Supermercado en el barrio rico: alguien se da el capricho de comprar media docena de huevos de gallinas criadas con música de Kenny G porque parecen buenos. Supermercado en el barrio pobre: alguien elimina los huevos de su cesta porque ya no le queda dinero. En el barrio rico, filete de salmón a 38 euros el kilo. En el pobre, merluza y gallo una vez por semana y solo si no supera los 4 euros el kilo. Barrio rico: un pavo relleno de trufa para cenar porque lo ha visto y se le ha antojado. Barrio pobre: arroz con verdura y lo que sobre para almorzar mañana. Papayas, mangos y frambuesas en el rico contra plátanos y manzanas siempre en el pobre porque el dinero no da para más. Alguien en el barrio rico compra unas galletas belgas Jules Destrooper. En el pobre, las galletas 'gourmet' solo en Navidad.

Huevos de gallinas criadas con música en el supermercado de barrio rico.
Huevos de gallinas criadas con música en el supermercado de barrio rico.

Los expertos avisan de que la brecha socioeconómica en nuestro país se está trasladando a ritmo acelerado a la cesta de la compra. Unos, los que pueden, cada vez comen mejor. Más fresco, más saludable, menos procesado. Los otros simplemente comen lo que les dicta la cartera. Carine está desempleada y es madre de dos hijos. Vive en el barrio de Usera, en Madrid. "Si no quiero quedarme sin dinero a final de mes, tengo que calcular casi al céntimo. Hago dos compras al mes de 60 euros cada una con lo más grueso y luego diariamente compro lo que puedo en las tiendas del barrio: verdura, carne, fruta… Si en vez de 60 euros gasto 90, sé que lo voy a pasar mal ese mes", explica.

"Las clases más desfavorecidas tienen patrones de alimentación muy diferentes en sentido negativo"

Carine hoy compra en un Mercadona porque es donde ciertos productos salen más buenos y a mejor precio según su parecer. "Pero para otras cosas voy a DIA o a Lidl. Voy a un sitio o a otro en función de lo que busque". Hoy toca llenar el carro para la comida de los niños (uno de cuatro años y otro recién nacido) y Carine dice que la leche de fórmula, los pañales, los cereales y los yogures salen mejor aquí. También compra verduras congeladas y crema de calabaza. Total de la factura: 59,10 euros. Cuando los niños requieren más gastos de lo que permite la cuenta corriente, Carine y su marido echan mano de la pasta, el arroz, el pollo y las verduras, que combinados dan para varias comidas nutritivas.

Carrito de la compra en un barrio humilde.
Carrito de la compra en un barrio humilde.

Casi el mismo precio ha pagado Sara por una compra básica en el supermercado Sánchez Romero de Pozuelo de Alarcón (Madrid), uno de los más exclusivos de España. Alimentos 'gourmet' y de importación que es difícil encontrar en otros lugares y productos de la cesta básica a precios desorbitados se mezclan en este local situado en el interior de un centro comercial. Los clientes entran y salen constantemente con bolsas llenas sin fijarse demasiado en lo que cuestan las cosas. Las compran porque les gustan, sin más. Cada cliente compra distinto, pero todos bajo el mismo patrón: no a los precocinados y sí a las verduras ecológicas y a las carnes 'premium'.

Sara acude esta tarde al supermercado junto a su hijo. Hace una compra básica para merendar y cenar y llevarse algún capricho. "He visto una pava rellena de trufa con muy buena pinta y me la llevo. También me llevo galletas y chocolates de importación que me gustan mucho. Y luego algo de charcutería, que aquí sale muy buena", resume. Sara reconoce que nunca mira lo que cuestan los productos, "aunque no compro a lo loco", puntualiza. De la cinco familias consultadas a la salida del Sánchez Romero, todas aseguran no pensar nunca en el precio y siempre en la salud o los gustos personales.

Más caro no siempre es más sano

"Existen diferencias importantes en la cesta de la compra entre los distintos estratos sociales y económicos", confirma el nutricionista Juan Revenga. "Llevar una dieta saludable es más caro, de ahí que las personas con más poder adquisitivo coman mejor. Aunque una persona humilde también puede acceder a esos productos si sabe elegir". Ahí está la parte buena si usted es de los que tiene que rebuscar entre el cobre cada vez que pasa por caja: comer sano no es coto exclusivo de los ricos. “Un parámetro es la calidad nutricional. ¿Un producto más caro, mejor presentado y ya limpio tiene mejor calidad? No, no la tiene. Una manzana fantástica comprada muy cara en un supermercado tiene las mismas propiedades que otra, de segunda categoría, comprada en otro. A nivel nutricional no hay diferencia. Y eso ocurre con casi todos los productos", indica Revenga.

Las frutas de primera y segunda categoría no difieren en nutrientes.
Las frutas de primera y segunda categoría no difieren en nutrientes.

La parte mala es que esos productos pagados a menor precio posiblemente no sepan tan bien. Pollo de jaula contra pollo de corral, mangos y piñas frescas traídas en avión contra frutas congeladas, bacalao salvaje contra bacalao ultracongelado y así un largo etcétera. "Muchas veces un producto ya envasado, cortado y limpio es más caro no por la calidad del producto en sí, sino por el tiempo que ahorra al consumidor en la preparación. No tardas lo mismo en preparar una borraja o una acelga con la mata que una acelga ya limpia y troceada", aclara el nutricionista.

Precocinados, la gran diferencia

Otro cantar son los precocinados, el demonio de la buena alimentación. Una alternativa barata y completa para las familias humildes y una opción que cada vez más familias con recursos ni contemplan. Así lo subraya Revenga: "Si hay estudios en los que se revela que las clases más desfavorecidas tienen patrones de alimentación muy diferentes en sentido negativo, no es porque las calidades de los productos homólogos, como frutas de primera y segunda o pescado fresco y congelado, sean peores, sino porque esas personas recurren cada vez menos a productos frescos y más a procesados, que son terriblemente económicos y dan mayor rendimiento. A esa madre que da de comer a tres hijos y se encuentran en el lineal del supermercado con cuatro palmeras de chocolate por un euro ve a decirle que compre fruta para todos. Es más fácil darles de desayunar cereales de marca blanca que preparar algún fiambre de buena calidad como jamón cocido. Es más fácil un vaso de zumo concentrado que fruta. Los perfiles nutricionales de las personas con menos dinero son peores por este motivo".

Productos de la cesta de la compra en un barrio rico.
Productos de la cesta de la compra en un barrio rico.

En el Sánchez Romero, Iván señala la bandeja de patatas blancas que ha comprado y dice con ironía que son "las patatas más caras del mundo". La bandeja sale 1,80 euros el kilo, más del doble que cualquier otro supermercado o frutería. Carmen, su chica, ha comprado una bandeja de filetes finos de pollo a 9,95 euros el kilo, precio de filete de ternera. No les importa porque valoran la comodidad de comprar a un paso de casa y porque confían en la calidad de esta cadena. Lo mismo que Andrés, que se lleva 250 gramos de salmón a 38 euros el kilo. "Con el pescado y la carne nunca escatimamos. Compramos los mejores cortes siempre", afirma.

"A esa madre que da de comer a tres hijos y se encuentra cuatro palmeras por un euro dile que compre fruta para todos"

Revenga aplica la misma máxima a las carnes y pescados. "Si compras un chuletón de ternera gallega, podrás hacerlo a la parrilla, mientras que si compras tacos de ternera a 4 euros el kilo, solo podrás hacer un estofado. Cambiarán las propiedades organolépticas, pero a nivel nutricional será lo mismo". Sobre los sobreprecios de uno a otro supermercado o frutería, este nutricionista indica que es capricho del consumidor (o comodidad, o desidia) pagar más por lo mismo. Pero hasta un límite: "Comprar ciertos productos, como el ejemplo de unos huevos criados con Kenny G, me parece una extravagancia y un esnobismo. Quizá a esas gallinas estar todo el día oyendo música en vez de relajarlas las estresa".

El pescado es el principal damnificado cuando a una familia no le alcanza para la compra.
El pescado es el principal damnificado cuando a una familia no le alcanza para la compra.

Revenga también es crítico con la moda de los panes envasados que se promocionan como 'naturales', 'multicereales' y 'masa madre', con la leche sin lactosa y todos esos productos pretendidamente artesanos que inundan los lineales de la gran ciudad. "Deberíamos ir más al mercado y menos al súper. Si un producto se obtiene tradicionalmente, si solo lo puedes encontrar en el mercado, siempre será una buena elección. Si lo encuentras en una caja o en una bolsa que grita en letras grandes lo saludable que es, desconfía". Quizá es en este punto donde el barrio rico come peor que el pobre. Las bolsas de la compra en el Sánchez Romero rebosan de pan sin corteza, bollería de capricho y otras chucherías. Las del barrio de Usera van cargadas del pan de toda la vida y yogures para el postre.

Los vegetales troceados y congelados son una opción barata y saludable.
Los vegetales troceados y congelados son una opción barata y saludable.

"Como observador, sí he detectado que los dos grupos alimentarios que forman frutas y hortalizas y pescados son los más perjudicados cuando una familia tiene que privarse de algo por falta de dinero. Por suerte, existe la opción de comprar tanto la verdura como el pescado congelado, que pueden estar igual de buenos que los frescos, mantienen sus propiedades y son mucho más baratos", aconseja el nutricionista.