grupo 2A como "probablemente cancerígeno", la EPA, la EFSA y la ECHA lo descartan

Roundup lleva más de 40 años rociándose desde que el químico John E. Franz vendiera en los años 70 su patente por apenas cinco dólares al gigante de la biotecnología. Dicha patente expiró en 2000 y ahora el glifosato está en todas partes: en la orina de los animales y de los humanos, en la leche, en la cerveza, en los helados y en los piensos con los que se cría el ganado.

Pero la inocuidad del glifosato lleva varios años en entredicho desde que en 2015 el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC), vinculado a la Organización Mundial de la Salud, lo clasificara como compuesto 2A: "Probablemente cancerígeno para humanos", situándolo al mismo nivel que, por ejemplo, el DDT. Desde entonces, las denuncias de particulares a Monsanto no han cesado y diferentes frentes señalan al compuesto como una causa del linfoma no hodgkiniano, un tipo común de leucemia.

Campos de Europa

Monsanto, Dow AgroSciences o Syngenta, todos ellos fabricantes de herbicidas que tienen al glifosato como principal componente, tenían muchos intereses en juego cuando el 28 de noviembre la Comisión Europea debía decidir si se renovaría o no la licencia durante otro lustro más. Tras dos años de intensos debates, un par de semanas antes de la votación definitiva no se había alcanzado aún ningún acuerdo. La campaña por el 'no' tenía a Francia como principal cabeza rebelde y a Italia, Grecia o Bélgica como aliados. La balanza se tenía que decantar por uno u otro lado a través de una mayoría que representara al 55% de los países y a un 65% de los habitantes de la UE al mismo tiempo.

Manifestantes contra el glifosato. (EFE)
Manifestantes contra el glifosato. (EFE)

El compuesto contaba con el aval de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y de la Agencia Europea de Productos Químicos (ECHA), que a diferencia de la IARC aseguraban que el riesgo cancerígeno del glifosato era improbable. La posición del 'sí' defendida por Reino Unido, España y Polonia salió victoriosa cuando Alemania decidió cambiar su parecer desde la abstención al voto favorable y Portugal tomó el camino de no inclinarse por ninguna de las dos posturas. Con esta decisión, el glifosato podrá emplearse en los cultivos del viejo continente hasta que en 2022 se determine de nuevo si es seguro.

Los 'Monsanto Papers'

Activistas y abogados contrarios al glifosato defienden que la renovación de la licencia es la consecuencia de la mayor campaña de minimización de riesgos para la salud pública que la política mundial ha vivido desde aquella que fue pergeñada por las 'big five' de la industria tabaquera.

En la actualidad, Monsanto se enfrenta en Estados Unidos a cerca de 3.500 demandas. Los litigantes alegan que la exposición a Roundup les ha llevado a desarrollar linfoma no Hodgkin y que a pesar de conocer los riesgos, la multinacional ha encubierto los peligros durante años. El 13 de marzo de 2017 el juez de distrito Vince Chhabria determinó que algunos documentos obtenidos por los demandantes podían ser desclasificados, dando lugar a lo que hoy se conoce como los 'Monsanto Papers', que se pueden consultar en la página web de 'U.S. Right to Know'.

"Cualquiera de estos mecanismos puede generar tumores. El glifosato provoca todos a la vez. Es cierto que causa cáncer"

Gracias a ellos se puede rastrear cómo la multinacional fue elaborando su estrategia para contrarrestar los informes desfavorables. En su defensa del glifosato, la compañía destaca las importantes discrepancias entre la institución dependiente de la OMS, la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA) y otras agencias reguladoras canadienses y europeas como las referidas, que no consideran al herbicida como un agente cancerígeno.

Pero el procedimiento llevado a cabo por la EPA se encuentra bajo sospecha ante la revelación de mensajes a través de e-mail y SMS que se cruzaron entre Monsanto y altos mandos de la agencia. La toxicóloga de la institución Marion Copley describe en una carta de 2013 enviada a su superior Jess Rowland 14 métodos específicos con los que el Roundup es capaz de provocar cáncer: "Cualquiera de estos mecanismos puede generar tumores por sí mismo, pero el glifosato provoca todos a la vez. Es esencialmente cierto que el glifosato causa cáncer". En su misiva, Copley alude a lo personal: "Jess: por una vez en tu vida, escúchame y no emplees tus juegos de connivencia política con la ciencia. Tengo cáncer y no quiero que estos asuntos tan serios se queden sin abordar. Antes de irme a la tumba, yo he cumplido con mi deber". Copley fallecería un año más tarde.

Foto: Cordon Press.
Foto: Cordon Press.

En abril de 201, un correo electrónico de Rowland indicaba a Monsanto que intentaría acabar con los planes para la revisión de los riesgos del glifosato: "Si puedo poner fin a esto, merezco una medalla". El ejecutivo de Monsanto, Dan Jenkins se mostraba en principio escéptico: "Dudo que la EPA y Jess puedan hacer algo, pero es bueno saber que ha un esfuerzo". En abril de 2016, la EPA publicaba un informe sobre el glifosato firmado por Rowland, que pudo ser consultado en internet durante solo un fin de semana. El documento fue retirado el lunes siguiente al ser considerado como prematuro. Al mismo tiempo, Monsanto publicaba una nota de prensa con el titular: "La EPA concluye de nuevo que el glifosato no causa cáncer".

Entre las estrategias de la multinacional, se han descubierto campañas para desacreditar a los técnicos del IARC, así como formas de financiación encubierta en investigaciones sobre los riesgos para la salud del glifosato, como la publicada por Intertek Group en la revista 'Critical Reviews in Toxicology'.

En un informe sobre el tabaco elaborado para una filial de la British American Tobacco se decía en su día que "nuestro producto es la duda, ya que es el mejor medio para competir con los hechos que ya existen en la mente del público. También es una manera de crear controversia". La incertidumbre juega hoy un papel fundamental en todo lo que concierne al glifosato. Desde los agricultores hasta los consumidores existen hoy muchos afectados y demasiados aspectos sin aclarar que requieren de una resolución fundamentada e independiente que ahonde en las probables contingencias.