Quienes tuvieron el privilegio de visitar a sus abuelas en entornos rurales lo saben. Ninguna 'delicatessen' ha alcanzado el sabor de los quesos que ellas preparaban y maduraban artesanalmente, a partir de la leche de sus propias ovejas, o las tortillas de patata que hacían con los huevos y verduras de su granja. Para los cosmopolitas que no tienen esos sabores y olores en la memoria existe, desde hace algunos años, otra forma de acceder a los sabores de la tierra, a golpe de clic.

¡La Colmena Que Dice Sí! es una plataforma digital que nació en 2011 en Francia y sirve para conectar directamente a pequeños agricultores con los consumidores que ansían tomates que saben a tomate de verdad o mermeladas caseras. El funcionamiento es sencillo: una vez a la semana se abre la web con los productos de temporada disponibles para hacer la compra 'online'. Predominan frutas, verduras, lácteos, conservas, bebidas artesanas, carnes y huevos. El cliente selecciona y paga su cesta de la compra… y el día de distribución de su 'colmena' acude al punto de reunión —como un espacio de 'coworking', una escuela o un centro cultural— para recoger sus alimentos, en muchas ocasiones de las propias manos del agricultor, quesero o apicultor que los vende. Esa es la clave: el reencuentro entre el campo y la ciudad, y el cambio que esto aporta a la alimentación y la economía colaborativa.

El consumidor de este modelo busca productos saludables, no necesariamente con sello ecológico

“Cada vez funciona mejor este tipo de modelos y la red de 'colmenas' a nivel nacional se consolida. En toda España, desde que abrieron las primeras de Madrid y Barcelona hace tres años, se han ido sumando 515 productores y 1.100 consumidores habituales”, cuenta Natalia Castro, coordinadora de la Colmena de León. “Lo que buscamos no es solo la venta directa a precios asequibles, que reconozca el trabajo de los pequeños proveedores locales, sino que vuelva a darse ese intercambio, esa conexión directa con el consumidor que se había perdido en las grandes superficies”.

Un mercado efímero... y muy fresco.
Un mercado efímero... y muy fresco.

Esta iniciativa se ha ido extendiendo a otros países de Europa, hasta sumar unos 150.000 consumidores habituales, más de 5.000 productores en 1.500 'colmenas' europeas. Además de comprar alimentos kilómetro cero, también se garantiza que sean productores de prácticas responsables con el medio ambiente, con sus trabajadores y con los animales.

La revolución colaborativa

“Los coordinadores conocemos personalmente a los proveedores y nos aseguramos de que vendan a través de la plataforma 'online' productos frescos, de calidad, al precio que ellos consideren justo y adecuado: cada uno pone su propio precio, y funciona, porque suelen ser precios asequibles y porque el cliente que viene sabe que de esta forma apoya el trabajo del agricultor”, describe la coordinadora.

El perfil del consumidor suele ser el de alguien preocupado por lo que come, que busca ingredientes saludables, no necesariamente con sello ecológico, pero sí con un trasfondo de conciencia ambiental y de economía social ligada al territorio. Una lechuga comprada en mano al agricultor es casi un acto revolucionario por todo lo que implica, incluso la menor huella ambiental, porque la mayoría de las explotaciones se encuentran como máximo a 40 kilómetros de distancia del punto de encuentro.

De hecho, en ciudades de inviernos largos y duros, donde no hay frutales cítricos, gracias a ¡La Colmena Que Dice Sí! se pueden comprar ahora cajas de naranjas de Valencia, enviadas y acreditadas por la 'colmena' de su ciudad. “Lo interesante del modelo no es solo fomentar estos circuitos cortos, que son la base para cambiar el modelo alimentario actual. Lo realmente revolucionario es que mediante la figura de 'proveedor invitado' de otras 'colmenas' podemos hacer que las naranjas de Valencia lleguen a León y que el pequeño productor vea las puertas del campo abiertas”, concluye.